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8 de marzo de 2012

8 DE MARZO: ANIVERSARIO DE LA ELECCIÓN DE UN NUEVO CABILDO PROVINCIAL AUTÓNOMO ARTIGUISTA EN MONTEVIDEO (1815)

José Gervasio Artigas



Después del Combate del Buceo por el cual el almirante Brown derrotara a la flota realista, el mismo establece un bloqueo marítimo. A su vez, los "godos" como se le decía despectivamente a los montevideanos, estaban siendo hostilizados por tierra por fuerzas porteñas. Luego de eso, los unitarios entran a Montevideo, dando por concluido el periodo Virreinal.


Los porteños, con el control de la ciudad, iniciaron movimientos militares para hostilizar a las fuerzas artiguistas que se encontraban en la campaña, luego de varias escaramuzas, las fuerzas artiguistas obtienen una resonante victoria en los campos de Guayabos frente al Ejército comandado por el General Dorrego que por aquel entonces adhería a las ideas del Unitarismo.


La "Dominación Porteña" (así llamaron varios historiadores uruguayos a este proceso) sobre Montevideo, tenia los días contados. Desesperadamente, el militar unitario que controlaba la plaza de Montevideo (Alvear), manda destruir las Bóvedas de la muralla y escapa con sus fuerzas, dejando a merced del Ejército artiguista a la población "goda" de Montevideo.


Sobre esta entrada, que marcaría el cenit del proceso de la Revolución Oriental, nos cuentan varios autores un interesante relato: "(El Ejército Artiguista, compuesto por) Peones, puesteros, arrendatarios, veían quizá por primera vez las bien rasuradas imágenes de aquellos ausentes de la tierra que habían engordado (clara referencia a los peninsulares latifundistas) con sus sudores y su sangre. Allí se enfrentaban los señores del ayer y los amos de todo el hoy. 'Godos' y 'Tupamaros', 'maturrangos' y gauchos, los unos de pie temiéndolo todo, los otros a caballo sobrados de coraje."



Por Ignacio Pérez Borgarelli

5 de noviembre de 2011

CONFERENCIA DE JOVENES REVISIONISTAS: "LUIS ALBERTO DE HERRERA Y SU ACTUACION EN HISPANOAMERICA" (4 DE NOVIEMBRE DE 2011)



Ignacio Pérez Borgarelli, Vocal Titular de Jóvenes Revisionistas, en plena disertación.


El 4 de noviembre de 2011, Jóvenes Revisionistas organizó la conferencia “Luis Alberto de Herrera y su actuación en Hispanoamérica”, dada en el Instituto Nacional de Investigaciones Históricas “Juan Manuel de Rosas” a través del Sr. Ignacio Pérez Borgarelli, integrante (Vocal Titular) de nuestra Comisión Directiva y joven promesa de la República Oriental del Uruguay.

La disertación era largamente esperada, pues iba a brindarse en el mes de agosto del corriente año y luego en octubre. Por fortuna, pudimos escuchar a Pérez Borgarelli ahora, en noviembre, ¡y vaya si valió la pena tal espera! Nunca se ha expuesto la vida y obra del eminente revisionista uruguayo Luis Alberto de Herrera en nuestro país, pese a las amistades que aquí cosechó, sea en la historia o en la política. Esto enorgullece a Jóvenes Revisionistas, como cuando en septiembre también sacamos a la luz la obra política de Gaspar Rodríguez de Francia, otra figura de la que tampoco se había hablado anteriormente.

LA CONFERENCIA

El disertante centró básicamente su plática en tres ejes: Formación y evolución ideológica de Luis Alberto de Herrera; Escenario en el que vivió Herrera; y Actuación de Herrera en su vejez.

El Partido Blanco “tiene 5 grandes figuras: Manuel Oribe, Leandro Gómez, Aparicio Saravia, Luis Alberto de Herrera y Wilson Ferreira Aldunate”, comenzó diciendo Ignacio Pérez Borgarelli, poniendo énfasis en que los tres primeros formaron parte del Partido Blanco “histórico”, mientras que los últimos dos –entre ellos, Herrera- lo fueron del Partido Blanco “moderno”. Considerando que Luis Alberto de Herrera empezó a militar en dicho partido en 1904, empuñando las armas junto a Saravia en Masoller, y que falleció en 1959, diremos, entonces, que cincuenta y cinco años de su vida los dedicó a la militancia en el Partido Blanco. Y siempre con honestidad y humildad.

