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30 de diciembre de 2010

JOVENES REVISIONISTAS HOMENAJEO A CIRIACO CUITIÑO A 157 AÑOS DE SU MUERTE, EN EL CEMENTERIO DE LA RECOLETA


Panorámica del acto que Jóvenes Revisionistas hizo en memoria de Cnl D. Ciriaco Cuitiño.


Un nuevo paso hacia el definitivo esclarecimiento de la historia patria han dado el día de ayer, 29 de Diciembre, los integrantes de la Comisión Directiva de Jóvenes Revisionistas (JR) cuando, en horas de la mañana, rindieron tributo a la memoria del Federal Neto coronel Ciriaco Cuitiño, al cumplirse el 157 aniversario de su muerte por fusilamiento.

Este homenaje póstumo, el primero que se le brinda a dicha personalidad en la historia, tuvo lugar en la bóveda del general Arturo Ossorio Arana, uno de los principales responsables del ilegal golpe de Estado contra Juan Perón en septiembre de 1955. El lugar no era erróneo: el revisionismo histórico, merced a su incesante búsqueda de la verdad, determinó hace pocos años atrás, que la fosa común donde fueron arrojados los restos de Cuitiño, después de aplicársele la pena capital en 1853, quedaba donde hoy yace el mausoleo de Ossorio Arana. Luego de saberse este dato, faltaba alguna conmemoración…que llegó por una iniciativa de Jóvenes Revisionistas.

Cerca de las 11:30 horas, comenzaron a acercarse pequeños grupos de personas que habían prometido ser parte de este hito histórico. Al momento de dar por iniciado el acto, ya se había ubicado un retrato de grandes dimensiones de Ciriaco Cuitiño que reposaba sobre una silla, en uno de cuyos costados pendía un cintillo federal punzó. El compañero y miembro de JR, Diego Mazzella, obró como presentador de la ceremonia, dando la bienvenida al público reunido y anunciando las instituciones y personalidades que se hallaban en el sitio.

Hubo integrantes del Instituto Nacional de Investigaciones Históricas “Juan Manuel de Rosas”, de Patricios de Vuelta de Obligado (PVO), y 2 descendientes directas del coronel Ciriaco Cuitiño: la señora Ana Rosa Astobiza (concejal del Partido de General San Martín, provincia de Buenos Aires) y su señora madre, doña María Elena Rivarola, cuya bisabuela había sido hermana de Cuitiño. Así bien lo acreditaban sendos documentos que la señora María Elena nos entregó una vez finalizada la ceremonia.


Momento en que la señora María Elena Rivarola (bisnieta sobrina de Ciriaco Cuitiño) y Oscar Planell Zanone (Patricios de Vuelta de Obligado) depositaron una corona de laureles junto al retrato del mazorquero federal.


Acto seguido, Mazzella introdujo al público presente a cantar las estrofas del Himno Nacional Argentino, para luego invitar a María Elena Rivarola y Oscar Planell Zanone (de PVO) a que depositen una ofrenda floral de laureles junto al retrato de Cuitiño. Momentos de emoción se vivieron cuando la señora Rivarola permaneció unos segundos contemplando el rostro adusto de su insigne antepasado.

LA HORA DE LOS DISCURSOS

Como es costumbre, había llegado el momento de las palabras. El primero en hablar fue Gabriel O. Turone, presidente de Jóvenes Revisionistas; éste fue el discurso que pronunció ante los hombres y mujeres que lucían sus propias divisas rojo punzó:


“Camaradas, compañeros, señoras, señores:

En un acto que consideramos tardío pero justo, reivindicamos hoy, 29 de Diciembre de 2010, el 157° Aniversario del paso a la inmortalidad del CORONEL D. CIRIACO CUITIÑO, uno de los más entusiastas defensores, sino el mayor de ellos, de la Santa Federación de Juan Manuel de Rosas.

Es posible que desde el ingreso de su cadáver en este Cementerio de la Recoleta de forma clandestina, en diciembre de 1853, jamás se le haya tributado un homenaje a su memoria. Es posible que durante largas décadas se haya extraviado la verdadera morada de quien supo ser, durante la Federación, un funcionario limpio, honesto y convencido de los ideales que seguía. También es posible, por todo lo aquí expresado, que se haya calumniado, sin justificación documental o de archivos a la vista, su rol al frente de la Más Horca, la fuerza de choque de la Sociedad Popular Restauradora.

Como muchos Federales Netos que siguieron y sostuvieron ese gobierno ejemplar y patriota del Restaurador de las Leyes, Ciriaco Cuitiño actuó, cuando las circunstancias así lo impusieron, con el rigor y la justicia que se requerían para evitar la disgregación territorial de nuestra nación por hombres que perseguían intereses inconfesables.

Con ese fin, participó el coronel Cuitiño en numerosas campañas desde 1833 a 1852, a saber: Revolución de los Restauradores de Octubre de 1833; Campaña en Buenos Aires de 1840 y 1842 contra los salvajes unitarios; y Batalla de Caseros de 1852.

Un mito sensacional, que por desgracia ha recaído sobre la figura de Don Ciriaco Cuitiño, fue el que le cupo como máximo referente de la Más Horca, como también por los mentados “crímenes” que la misma habría cometido en los años 1840 y 1842, por los que la historiografía liberal triunfante lo condenó sin misericordia. Para limpiar la memoria de este funcionario que no tuvo riquezas, deberemos ver aquí esos supuestos “crímenes” de modo cuantitativo, para así verificar que Cuitiño no fue un asesino ni un verdugo desalmado como nos lo han querido mostrar desde su fusilamiento.



Retrato del Federal Neto Apostólico Cuitiño, cintillo federal y una cajita con hilo de coser y aguja (lo último que pidió el coronel mazorquero antes del final. Ver discurso).


La Más Horca, entidad fundada entre 1833 y 1834, tuvo como punto álgido de su accionar los años 1840 y 1842, documentándose que en el primero de éstos mandó matar a 20 salvajes unitarios que conspiraban, y que igual cifra aparece en los archivos oficiales en 1842. Con el tiempo, la Más Horca fue menguando su actividad terminando por disolverse el 1° de junio de 1846 por orden de Don Juan Manuel de Rosas. Inferimos, por lo tanto, que la entidad que mandaba el coronel Cuitiño llegó a ajusticiar a no más de 50 o 55 sujetos. Y téngase esta cifra presente si es que la comparamos con el fusilamiento sin juicio previo, en una sola tarde, de 200 soldados del Regimiento del coronel Aquino por parte del general Urquiza luego de concluida la batalla de Caseros, cuyos cadáveres fueron expuestos en la copa de los árboles de la usurpada quinta de San Benito de Palermo. Esta sola medición nos da una idea de la vileza y exageración con que se ha tratado la vida pública de Ciriaco Cuitiño.

Pero hay también otros datos riquísimos que se han perdido de vista por la escritura parcializada de nuestra historia, en general, y de la biografía de Cuitiño, en particular. Se desconoce prácticamente que el CORONEL CIRIACO CUITIÑO fue el primer habitante del barrio de Boedo, en esta Capital Federal, o que fue alcalde en el primitivo poblado de Quilmes en la segunda década del siglo XIX, cuando era apenas un muchacho atento al cumplimiento de las leyes. Todo eso sin argumentar que también fue el primer comandante del Cuerpo de Vigilantes de a Caballo de la Policía Federal en su historia.

Ciriaco Cuitiño juró ser fiel al sistema federal que terminó abrupta e ilegalmente en los campos de Caseros el 3 de febrero de 1852, y a partir de entonces aceptó con resignación cristiana la venal reacción de los unitarios que diseñaron y dirigieron la política y la economía argentina hasta nuestros días.

Sin embargo, tras sublevarse con el general Hilario Lagos en los primeros meses de 1853, y luego de fracasado este intento para reinstaurar un régimen federal a mediados del mismo año, Ciriaco Cuitiño fue apresado por las autoridades del gobierno de la Provincia de Buenos Aires que ya entonces estaba bajo el mando de Pastor Obligado, antiguo consejero y secretario de Cuitiño.

En esos momentos, se perseguía y enjuiciaba a los antiguos funcionarios de Juan Manuel de Rosas, poniéndose énfasis en los dirigentes federales que habían sido parte de la Sociedad Popular Restauradora y de la Más Horca, entablándose una serie de juicios sumarísimos que terminó por condenar a sus principales figuras a la sentencia de muerte. Así vemos el final del CORONEL CUITIÑO, al tiempo que el expediente de su causa desapareció envuelto en misterios.

En las primeras horas del 29 de diciembre de 1853, tanto él como su segundo, Leandro Antonio Alen, fueron sacados de los calabozos con rumbo al paredón de la Iglesia de la Concepción, donde un nutrido pelotón esperaba para cumplir la pena capital. Fue entonces que Cuitiño salió con paso firme, y al enfrentar los calabozos del ex edecán de Rosas Antonino Reyes y de otros compañeros, les llamó por sus nombres y se despidió en alta voz. Hasta tuvo tiempo para señalar que había servido a una autoridad legal, y obedecido a un gobernador legítimo, y que lo que había hecho fue ordenado por Juan Manuel de Rosas, de manera que era inocente y moría como buen federal. El último deseo en vida del CORONEL CUITIÑO fue que le alcanzaran una aguja e hilo para coser su pantalón a la camisa, pues dijo que “Como después de fusilados nos van a colgar, no quiero que a un federal ni de muerto se le caigan los pantalones".



Alen, mientras tanto, no pudo salir por si solo del calabozo, por lo que fue llevado en brazos por soldados. Cuitiño al verlo le expresó que no tuviera miedo, que se parase y alzara la cabeza, que una sola vez se moría. CIRIACO CUITIÑO no abandonó jamás su entereza de ánimo y no permitió que le vendaran los ojos, abriendo con sus manos la pechera de la camisa y señalando a sus matadores que le tiraran.



Los cuerpos inermes de Cuitiño y Alen fueron colgados durante varias horas en la Plaza de la Independencia, lindante al lugar donde se produjo el fusilamiento. Imaginamos con horror el triste espectáculo a que fue expuesto tan buen servidor de la patria derrotada.



Sin embargo, Jóvenes Revisionistas, un grupo de muchachos con inquietudes históricas y apetito de héroes nacionales, ESTA AQUI, revalorizando y echando un manto de luz sobre la vida del insigne coronel D. CIRIACO CUITIÑO, redescubriendo episodios olvidados que lo tuvieron como protagonista dentro de un período histórico donde lo que primero se deseaba era ni más ni menos que la obtención y defensa de la soberanía nacional.







Gabriel O. Turone dirigiéndose al público que estuvo en el cementerio de La Recoleta, por los 157 años de la muerte de Ciriaco Cuitiño.


Ante un nuevo aniversario de su paso a la inmortalidad, es nuestro deseo que el Federal Neto Apostólico Ciriaco Cuitiño DESCANSE EN PAZ, y que su entrega en aras del bienestar de la Patria sea reconocido, por fin, por el conjunto del pueblo argentino para que sirva como ejemplo a la hora de empezar a restaurar valores que hoy parecen confundidos o borrosos, y que se resumen en el amor a Dios y la Patria.



La memoria popular nunca dejará de recordar a los insignes compatriotas como el que aquí homenajeamos, así se escriban torrentosas calumnias pobremente argumentadas y sostenidas por el diabólico germen de la antipatria y el cipayismo.


Y para terminar, gritemos los vivas con que seguramente habrá querido el CORONEL CUITIÑO que mejor lo recordemos:


¡VIVA LA SANTA FEDERACION!


¡VIVA JUAN MANUEL DE ROSAS!


¡VIVA EL CORONEL CIRIACO CUITIÑO!


Muchas gracias."

A continuación, un antiguo colaborador de Jóvenes Revisionistas, el Dr. Sandro Olaza Pallero, quien además es bibliotecario del Instituto Nacional de Investigaciones Históricas “Juan Manuel de Rosas”, dirigió unas palabras que centraron su atención en aspectos jurídicos irregulares que cayeron sobre los federales mazorqueros entre 1853 y 1855, bienio en el que fueron condenados a muerte todos ellos a excepción de algunos que, desconociendo su pasado rosista, se vendieron a los usurpadores de turno tras la batalla de Caseros.

Olaza Pallero resaltó, en ese sentido, que esto último no ocurrió con Cuitiño y Alén, quienes murieron sin arrepentirse de su caracterización como Federales Netos, dejando tras de sí familias pobres que no recurrieron al Estado para pensiones o resarcimientos. El doctor Olaza Pallero expresó que “la esposa de Alén, madre del futuro creador de la UCR, Leandro Nicéforo Alem, crió a su hijo vendiendo pastelitos y cosiendo prendas de vestir”, lo cual nos habla de la honradez del hombre de confianza de Ciriaco Cuitiño. Sobre éste, remarcó que “al igual que con Rosas, a la familia de Cuitiño también le expropiaron todos sus bienes, quedando su esposa e hijos en la más absoluta miseria”.

Dijo, asimismo, que hay que revalorizar a “personalidades como Cuitiño y Alén, quienes fueron testimonios vivos de nuestras tradiciones más profundas”, y hasta tuvo tiempo para referirse a Leandro Nicéforo Alem, quien “quedó tan perturbado cuando presenció el fusilamiento de su padre que, años más tarde, intentó una vuelta a aquella patria gaucha y federal porque observó que el país había perdido su rumbo. Creó la Unión Cívica Radical, que fue la última reacción del siglo XIX para volver a un sistema federal en la política, fue la última montonera que se levantó”. Si bien “no triunfó ese proyecto, sí sentó las bases para otro proyecto afín que apareció en 1945”, señaló sobre el final Olaza Pallero.