Los blancos uruguayos han sido los nacionalistas en ese país, pero tanto Herrera como Methol Ferré van a decir que en Uruguay no hubo un nacionalismo acentuado como en Argentina, y ello porque el imperialismo fue en cierta medida “benevolente”. En Argentina, el imperialismo expolió nuestra economía y deformó nuestra cultura: fue violento. En la ex Banda Oriental, en cambio, si bien persistía un estado de semicolonia, “se respetaba la legislación laboral, la incipiente industria uruguaya, etc., etc.”, agregó Pérez Borgarelli. De allí el poco arraigo nacionalista del uruguayo promedio, y de allí también las dificultades de implementar políticas nacionalistas desde el gobierno.

Una instántanea que muestra parte del público que presenció la conferencia.


En lo personal, Luis Alberto de Herrera “no era un gran orador pero tenía llegada a la gente. Le hablaba a su pueblo sin adulaciones y con la verdad”, sostuvo el disertante. Aquél era votado por el sentimiento paternalista que impregnaba en el alma del pueblerino. Esa cualidad le permitió granjearse la amistad de hombres de la izquierda y de la derecha. “Conoció a Ernesto “Che” Guevara –agregó- en un mitin por 1950, en donde le expresó que Herrera y Aparicio Saravia le parecían ‘guerrilleros de alma’. Y Francisco Franco, desde una posición de derecha, también hablará bien de él”.

Un escritor sueco que estuvo en Uruguay cuando la época del battlismo, se quedó admirado de Herrera porque “podía mezclar lo literato con lo gauchesco”. Otro forastero de Suecia, más profundo, expuso que el uruguayo no se enriqueció con la militancia y que era complejo políticamente hablando. Quizás, esto último se refería a la formación educativa que tuvo Herrera en su infancia y adolescencia, libresca e impregnada de anglofilia. De hecho, su madre era inglesa.

ETAPAS E IDEAS

De 1904 a 1928, Luis Alberto de Herrera “tiene una etapa ligada al cipayismo”, esbozó Pérez Borgarelli, dado que “era partidario de la Doctrina Monroe, a la cual invocó en 1914 cuando fue invadido México”. El año 1928 va a ser clave en la vida de Herrera. Ese año publica su obra “Sin Nombre”, volviéndose antiimperialista y denostador de los Estados Unidos por sus frecuentes intervenciones contra las soberanías de los países hispanoamericanos. Para la misma época, simpatiza con el Sandinismo –Herrera expresará que Sandino era un “héroe y continuador de los libertadores de América”-.

Sin dudas, Herrera fue un hombre contradictorio. Por ejemplo, tenía diversas opiniones respecto del divorcio, unas a favor y otras adversas. En los acontecimientos de la Segunda Guerra Mundial también fue dual. Por un lado, “mostraba admiración por Benito Mussolini, pero ante la invasión de los nazis a Francia (1940) se va a poner a favor de los franceses”, manifestó Ignacio Pérez Borgarelli. Y así en varios temas más.

Sobre los dos partidos más importantes del Uruguay, el orador sostenía que “para Herrera lo telúrico, lo tradicional o apegado al suelo correspondía al Partido Blanco, mientras que el partido de la Defensa, el que sólo se quedaba con Montevideo y que miraba a Europa era el Partido Colorado”. En esa misma tesitura, Herrera tenía una frase que sintetizaba lo antedicho: “Miro hacia la tierra y veo la filosofía que no está escrita”.

Asimismo, empleaba el concepto de “raza” no en términos racistas o biológicos sino como “el de unión humana, sentimental, hacia el caudillo, que trasciende las ideologías”. Entre sus admirados, solía evocar Luis Alberto de Herrera a caudillos tales como Juan Manuel de Rosas, el doctor Francia, etc., etc.

Herrera ponía especial atención en la formación política de los caudillos rioplatenses. Decía que eran los europeos, y no los hispanoamericanos, quienes imprimían libros sobre doctrinas políticas, y que nutrirse de ellos implicaba, sí o sí, copiar ideas provenientes del Viejo Mundo. Por el contrario, los caudillos nuestros elaboraban fórmulas propias, para nada librescas, que luego ponían en práctica en sus regiones o países. Rescataba la originalidad y el criollismo de los caudillos, y en tal sentido la poca o nula predisposición que mostraban de apropiarse de las ideas vanguardistas europeizantes. “Rosas fue antimoderno”, decía Luis Alberto de Herrera. Aborrecía de la democracia, “a la que consideraba dogmática, y los dogmas emanaban de los libros de origen e ideas europeas”, decía Pérez Borgarelli.


Muy bueno fue el tratamiento dado por Pérez Borgarelli sobre la figura de Luis Alberto de Herrera.


Herrera fue adquiriendo una real dimensión e importancia del americanismo. Actuó casi por inercia, por instinto, al atropello que los norteamericanos cometieron en la Nicaragua de Sandino (1928), a quien salió rápidamente a apoyar. El ataque al terruño permite la aparición espontánea de la reacción, casi siempre proveniente del pueblo sin erudiciones ni academicismos fantásticos, el cual comprende el daño terrible que eso significa para la dignidad de los pueblos y las naciones. Pérez Borgarelli esbozó que “al gaucho le jodía cuando le atacaban su terruño, y no era necesario hacer teorizaciones al respecto para entender que eso era alevoso y que había que salir a defenderlo”. En tal sentido, el americanismo para Herrera es un sentimiento que nace del instinto del hombre de pueblo.

FUSIONISMO

El “fusionismo” fue una política surgida luego de la Guerra Grande (1839-1851), donde el Partido Blanco quería unirse al Partido Colorado con la idea de dejar a un lado las guerras intestinas, que tantas muertes y postergaciones había provocado al país. No por nada, a Uruguay lo llamaron “el país púrpura o purpúreo”, que es el color que toma la sangre vertida y expuesta a las condiciones del clima ambiental. A esta nueva corriente de concordia adhirió Luis Alberto de Herrera.

Hubo quienes vieron en el “fusionismo” una política rayana al cipayismo que, a grandes rasgos, implicaba un abandono de los cintillos, de los lemas y los estandartes. Esta definición es apresurada, si se comprende que fue “Manuel Oribe el que impulso el ‘fusionismo’ en Uruguay tres años antes de su muerte”, advierte Pérez Borgarelli. El objetivo principal del “fusionismo” consistió en “aunar las facciones en pugna, hacer un Gran Partido Nacional”, siguió diciendo. Esto era una copia de lo que en Estados Unidos fue el republicanismo, concepción que ya estaba en la mente de Oribe. Además, el “fusionismo” era “una política que salvaguardaba los derechos de los ciudadanos”, de acuerdo a lo que expresaba un autor citado por el disertante.

Resulta interesante saber que el título “Defensor de las Leyes” que le fue otorgado a Manuel Oribe antes de 1851, guarda relación con la naturaleza que se le quiso impregnar al “fusionismo”. Aquí, la libertad se encontraba garantizada en las leyes, por lo tanto éstas no la debían ni podían avasallar a aquélla, como sí lo hacían los liberales –cuyas ideas emanaban de la Revolución Francesa-.

Luis Alberto de Herrera veía bastardeado el término “democracia”, por eso prefería el de “republicanismo”. Por otro lado, Herrera se declaraba nacionalista y antiimperialista, en ese orden. Abogaba por la concordia con los uruguayos colorados (sean battlistas o riveristas) para que no haya un solo oriental más que muera a manos de otro coterráneo. Tan grande fue su llamado a la “fusión”, que al ser derrotado en las elecciones de 1926 a través de un fraude electoral, Herrera manifestó que “es preferible que se lleven todo menos la paz de la República Oriental del Uruguay”. O sea, en lugar de evitar desbordes y protestas violentas por el fraude que le hicieron, lo más trascendente para él es instar a la paz social entre los uruguayos y dejar todo como está. “Luis Alberto de Herrera en esta etapa era conciliatorio, fusionista”, remata Pérez Borgarelli.