Sandro Olaza Pallero pusó énfasis en las irregularidades de los procesos judiciales que les siguieron a los dirigentes de la Mazorca entre 1853 y 1855.



Finalmente, el historiador Osvaldo Pueyrredón Ituarte cerró la jornada evocativa de Cuitiño recitando un poema de su autoría que versaba sobre la Mazorca, cuya jefatura recayó en el coronel Ciriaco Cuitiño y cuya mentora había sido la señora Doña Encarnación Ezcurra y Arguibel, esposa del Restaurador de las Leyes.

Así se cerró este acto emotivo. La trastienda sirvió para escuchar algunos viejos relatos familiares de los Cuitiño que nos dispensó la señora María Elena Rivarola. Dijo estar muy emocionada por el homenaje a su antepasado ilustre, al tiempo que sostuvo que “en mi familia, él no era mencionado, permanecía oculto para nosotros”. Que, por tal motivo, “nunca se la habían hecho recordatorios a Ciriaco Cuitiño en la familia”.

En hora buena, pues, que la memoria del coronel Cuitiño haya sido exaltada en pleno siglo XXI. Y así iremos, los Jóvenes Revisionistas, rastreando otras moradas ocultas de otros héroes de la Santa Federación que todavía no recibieron el aplauso o la ovación póstuma y merecida.


Jóvenes Revisionistas

12 de diciembre de 2010

BOLETIN "LA RECONQUISTA", AÑO 2, N° 14









JOVENES REVISIONISTAS










“LA RECONQUISTA” Año 2. N. 14







Lord Ponsonby y el derrocamiento del gobernador Manuel Dorrego





Entrada de las tropas de Juan Lavalle al fuerte de Buenos Aires (1828).

John William Ponsonby, cuarto conde de Bessborough, nació el 31 de agosto de 1781 y falleció en Dublin, el 16 de mayo de 1847. Fue vizconde de Duncannon de 1793 a 1844 e integró las filas del partido Whig. En 1834 fue secretario de Estado del Departamento –ministro del Interior- y más tarde teniente gobernador de Irlanda de 1846 hasta su muerte. Miembro de una prominente familia de Cumberland, fue el mayor de los hijos de Frederick Ponsonby, tercer conde de Bessborough y Lady Henrietta Frances.



Lord Ponsonby dirigió una carta interesante a Lord Aberdeen, fechada en Río de Janeiro el 22 de septiembre de 1828. Comienza diciendo que los diplomáticos argentinos y brasileros fueron transportados en un buque británico con destino a Buenos Aires el día 9, a efectos de ratificar la convención preliminar para dar fin a la guerra entre estos dos estados desde 1825. Ponsonby afirma que Dorrego puede ser derrocado si dudara en reafirmar la paz. El ministro inglés en Buenos Aires en sus informes al Foreign Office combatió al gobernador, pero actuó hábilmente para imponer a Buenos Aires una desastrosa paz con el Brasil y la independencia de la Banda Oriental, que convenía a los intereses británicos:



“Los generales Balcarce y Guido se han embarcado con destino a Buenos Aires el 9 del corriente, en la balandra Heron de S.M., y con ellos un oficial al servicio de S.M. el emperador, quien conduce plenos poderes para uno de los ministros de S.M. en Montevideo para ratificar la convención preliminar suscrita por los plenipotenciarios de la república del Río de la Plata y los de S.M.I. Los plenipotenciarios republicanos deseaban tener una nota escrita por mí, persuadiéndolos de la conveniencia de asentir a la evacuación por las tropas republicanas, de las Misiones, que ellos pudieran comunicar a su gobierno, si fuera necesario. Por consiguiente, les escribí una nota, cuya copia adjunto, suavizando el modo y los términos de una nota anterior, (ya comunicada a V.E. con el n° 5), que yo creo, decidió su consentimiento de evacuar el territorio en cuestión. Me es muy grato comunicar a V.E. que el general Guido me ha expresado su firme convicción de que el gobierno de Buenos aires ratificará, sin dilación, la convención preliminar; y, en respuesta a ciertas observaciones mías, sobre la posibilidad de que tropezara con dificultades para tan necesaria terminación de este asunto, el general me hizo la promesa formal de tomar todas las medidas para inducir a su gobierno a cumplir fielmente con su deber, diciéndome, además, que, antes de su partida de Buenos Aires, había adoptado algunas disposiciones en el sentido aludido, para asegurar el éxito. Al expresarse así, el general hablaba con toda sinceridad –tengo razones para suponerlo-, y creo que Dorrego puede ser arrojado del gobierno, y lo será, si hesitara en concluir la paz iniciada. No molestaré a V.E. con detalles sobre el particular; pero me aventuraré a manifestarle que mis medidas han sido concertadas para obtener por la presión, si fuera necesario, el fiel cumplimiento de lo que Dorrego se ha comprometido a hacer, como parte, para el perfeccionamiento de la ratificación final de la convención preliminar, aunque la sometiera a la asamblea de Santa Fe y fuese alterada o rechazada por aquel cuerpo”.



Todos los opositores al gobierno de Rivadavia, federales y unitarios, conocían la nota de despedida que le remitiera Lord Ponsonby a Dorrego, en julio de 1828, una vez embarcado en el “H.M.S. Thetis”, afirmaba que los lazos de dependencia económica sellados con Gran Bretaña ningún gobierno los rompería, y que podrían “interferir en la política de América, al menos tan lejos como sea necesario para la seguridad de los intereses europeos”.




Lord John William Ponsonby




Años después, el 27 de octubre de 1860, José María Roxas y Patrón en carta a Juan Manuel de Rosas le recordaba su actuación en los sucesos de la guerra con el Brasil y las posturas de Dorrego y Lord Ponsonby: “Dorrego mismo no quería la independencia de la Banda Oriental; porque según me decía, ese Estado no podría componer sino una linda estancia…En esta complicación inestricable de conflictos, procuré tener una entrevista con Lord Ponsonby, en casa de don Manuel García. De buenas a primeras le dije, Milord, la simpatía que se trasluce en V. a favor del Brasil en la reclamación injustificada de las presas hechas por nuestros corsarios, de buques cargados de armas que tienen gravada la corona y las híncales del nombre del emperador del Brasil; y además, los papeles que acreditan su destino: prueban que el objeto principal de Inglaterra en su mediación, es la independencia de la Banda Oriental para fraccionar las costas de la América del Sud. Era un hombre que aunque viejo tenía pólvora en el cerebro. Sí señor, me contestó con viveza. El gobierno inglés no ha traído a la familia real de Portugal para abandonarla. Y la Europa no consentirá jamás que solo dos Estados, el Brasil, y la República Argentina, sean dueños exclusivos de las costas orientales de la América del Sud, desde más allá del Ecuador, hasta el Cabo de Hornos. El señor Dorrego que era otro polvorín, y Lord Ponsonby estaban en desinteligencia por el negocio de las presas: y Mr. Parish y yo procurábamos calmarlos”.