REALIDAD CIRCUNDANTE

Ya en 1907 “Herrera había presentado un proyecto para que haya 8 horas laborales, pero el mismo fue tapado por los colorados”, describe el orador. Este dato es relevante, dado que un proyecto similar se aprobará recién en 1913 en Uruguay, y dos años más tarde hará lo propio Inglaterra.

Herrera estuvo solo en su lucha política, si bien el pueblo lo quería. En la Segunda Guerra Mundial se manifestó neutralista, partidario de que su país se mantuviera neutral en el conflicto. “No tenemos que pedir permiso en nuestros pensamientos y posturas”, solía vocear.

La soledad de la prédica y la lucha de Herrera tenía un por qué: durante 93 años, es decir, entre 1865 y 1958, dominó la escena política uruguaya el Partido Colorado, y contra todo ese sistema consolidado se tuvo que enfrentar. Tarea para nada fácil, por cierto. Sin embargo, el pueblo no era adepto a las directivas emanadas de los colorados. ¿Por qué? “El Partido Colorado –dice Pérez Borgarelli- aplicaba retenciones al campo y las distribuía en las metrópolis (políticas “urbistas”) con la excusa de permitir la industrialización del país que se aglutinaba en 4 o 5 industrias, nada más. Entonces, teníamos ruralistas empobrecidos y ciudades enriquecidas, lo que enardecía a los primeros”.

Otra característica que envilecía al campo uruguayo y las clases más populares fue la práctica del ‘dumping’. Mientras que un par de zapatos en Uruguay se vendía a $ 8.-, la producción en masa de Estados Unidos colocaba ese mismo par de zapatos en el mercado uruguayo a $ 5.-. Si a esto se le suman las políticas de retenciones o detracciones, los sectores sociales más pobres, como el campo, llevaban todas las de perder.

En esta coyuntura político-social, Luis Alberto de Herrera fue “ruralista”, y “hubo quienes dicen que pensaba en un nacionalismo agrario”, dice Pérez Borgarelli, y agrega: “Herrera comprendía la situación de los más necesitados; recorría rancho por rancho y visitaba a los campesinos más desilusionados. Los visitaba por medio de un “tren-relámpago””. En sus recorridos, también aceptaba adentrarse en jineteadas y festividades camperas.

En sus últimos años, Herrera mantuvo una insobornable solidaridad con distintos presidentes de Hispanoamérica. Le brindó ayuda a Jacobo Arbenz, presidente de Guatemala que fuera depuesto del gobierno en 1954, y acompañó a Juan Domingo Perón al asistir, hacia 1952, a los funerales llevados a cabo en honor de Eva Duarte de Perón en Buenos Aires.


Al final de la charla, algunos de los presentes le hicieron interesantes preguntas al orador. Todos salieron satisfechos.



Tras un último intento por ver restablecido al Partido Blanco en el poder –cuya última experiencia había sido en la antesala de la Guerra de la Triple Alianza-, Luis Alberto de Herrera teje una alianza con Benito Nardone (alias “Chicotazo”) el cual va a traicionar todas las promesas de prosperidad que tenía pensado poner en práctica una vez hecho con el Consejo Nacional de Gobierno.

Herrera muere el 8 de octubre de 1959 traicionado por “Chicotazo”, en pleno gobierno ‘blanco’ que, pese a todo, no hizo la reforma agraria y dejó morir al campo. Otros síntomas fueron la pauperización de la clase media, la juventud sin fe y los partidos tradicionales e históricos arrastrados al más aberrante desprestigio. La realidad actual del Uruguay valida buena parte de ese legado macabro que fuera obra del incumplimiento de la palabra empeñada.

Por Jóvenes Revisionistas

29 de octubre de 2011

ACTIVIDADES DE JOVENES REVISIONISTAS (MES DE NOVIEMBRE)




MARTES 1° DE NOVIEMBRE, a las 18 horas, en la C.G.T. (Azopardo 802, Buenos Aires): Disertación del Dr. Alberto González Arzac, "Juan Manuel de Rosas: Héroe Nacional o Tirano Sangriento". Se proyectará, además, un documental sobre el Restaurador de las Leyes, en homenaje al Día de la Soberanía.


VIERNES 4 DE NOVIEMBRE, a las 18:30 horas, disertación del Sr. Ignacio Pérez Borgarelli, "Luis Alberto de Herrera y su actuación en Hispanoamérica". En el Salón Oval del Instituto Nacional de Invstigaciones Históricas "Juan Manuel de Rosas", calle Montevideo 641, Buenos Aires.



Comisión Directiva
JOVENES REVISIONISTAS

2 de septiembre de 2011

ORIBE, DESCRIPCION DE SU PERSONALIDAD

Brigadier General Manuel Oribe.

Oribe, que descendia nada más y nada menos que del gran Cid Campeador, tenia un trato era muy afable, sus modales de una cultura exquisita parecía como decía el ilustre Carlos Villademoros, que el General estuviera siempre agitándose en un medio aristocrático, a pesar de ser un apasionadísimo republicano.

Sus ratos de ocio los pasaba en su quinta del Miguelete, arrullado en una hamaca incrustada en un marco de verdor perfumado que matizaba los jazmines del país y las deliciosas madreselvas.

El General Lavalleja, que iba a menudo a su quinta cuando no lo encontraba en sus habitaciones, se dirigía a la “selva poética”, pues ese nombre le había puesto su morador, y allí lo veía rodeado de diario y libros, estos últimos los recibía muy a menudo de su primo hermano que ocupaba altos puestos en España.

Su inteligencia era amplia y despejada, y rápida en la concepción; sus juicios breves y sentenciosos, observador por naturaleza y muy dado a la meditación. Cuantas veces se le veía de noche pasearse por su quinta, con la cabeza baja, ensimismado, como resolviendo algo grave para su existencia. La gente de los alrededores en seguida sabían que era el, pues era conocida su vestimenta. En verano su traje consistía en una especie de uniforme blanco como toda su persona, y en invierno un amplio robe de chambre de paño azul con alamares de cordón de oro. Era muy lujoso en vestir. El prestigioso ciudadano don Juan María Pérez, decía: “el general Oribe debe tener Dios aparte, pues sus oficiales contaban que en los campos de batalla brillaba tanto su uniforme como el sol.” Y esto lo prueba aquel estribillo popular de la época que decía:

Con lo que Oribe gastó
En uniformes para pelear,
Se podría comprar tabaco
Para el ejército fumar.

Como decía el ilustrado y caballeresco Coronel Lasala, cuando vestía uniforme. El General don José María Reyes decía “cuando Oribe monta a caballo, con su gran uniforme de gala, venían ímpetus de gritar ¡Viva el Emperador!”.

Su temperamento, en general, se caracterizaba por una placidez halagadora en la paz. Le agradaba la vida de sociedad y el trato con el bello sexo.

Era un católico consciente y un fiel cumplidor del deber, pues en esto, decía el, consistía la religión. Los templos de la Unión, Paso Molino, Reducto, Pando, Nueva Palmira, Miguelete, fueron mandados construir por él.

El desayuno, que era la tradicional taza de chocolate lo tomaba en familia, aprovechando esa hora para emplearla en la educación practica de sus hijos, hablándoles de todo aquello que enseña la experiencia y que podía estar al alcance de la comprensión de ellos.

Sus conocimientos militares eran vastos, pues fue después de San Martín el segundo general americano que uso infantería como arma predilecta para el combate. Su arma favorita era la artillería, y esto lo prueba no solo, en las compañías que tenia de esa arma en el Cerrito, sino que hasta en los batallones de infantería había piezas de artillería. Su ejército lo tenía siempre ordenado por batallones y regimientos, con las numeraciones tácticas correspondientes, y su organización era estrictamente militar, realizándose en el hasta ejercicios de maniobras. Los días de fechas patrias (como el 25 de Mayo) eran festejados en el ejército en la forma que permitía su situación. En Barcelona, se lució mandando unas maniobras militares y fue el que introdujo la táctica del General Concha. Las obras militares de su biblioteca,. Andan algunas todavía peregrinando por las librerías que se ocupan de obras antiguas.