Por Sandro Olaza Pallero





Fuentes:



HERRERA, Luis Alberto de, La misión Ponsonby. La diplomacia británica y la independencia del Uruguay, Eudeba, Buenos Aires, 1974, 2 tomos.



RAED, José, Rosas y el cónsul general inglés. Las condecoraciones, Editorial Devenir, Buenos Aires, 1965.



RAED, José, Cartas inéditas de Rosas Roxas y Patrón. I. 1852-1862 Monarquía republicana, Platero S.R.L., Buenos Aires, 1980.

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“El Himno de Obligado”

Cuando sonó el primer cañonazo enemigo, Mansilla bajó el brazo derecho y cerró de un golpe el catalejo. Todo estaba consumado. El crimen era un hecho. La cuarta guerra exterior del país comenzaba. El héroe alzó el brazo de nuevo, dio la señal convenida y el Himno Nacional Argentino estalló en la barranca. La primera bala francesa dio en el corazón de la patria.La segunda bala francesa cayó sobre el Himno. El canto nacía indeciso en el fondo de las trincheras excavadas entre los talas, trepaba resuelto por los merlones de tierra, se deslizaba ágil por las explanadas de las baterías, corría animoso por los claros de grama esmaltados de verbenas, se animaba con furia animal en el monte de espinillos, y ascendía estentóreo y salvaje, en el aire de oro de la mañana de estío. Allí, hecho viento, transformado en ráfaga heroica, ganaba la pampa, el mar, la selva, el desierto, la estepa y la cordillera y uniendo de un extremo al otro del país la voz de júbilo con la de protesta, la de la imprecación con la del entusiasmo cívico, creaba un clamor de alegría y borrasca, incomparable y único.La voz clara y sonora de Mansilla acaudillaba los ritmos heroicos. El eco pasaba de una garganta a la otra; partía de los pechos de acero que amurallaban la patria y se confundía y entrechocaba sobre los muros de las baterías. Las notas prorrumpían de los bronces y tambores majestuosamente, con corrección inigualable, como en un día de parada. La banda del Batallón 1º de Patricios de Buenos Aires, que ejecutaba el himno al frente del regimiento inmortal, solo encontraba extraño en esta formación de tropas que, en vez de ser un jefe, fuese la Muerte quien pasara revista. Lo demás era lo acostumbrado desde los tiempos de Saavedra y la trenza con cintas. La hueste asistía impecable a la inspección, en tanto la metralla francesa e inglesa llovía sobre las filas sonoras y abría claros en la música y el verso.Los huecos se cubrían con premura y renacía la estrofa, redoblada y heroica. Cada voz sustituta centuplicaba la fuerza del canto. La oda se había constituido en una marejada incontenible de estruendo y de furia.Toda la barranca ardía en delirio con las voces. Cantaban los artilleros, los infantes, los marineros, los jinetes, los jefes, los oficiales y los soldados, los veteranos de cien encuentros y los novicios que por primera vez, olían la sangre y la muerte. La misma tierra quería hendirse para cantar. Parecía pedir la voz de todos los pájaros para acompañar en el canto a quienes la amparaban hasta morir abrazados sobre ella, crucificados sobre su amor, dándole a beber generosamente de su propia sangre. Cantaban allí los camaradas de aquellos que custodiaba en su seno, y que murieron defendiendo su pureza criolla en los campos, sobre los ríos y las montañas, en los páramos frígidos y a la sombra de los montes de naranjos donde dormían cálidamente, bajo la lluvia votiva del azahar.

Los viejos patricios de Buenos Aires, los capitanes que cruzaron la cordillera con el Intendente de Cuyo y libertaron los países que se recuestan sobre un mar donde se pone el sol, los oficiales que habían combatido contra el Imperio del Brasil, destrozando a lanzazos los cuadros terribles de la infantería mercenaria austríaca, los marineros de camiseta rayada, cubiertos de cicatrices, que habían cañoneado y abordado naves temibles al mando del Almirante, en el río y en el mar, luchando en proporción de uno a veinte con la mecha o el sable en el puño, todos los que habían hecho la patria y no deseaban vida que no se dedicase a sostenerla, se hallaban allí y cantaban religiosamente, con la mirada arrasada y el corazón desbordante de ternura por los recuerdos, la canción que hablaba de cadenas rotas, de un país que se conturba por gritos de venganza, de guerra y furor, de fieras que quieren devorar pueblos limpios, de pechos decididos que oponen fuerte muro a tigres sedientos de sangre, de hijos que renovaban luchando el antiguo esplendor de la patria y de un consenso de la libertad que decía al pueblo argentino : ¡Salud! La canción era seguida por juramentos de morir con gloria y el deseo que fueran eternos los laureles conseguidos.Jamás resonó canción como aquella. Los que habían conseguido los laureles pedían frente a la muerte que fueran eternos, los que vivían coronados por la gloria adquirida luchando con el fusil, el sable o el cañón, a pie, a caballo o sobre el puente de una nave, en defensa de su Nación, juraban morir gloriosamente si la vida debía comprarse al precio del decoro y el valor.