En la guerra se puede decir, que desdoblaba su personalidad. La imaginación que serenamente desempeñaba su papel natural en la paz, era grande en los campos de batalla. Era fiel cumplidor de las leyes y servidor de las autoridades legalmente constituidas, como lo prueba su persecución a Rivera en 1828, por orden del gobierno de la época. Estallada la revolución lavallejista de 1832, don Santiago Vázquez, como medio de inutilizar aquel movimiento, se puso al habla de don Manuel Oribe, obteniendo la respuesta de que “su espada estaba al servicio de las instituciones”.

(…)

El General don Juan Barrios, su íntimo amigo, recibió de sus labios esta confesión pocos días antes de fallecer. “Muero con el sentimiento de que no queda nadie que me remplace”. Y sus últimas palabras al partido fueron: “que todos mis amigos respeten al gobierno y que no desmientan la autoridad constituida”.


Por Ignacio Pérez Borgarelli

28 de noviembre de 2010

ANDRESITO GUACURARI, UNA RESEÑA A 232 AÑOS DE SU NACIMIENTO


EN VISPERAS DE CUMPLIRSE UN NUEVO ANIVERSARIO DEL NACIMIENTO DEL MAS GLORIOSO DE TODOS LOS GENERALES ARTIGUISTAS, ANDRÉS GUACURARI O COMO LO CONOCIA SU PUEBLO HUMILDE, “ANDRESITO”, RECORDAMOS HOY, SU NACIMIENTO, PERO TAMBIÉN SU OBRA EN POS DE LA DEFENSA DE LA NACIONALIDAD RIOPLATENCE FRENTE AL IGNOMINIOSO IMPERIALISMO LUSO-BRASILEÑO.


Por eso, quisiera recordar con ustedes, algunos extractos de texto sobre la batalla de Apóstoles, que termino por libertar a todo el pueblo guaraní del yugo portugués, pero sin antes, dar una pequeña reseña de la historia de la Liga de los Pueblos Libres.

En 1810 se producen los hechos de la Revolución de Mayo, Montevideo se mantiene fiel a la Metrópolis Española, pero en el campo de la Banda Oriental, se suscitan diversos hechos que desembocan en una revolución agraria fiel a la Primera Junta de Mayo, se da comienzo a una nueva etapa de la Historia Rioplatense, la “Revolución Oriental”, las tropas comandadas por el joven General, José Artigas, luego de unificar sus fuerzas y luego de producirse algunas batallas –Batalla de San José, Colla, Batalla de las Piedras, etc. -, inicia el Sitio a Montevideo, la ciudad se mantiene como uno de los últimos reductos del Realismo Español en el Río de la Plata. En Montevideo gobernaba el Gobernador Elío, pide desesperado ayuda al Imperio del Portugal, penetrando así hacia el territorio oriental, un fuerte contingente armado, las tropas portuguesas.Ante los reveses del general Belgrano, en su teatro de Operaciones del Paraguay, la Asamblea de Mayo opta pactar un armisticio con las tropas realistas en Montevideo, los sitiadores orientales, con el peligro encima de la Invasión Portuguesa, olvidados y traicionados por los Revolucionarios de Mayo, que deciden pactar con el enemigo, deciden estudiar la situación en distintas asambleas – La Asamblea de la Panadería del Vidal, la de La Chacra de la Paraguaya y la de San José-, deciden los Orientales ser conducidos por Artigas, se inicia así una nueva etapa de la Revolución: El Éxodo Oriental.

Artigas, escribiría al producirse el éxodo, en la asamblea de San José: “el gobierno de Buenos Aires ratificó el tratado en todas sus partes: (…) por él (…) se priva de un asilo a las almas libres en toda la Banda Oriental y por el (…) SE ENTREGAN PUEBLOS ENTEROS A LA DOMINACIÓN DE AQUÉL mismo señor Elío, bajo cuyo yugo gimieron”.