Los proyectiles franceses e ingleses caían ahora sobre la protesta, el desafío o la muerte, el orgullo y la voluntad. La voz, engrosada y magnificada por el eco, había recorrido de una frontera a otra de la tierra invadida, y retornaba al lugar de su nacimiento para recobrar vigor y lanzarse esta vez hacia el frente, en procura de los agresores. Descendía presurosa por la barranca, corría sobre la playa de arena, alcazaba la orilla del río, volaba sobre el espejo del agua y se lanzaba al abordaje sobre los invasores, repitiendo un asalto sorpresivo y desenfrenado. Trepaba por las cuadernas de las quillas, se encaramaba por las bordas, hacía esfuerzos desesperados por amordazar los cañones de 80 milímetros, de 64, de 32, las cien bocas que vomitaban fuego sobre las baterías de menor alcance, lograba poner el pie en las cubiertas, brincaba a lo puentes donde se hallaban, condecorados y magníficos, Tréhouart, el capitán de la Real Marina Francesa y el Honorable Hothan, de la armada de Su Majestad, con uniformes de gala, cubiertos de entorchados, dirigiendo con el catalejo el bombardeo implacable e impune; ascendía por los obenques a las gavias y las cofas y giraba sobre las arboladuras lanzando un grito recio y retumbante. Luego descendía sobre el río y soplaba en el mar, y a través de las olas, cabalgando sobre el agua y la espuma, pisaba la tierra desde donde las naves habían partido y se retorcía en remolinos briosos y épicos en busca de oídos para requerir, demostrar, probar, retar y herir.La canción aludía a los derechos sagrados del hombre y el ciudadano, a los principios de igualdad política y social, al respeto por la propiedad ajena, a la soberanía de la Nación, a la obligación de cada ciudadano de respetar la ley, a la libre expresión de la voluntad popular, al respeto de las opiniones y creencias ajenas, a la abolición de los obstáculos que impiden la libertad y la igualdad de los derechos. La voz hablaba de la injusticia de la metralla, y ésta, tal como si hubiera interpretado la protesta del canto, hería ahora el seno de la voz, en acto obstinado, buscando rabiosamente el corazón de la canción.Los defensores eran ya los árbitros de la batalla. El enemigo había entendido la voz y comprendía que el triunfo pertenecía, por derecho propio, al atacado, cualquiera fuera el desenlace de la acción. Ya no significaba nada vencer en el encuentro y cobrar el botín de la conquista para conducirlo a la tierra donde estallarían aclamaciones y vítores junto a los arcos de triunfo. El adversario cantaba estoico frente a la muerte; cantaba vivamente, alegremente, enhiesto e impasible, sin responder al fuego, como queriendo demostrar que era más importante terminar con aquel canto, antes que defender la vida y resguardar la defensa del paso. Los cañones de 80 golpeaban el vacío, asesinaban la nada; las granadas explosivas no acallaban la música ni podían matar la poesía. La lucha era imposible: ¡Si al menos los defensores hubieran dejado de cantar!...Cuando la voz dejó de escucharse hasta en su último eco, Mansilla recogió de nuevo el catalejo, tomó la espada, y alzando el brazo nuevamente, dio orden de iniciar el fuego contra las naves. La barranca ardió en llamas y comenzó el cañoneo que se sostendría por espacio de ocho horas…Pero la hazaña principal estaba cumplida, con el Himno entonado frente al adversario y que escucharían después los siglos. La música de los cañones sólo componía el acompañamiento de este canto. El héroe había legado a la patria su tesoro más puro de heroísmo, de exaltación emocional y de pasión patriótica: el Himno ganaba de paso, igualmente, la batalla de la Vuelta de Obligado.


Por José Luis Muñoz Azpiri (h)


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Juan Felipe Ibarra: apoyo soberano en tiempos de la Guerra del Paraná



Cuando tuvo lugar la batalla de Vuelta de Obligado (20 de noviembre de 1845), en el mundo entero se barajaba una idea generalizada que quedaba demostrada en hechos bien concretos: los centros de poder mundial iniciaban una nueva etapa para colonizar a aquellos países que querían ser prósperos, libres y fuertes.

Como motores de esa etapa colonial, sobresalían los roles de Inglaterra, Francia y Estados Unidos. De los dos primeros países, sabido es que se coaligaron y atacaron violenta y ardorosamente a las fuerzas patriotas de la Confederación Argentina en aquel conflicto desgraciadamente olvidado: la Guerra del Paraná, que se inició en noviembre de 1845 y finalizó a principios de junio de 1846 tras la batalla de Angostura del Quebracho.

Unos años antes, y siempre dentro de esta coyuntura de avanzada imperial a nivel global, Inglaterra emprende la Primera Guerra del Opio contra China (1839-1842), donde los británicos forzaron a los orientales para que comercialicen dicha droga con las reglas económicas y de mercado por ellos impuestas. Ganar el mercado chino era sumamente importante, y lo lograron a cañonazos limpios como buenos “civilizados”.

A finales de 1844, tienen lugar en Estados Unidos las elecciones presidenciales que dieron como ganador al demócrata James Polk, cuyo nombre era sinónimo de expansionismo territorial. Tal es así, que en su plataforma política incluyó, como si nada, la anexión territorial como método a implementar una vez en el poder. Esto significaba entrar a una guerra segura, lo que ocurrió el 11 de mayo de 1845 cuando Estados Unidos se la declaró a México. Desde entonces, los actuales estados de Texas, California, Nevada, Utah, Colorado, Arizona, Nueva México y Oklahoma pasaron a ser parte del territorio estadounidense.

Entonces, si tenemos en cuenta que en unos pocos años el mundo vivió convulsionado y lleno de invasiones imperiales, lo que se avecinaba en las costas argentinas del río Paraná no era broma. Toda la Confederación Argentina, dirigida por don Juan Manuel de Rosas, comprendió que en Obligado, Angostura del Quebracho, Paso del Tonelero, San Lorenzo y Acevedo se jugaba su destino como nación. O el despedazamiento y la ocupación se quedaban para siempre, o los hijos más lúcidos y guerreros de la patria salían al ruedo a parar las embestidas de los países más poderosos del planeta Tierra. Prevaleció esta última opción, gracias a Dios, sea poniendo tropas, recursos materiales o adhiriendo con proclamas y notas, como hizo el gobernador de Santiago del Estero, brigadier general Juan Felipe Ibarra.


El santiagueño Ibarra contra la agresión anglo-francesa

Algunos revisionistas dan a entender que, el de Juan Felipe Ibarra, fue un gobierno que se limitó a resolver y a inmiscuirse en temas solamente concernientes a la provincia de Santiago del Estero; que el suyo fue un gobierno relativamente “tranquilo” y que el caudillo federal murió pacíficamente en 1851.

Sin embargo, la actitud que Ibarra tomó antes de que se desencadenaran los hechos de guerra de Obligado, dista mucho de tan liviana apreciación. La provincia de Santiago del Estero, si bien en la geografía parecía estar aislada y desentendida de los problemas que sucedían en el resto del país, se conmovió por el clima bélico que se respiraba unos meses antes del 20 de noviembre de 1845. Por eso, en carta al Restaurador de las Leyes del día 27 de septiembre de 1845, escribió:

“La escandalosa intervención que se han arrogado los Agentes Anglo-Franceses en la cuestión que se ventila por los Gobiernos de la Confederación Argentina y de la República Oriental del Uruguay, contra un grupo de anarquistas que audazmente atentó contra la independencia del primero y la legalidad del segundo, apoyados por brazos extranjeros, es un hecho que ha escandalizado al mundo; que ha conculcado los principios establecidos por el derecho común de las naciones; que ha empañado el lustre de los gobiernos cuyo nombre se invoca, y que en fin, ha excitado toda la susceptibilidad del pueblo Argentino, celoso defensor de su independencia y de todos los amigos de la Libertad Americana”.

Y en otro párrafo, Ibarra expresaba a Rosas que “la Provincia de Santiago del Estero, que juró morir y vivir independiente, hoy a vista de aquel hecho escandaloso ha reproducido sus juramentos; y su gobierno, fiel órgano del sentimiento popular que preside, se dirige a S. E. el Señor Gobernador de Buenos Aires, Encargado de las Relaciones Exteriores de la Confederación Argentina y Jefe Supremo de los Ejércitos de la República, para manifestarle con la más decidida expresión que espera las órdenes de V. E. para marchar con todos sus recursos al campo del honor y tomar parte con los demás pueblos Confederados, en la defensa de los augustos fueros de la nacionalidad argentina”. Como puede apreciarse, en esta parte de la carta Ibarra le ofrece a Juan Manuel de Rosas hasta milicias de su provincia para defender la soberanía nacional, ante la inminencia de un ataque anglo-francés.