Cuando la marcha del Éxodo llega al territorio Entrerriano, y Artigas decide levantar un campamento, se JUNTAN DOS HISTORIAS. A Andresito, se le vino una reminiscencia, se trataba de los antiguos cuentos de sus padres y sus abuelos, historias de pueblos sometidos durante siglos al yugo portugués, de los “bandeirantes” o “mamelucos”, que atacaban dirigidos principalmente por lideres judíos y cripto-judíos, historias de esclavitud, servidumbre, miseria y fracaso.
La historia avanza entre fraudes y defraudados, llega el año 1815, la Liga Federal se concreta, en menos de 4 meses, caen bajo el dominio de Artigas, las Provincias de Córdoba, Santa Fe, Corrientes, Misiones, Entre Ríos, y Misiones Orientales. El Federalismo expresado 2 años atrás, en las Instrucciones del Año XIII, se extiende como reguero de pólvora sobre todas las provincias, que ven en la nueva doctrina artiguista, un intento de redención frente a las decenas de años de centralismo y dominación porteña.

Los Dirigentes Porteños, incapaces de contrarrestar el avance victorioso de la Bandera Tricolor de Artigas, pactan con los Luso-Brasileños, el comienzo de una nueva invasión, el año próximo 1816, se iniciaba la ofensiva luso-brasileña, el general luso Lecor ataca por el Sur de la Banda Oriental, mientras que el General Chagas, ataca por el Norte, devastando así gran parte de los pueblos misioneros, la Provincia de Misiones, acaudillada por Andresito logra expulsar con éxito, luego de algunos reveces – como la Batalla de San Borja – al Enemigo Portugués. A pesar de esto, las Misiones Orientales fueron completamente arrasadas, hasta los mismos Unitarios, como Bartolomé Mitre, explican: “La historia no presenta un ejemplo de invasión mas bárbara que esta. Desde entonces las Misiones Occidentales son un desierto poblado de ruinas”. Hasta el pueblo natal de San Martín, libertador de la mitad del continente, seria arrasado por las hordas brasileñas.

SE INICIA LA BATALLA DE APOSTOLES

Informado Francisco das Chagas de esta situación inicia a mediados de 1817 su segunda invasión a Misiones, con una fuerza similar a la empleada a principios de año, creyendo poder repetir su anterior actuación de “llegar, ver y vencer”, lo que esta vez no sucederá, ya que los guaraníes misioneros, habiendo jurado vengar la destrucción de sus pueblos, hogares y expatriación de sus familias, le ofrecerán heroica resistencia y solamente lo dejarán “llegar, ver y volver”.

Chagas llegará al pueblo de Apóstoles el 2 de julio. Los misioneros, con gran valentía, salieron a su encuentro enarbolando bandera roja, SIMBOLIZANDO QUE LA CONTIENDA SERIA TOTAL. La lucha que se entabló en las afueras del pueblo fue cruenta y encarnizada a pesar superioridad de las fuerzas luso-brasileñas los misioneros con heroicidad resisten los despiadados ataques luso-brasileños, atrincherados los misioneros en el pueblo, cuando la batalla parecía interminable EN EL HORIZONTE SE DIVISAN LAS TROPAS SALVADORAS DEL GENERAL ANDRESITO que venían a apoyar a las tropas misioneras que resistían en Apóstoles, El combate, en medio de la lluvia y el barro, se volvió terrible. LAS CARGAS DE FUSILES ESTALLARON Y LOS CHOQUES DE ACERO DE LAS LANZAS LOS FACONES Y LOS SABLES, SE MEZCLARON CON LOS SAPUCAYS (típico grito de coraje o de alegría originado en la cultura guaraní) de coraje y gritos de dolor. Los luso-brasileños comenzaron a perder terreno, hasta que el mismo brigadier das Chagas fue herido en el hombro derecho. Entonces comenzó la retirada de los invasores, y la implacable persecución de los gauchos y guaraníes misioneros se convirtió en un azote para los portugueses y brasileños hasta que lograron repasar el río Uruguay. Gracias a ese inesperado apoyo en cuestión de poco tiempo los misioneros se consagraron con la victoria total en la Batalla de Apóstoles, replegándose por completo las tropas luso-brasileñas fuera del territorio misionero y pudiendo así reconquistar completamente las tropas misioneras los pueblos ocupados.

El fin de la batalla significó la pura expresión de la lucha desatada por el pueblo misionero en contra de la dominación extranjera y la defensa de los principios de libertad y autonomía.

Por Ignacio Pérez Borgarelli