Para el caudillo santiagueño, dejar actuar a los ingleses y franceses en nuestras tierras equivalía a “merecer la ignominia del esclavo”, pero eso no habría de ocurrir en la patria federal y mucho menos con los paisanos de Santiago del Estero, quienes blandían incólumes principios soberanos.


La proclama de Ibarra

El 12 de diciembre de 1845, apenas unas semanas luego de llevada a cabo la batalla de Vuelta de Obligado, Juan Felipe Ibarra lanza una vibrante proclama, llena de profundos conceptos patrióticos y americanistas. Vale la pena transcribirla de forma completa:

“Dos potencias Europeas que bajo el disfraz de la amistad habían ocultado el nefando designio de señorearse sobre nuestro suelo, pretextan sin pudor una alianza ignominiosa con los salvajes unitarios, para desplegar contra nosotros sus execrables planes de conquista. El precio de nuestra independencia nacional es la sangre de millares de víctimas que desde el campo del honor, adonde reposan sus cenizas, nos recuerdan nuestros deberes y nuestros juramentos. ¿Habrá Argentino que oiga indiferente esos ecos sagrados?

“Para recuperar los derechos de la naturaleza rompisteis los vínculos que os ligaban al tirano de la España, y mirando en menos las fuertes simpatías que nos unían a los que profesaban nuestro idioma y nuestra religión, todo lo sacrificasteis, hasta las más íntimas relaciones de sangre por ser independientes. ¿Cuál es entonces hoy vuestro deber, cuál será vuestro denuedo y vuestra decisión cuando os amaga una esclavitud mil veces más ignominiosa como que tiene por único título la fuerza, por único objeto la dominación, por único fin apoderarse de las riquezas con que el Dios del Universo ha favorecido a los hijos de la joven América?

“He ceñido ya la espada que empuñó mi brazo en la guerra gloriosa de la Independencia. A vuestro frente marcharé, adonde quiera que nos llame la voz del Ínclito Argentino que preside los negocios nacionales de la Confederación. ¡Estad prontos santiagueños! Independencia y Federación es vuestra divisa…”.

Esta muestra de apoyo a la soberanía nacional, mereció el elogio por parte de “La Gaceta Mercantil” de Buenos Aires, el 13 de enero de 1846, pues se refiere el matutino a una “Proclama patriótica y enérgica que ha dirigido el Exmo. Sr. Gobernador y Capitán General de la Provincia de Santiago, Ilustre Brigadier Don Felipe Ibarra a los valientes santiagueños con motivo de la escandalosa intervención Anglo-Francesa contra las Repúblicas del Plata”. También se menciona que el caudillo provincial “se ha puesto al frente de las fuerzas de esa benemérita Provincia, decidido a sostener el honor e independencia nacional y el pacto federal de la República”.

En un intercambio epistolar, y con fecha 4 de marzo de 1846, Juan Manuel de Rosas le escribe a Ibarra que “admite complacido la importante cooperación que V. E. le ofrece y tiene la satisfacción de contar con ella para sostener y cumplir dignamente, el santo juramento de la independencia y honor nacional y la fidelidad a los principios americanos, tan cruelmente atacados por la tiranía y sangrienta intervención Británica y Francesa”. Aquí también se nota el sentido americanista del Restaurador de las Leyes, pues reconoce que es la paz y la soberanía lo que buscan todos los países del continente, y que al ser atacado uno de ellos, las demás naciones se sienten contrariadas. Recuérdese, además, que la Guerra del Paraná, para el 4 de marzo de 1846, todavía estaba en pleno desarrollo. Deberán transcurrir exactamente 3 meses más para su finalización, por lo tanto, durante el desarrollo de dicho conflicto Ibarra estuvo siempre dispuesto a poner tropas de Santiago del Estero para la defensa de la patria. Todo un ejemplo para aferrarse a la idea de que la Guerra del Paraná, y en especial la batalla de Vuelta de Obligado, fue, sin lugar a dudas, una guerra de toda la patria que luchaba por su supervivencia.



Por Gabriel O. Turone

Fuentes:

Alen Lascano, Luis C. “Juan Felipe Ibarra y el Federalismo del Norte”, Editorial Peña Lillo, Julio de 1968.
Fontana, Esteban. “La Anexión de Texas”, Revista Todo es Historia, N° 28, Suplemento 17, Agosto 1969.
Röttjer, Aníbal Atilio. “Rosas. Prócer Argentino”, Ediciones Theoría, Buenos Aires, Septiembre de 1972.



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Seineldín: Soldado de Dios y de la Patria




El día 2 de septiembre próximo pasado nos dejó el Coronel Mohamed Alí Seineldín, última expresión de unas FF.AA. de carácter nacional.

“Milo” como me autorizó a llamarlo, fue una excelente persona pero además un brillante oficial del Ejército Argentino.

Durante su carrera realizó el curso de paracaidistas, convirtiéndose luego en 1968 en Jefe de la especialidad. Fue comando y Jefe de cursos de las fuerzas especiales en 1975. Participó de la lucha contra la subversión en el Monte Tucumano. Ese mismo año, realizó junto a un grupo de oficiales un pronunciamiento oponiéndose a todo intento de ruptura del orden constitucional. Producido el Golpe de Estado contra el gobierno legal de Isabel Perón, el por entonces Mayor Seineldín manifestó su posición contraria al “Proceso” por lo que a partir de ese momento fue considerado como “persona no confiable” y amenazado con ser arrestado o dado de baja. Fue profesor de Estrategia de la Escuela Superior de Guerra. En 1978 organizó la Unidad Especial Halcón para cuidar la seguridad de ataques terroristas en el Mundial de Fútbol. En 1981 se lo designó Jefe del Regimiento 25 de Infantería en Chubut. Héroe de Malvinas, participó de la Operación del Rosario, con la que se recuperaron las islas. Una vez allí estuvo al mando de la defensa de la pista de aterrizaje, lugar estratégico y vital para mantener las comunicaciones con el Continente. Dicha posición continuó operable hasta el final de la guerra. Condecorado por su gran actuación en la Gesta del Atlántico Sur, en 1985 fue ascendido a Coronel y destinado como Agregado y Asesor Militar en Panamá. Finalmente, ya de vuelta en el país, y al ver el estado de disolución al que iban conducidas las FF.AA., el avance del proyecto mundialista, la cultura gramsciana y la campaña de desmalvinización, se puso al frente de los pronunciamientos militares de 1988 (Virgen del Valle), y del 3 de diciembre de 1990. Por este último hecho fue condenado a muerte por Carlos Menem, situación de la que fue salvado por las activas gestiones del ex presidente Arturo Frondizi. Juzgado entonces, fue condenado a cadena perpetua, purgando 13 años de prisión en la Cárcel Común de Caseros y en el Penal Militar de Magadalena, padeciendo afrentas como la denegación de autorización para estar junto a su hijo Mariano cuando éste falleció. Tarde recibió el indulto del presidente Eduardo Duhalde en el 2003, que le devolvió la libertad junto al terrorista que comandó el ataque al cuartel de La Tablada, Enrique Gorriarán Merlo.

He aquí una somera síntesis de la carrera militar de nuestro Coronel.

La prensa cipayo, y la mentira de la historia oficial no se privaron de injuriarlo durante su vida, situación que él soportó con el estoicismo que lo caracterizaba.

Sin embargo, ni siquiera ante el respeto que deben generar los muertos, se detuvo la prensa canalla y los pseudo-historiadores del régimen.

No les bastó con intentar destruir su fama de guerrero y defensor de la Patria cuando Seineldín estaba con vida. Tampoco bastaron los años de encarcelamiento. Era necesario comenzar a mancillar su memoria. Había que enterrar su ejemplo y su legado.

De esta manera se dijo del ilustre fallecido: Que fue un procesista y que violó los derechos humanos. Puntualmente lo acusaban del secuestro y desaparición de Alfredo Giorgi, científico que trabajaba en el INTI y pertenecía a Montoneros. Se dijo también que atentó contra la democracia y que sus pronunciamientos fueron intentos de golpe de estado…si hasta en una inocente presentación de un libro de mi autoría sobre su subordinado –Roberto Estévez- el diario La Nación lo acusó de hacer comentarios racistas –dichos que como quedó demostrado, jamás existieron-.

En este artículo destruiremos una tras otra todas estas patrañas.

En primer lugar, comentaremos la más pesada de ellas.

Ya hemos dicho que Seineldín jamás fue “procesista”, todo lo contrario, pertenecía a la línea nacional del Ejército y se opuso tenazmente al Golpe del 76 que trajo consigo al Proceso; mientras algunos falsos demócratas aplaudían a Videla o decían de él “que era un General democrático”. Pero iremos al fondo de la cuestión. Hemos revisado las listas de militares acusados de violaciones a los DD.HH., de fuentes insospechables de “pro militarismo”, como ser:
www.desaparecidos.org/GrupoF/su.html (“Informe de la CONADEP”, Informe de la Asociación de Abogados de la Provincia de Tucumán, Informe de la Comisión de Derechos Humanos de la Cámara de Diputados de la provincia de Chaco (1984), Publicaciones de las organizaciones de derechos humanos como “692 culpables del Terrorismo de Estado” y “Culpables para la sociedad – Impunes por la ley”); y en ninguna de ellas figura el Coronel como represor o torturador. Pero no figurar en ninguna lista de militares acusados de violar los DD.HH. no fue obstáculo para que el diario La Nación le imputara la desaparición de Alfredo Giorgi, científico que trabajaba en el INTI, y que pertenecía a la Organización Montoneros. Pero pareciera que el diario citado desconoce las siguientes pruebas que eximen a Seineldín de esta vergonzosa acusación:

El 23 de agosto de 2005 la Agencia ANCLA publicó la noticia de la detención del Gendarme (R) Eugenio Pereyra Apestegui, quien ofició de jefe del campo de detención ilegal “El Olimpo”, acusándolo de la detención y desaparición de Alfredo Giorgi en 1978. Por otra parte, también se conoció la sentencia del 19 de noviembre de 2003 que en su parte fundamental decía:


AUTOS Y VISTOS:

Para resolver en esta causa n° 14216/03 del registro de la Secretaría n° 6 del Tribunal y en relación a JULIO HÉCTOR SIMÓN, alias “el Turco Julián, argentino, nacido el 12/08/1940, DNI n° 5.482.792, CI n° 4.985.217 (…)

133. Alfredo Antonio Giorgi:

Conforme la imputación fiscal de fs. 1195, el nombrado fue detenido el 25 de noviembre de 1978, siendo trasladado al centro clandestino de detención Olimpo, sometido a tormentos, hallándose desaparecido.

Su caso fue desarrollado bajo el n° 348 en la sentencia dictada en la causa 13/83 en la que se dio por acreditada la ilegal privación de la libertad del nombrado.

Mario César Villani atestiguó la detención de la víctima en este centro, en tanto Susana Leonor Caride confirmó ello aseverando que el Turco Julián interrogó y torturó a Giorgi (cfr. actas mecanografiadas, Legajos 119 y 359) (…)

RESUELVO:

I) DECRETAR EL AUTO DE PROCESAMIENTO, con PRISION PREVENTIVA, de JULIO HÉCTOR SIMÓN, de las restantes condiciones personales consignadas en autos, por considerarlo prima facie y por semiplena prueba, autor responsable en la comisión de los delitos de privación ilegal de la libertad agravada por la calidad del autor y la duración en que se ejecutó tal privación (art. 142 incs. 1° y 5° del Código Penal), en forma reiterada, hechos que damnificaran a (…) Alfredo Antonio Giorgi (…) en concurso real con el agravante del art. 144 ter del código de fondo, ante la aplicación de tormentos, tanto físicos como psíquicos (incs. 1° y 3°), en forma reiterada (…) mandando trabar EMBARGO sobre sus bienes suficientes a cubrir la suma de PESOS DIEZ MILLONES ($ 10.000.000), diligencia que llevará a cabo el Sr. Secretario del Tribunal como Oficial de Justicia ad hoc (arts. 55, 144 bis, 142 incs. 1° y 5°; 14 ter del Código Penal; 306, 312, 511 y ccdtes. Del Código Procesal Penal).

Pasando en limpio, el secuestro, tortura y desaparición del Sr. Alfredo Antonio Giorgi fue imputado por la justicia a los Sres. “Turco Julián” y al Gendarme (R) Eugenio Pereyra Apestegui, por lo cual el Coronel Seineldín quedó totalmente eximido de cualquier acusación al respecto. Pero si lo dicho no bastara, adjuntamos un “memo secreto” de la Embajada de EE.UU. recientemente desclasificado, en donde puede leerse que Giorgi fue visto con vida en “El Olimpo” en diciembre de 1978, época en la que el Coronel se encontraba desempeñando funciones en Mendoza.


MEMORANDUM OF CONVERSATION
DATE: December 28, 1978
SUBJECT
PARTICIPANTS:

Disappearence of Alfredo Antonio Giorgi
(681/78/12)

Mr. Osvaldo Giorgi, Parent of Desaparecido
Mr. F. Allen Harris, Political Officer,
American Embassy, Buenos Aires

ARA* INR/OIL/NFAC/
- Mr. Lister
POL/R USICA

I called Mr. Osvaldo Giorgi into the Embassy to inform him
Confidentially that his son, Alfredo, had been seen at a
Clandestine detention facility in Buenos Aires in mid-
December. *

Mr. Giorgi stated that he had received this same information
from the wife of Mignone’s source. This person had been
kidnapped, interrogated and released in early December, 1978
(See Harris-Mignone memcon of 12/26/78).

According to Mr. Giorgi, the source had been a friend of his
son in high school and later went on to study medicine.
His son, Alfredo, pursued a career in chemistry at the
Faculty of the Exact Sciences. The two had remained casual
Acquaintances over the years.

Source told his wife that he had an opportunity to talk with
Alfredo Giorgi briefly in the showers at the detention

POL:FAHarris: sz
Drafting Office and Officer
Ã, ussn
ARGENTINA PROJECT (S200000044)
US. DEFT. OF STATE, A/RPS/1PS
Margaret P. Grafeld, Director
(IH&ease C ) Exdse ( ) Deny

Una vez zanjada la cuestión de DD.HH., nos dedicaremos a aclarar el tan remanido argumento que acusaba a Seineldín de haber intentado un golpe de estado.

En lo que hace a este tema, lo primero que hay que destacar es que jamás se acusó al ex Coronel de querer efectuar un golpe de estado al producirse el levantamiento de Villa Martelli durante el gobierno del Dr. Alfonsín. Por lo tanto habrá que remitirse solamente al alzamiento del 3 de diciembre de 1990, en la presidencia del Dr. Menem. Por aquellos sucesos se juzgó a Seineldín y los otros cabecillas del alzamiento, el 15 de abril de 1991 en la Cámara Federal.

En el juicio declararon conspicuos menemistas, y demás testigos que aseguraron que en su opinión los hechos del 3 de diciembre no se trataron de un golpe militar. Entre ellos podemos citar a Alberto Kohan quien sostuvo “que de las reuniones con él mantenidas no puede desprenderse que atacaran el orden constitucional (…)”. El Doctor Raúl Granillo Ocampo dijo “No se adoptaron medidas extraordinarias de seguridad ni en la Casa de Gobierno ni en ningún otro organismo público. Nadie tomó seriamente que se pudiese atacar la Casa de Gobierno (…)”. El por entonces miembro de la SIDE y luego subsecretario del Interior, Doctor Gerardo Conte Grand declaró que su opinión era a título personal, entendiendo “que no fue una tentativa inmediata de golpe de Estado, pues no hubo empleo de otras FF.AA., no hubo proclama revolucionaria, ni tampoco la propalación de ideas revolucionarias (…)”; y el General (leal) D. Dante Caridi respondió que “el Coronel (Seineldín) tiene una formación de nacionalismo extremo, unido a concepciones fuertemente religiosas. No me consta que eso lo llevara al punto de atentar contra el orden democrático”.

Además, y como para dar una prueba más contundente aún, reproducimos fragmentos de fojas de la sentencia de la Cámara al momento de dictar el fallo. Así, a fojas 2838 vta. podía leerse “(El levantamiento) Fue promovido, gestado y ejecutado como un solo alzamiento bajo un único comando y con personal concertado para ejecutarlo reunido el mismo día y a la misma hora, mediante acciones coordinadas dirigidas al reemplazo del Jefe del Estado Mayor General del Ejército y a las autoridades inmediatas (…) Para subrayar en la foja 2842 vta. “no ha quedado acreditado así, que se pretendiese un Golpe de Estado, mediante el derrocamiento de alguno de los poderes públicos del gobierno nacional, ni mucho menos que se obrara con el fin de cambiar de modo permanente el sistema democrático de gobierno, extremos que no encuentran sustento alguno en las constancias fácticas de este juicio”.

Hasta aquí la verdad de los hechos. Con la fuerza irrefutable de los documentos. Esperamos hacerle justicia al Coronel del pueblo y que por fin, encuentre su justo descanso.


Por Federico Gastón Addisi


Fuentes:

ABETE, Hugo Reinaldo. ¿Por qué rebelde?, Bs. As., Librería Huemul, 1997, pp. 342, 343.
CHINDEMI, Norberto. Seineldín. La Verdad, Bs. As., Editorial Los Nacionales, 1999, pp. 121, 122.


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Poesía en clave Nacional.

“Anhelo de la Patria vieja”.



Recuerdo hoy la Patria vieja
que somos cuatro banderas, Hacemos caso al imperio
permitiéndome invocar considerando extranjero
a la estrella federal al que cruzó la frontera
que es el blasón de este suelo. para poder trabajar.
En la sangre soy indiano Al hermano hay que ayudar.
y en espíritu cristiano, ¡No hay lugar pa’ chauvinismo!
como usted, amigo mío, Bien lo sabe el fronterizo
no me lo puede negar; que no somos tan distintos
en los cuatro lados hay como nos quieren mostrar;
los mismos criollos e indios. es la misma identidad
la de estos pueblos hermanos.
Corrió sangre rioplatense
por obra de tantos cipayos Si ese ancho río reúne
que ya es hora, mis hermanos, las aguas de los cuatro estados,
de a las fuentes retornar. y sin hacerlas a un lado
Es para eso el versear fluyen juntas hasta el mar,
de este porteño gaucho. ¿por qué no lo puedo tomar
En los planes del imperio como ejemplo pa’ juntarnos,
estuvo el desmembramiento, compartiendo la pelea,
el “divide y reinarás”. los aciertos, las miserias,
Pa’volvernos a juntar pa’l mismos destino afrontar?
piense usted si ya no hay tiempo. Mas dejando de llevar
la chapa infame de mercado.
Las apariencias engañan
y se funden en la ignorancia. Orientales , paraguayos,
Lo que separan los años bolivianos y argentinos,
no ha de creerse esencial. salimos del mismo nido,
Ser no es igual que estar, y es deber volver a estar
y los pueblos no son culpables. bajo un cielo federal
Hay históricos contrastes en unión definitiva.
en las conquistas sociales. Era el sueño de Bolívar,
Pa’ hablar, primero pensar San Martín, Belgrano, Artigas,
cuánto se pudo aguantar cuando dieron libertad,
la guerra “patria o colonia”. para siempre procurar
la unidad del virreinato.


Por Matías Falagán


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La Hispanidad

La Hispanidad es un concepto acuñado durante la primera mitad del siglo XX que manifiesta el ideal español hecho conciencia, originado como sucesión del helenismo y la romanizad y de esta última en el Imperio romano-germánico cristianizada, siendo la interacción con los pueblos descubiertos y posteriormente culturizados por españoles el factor superador de los ideales hechos conciencia argumentados como precedentes. Refiérese a ella como un “espíritu permanente con fuerza y energía creadora y fecundante, capaz de corporeizarse, de hacerse visible y operar a través de esquemas distintos”.

Posee dos vertientes bien diferenciables en la práctica debido a la corriente filosófica cristiana que adoptará: la primera se puede denominar como supremacista religiosa, con fuertes influencias mosaicas del Antiguo Testamento, cree en un dios terrible que preferencia a un pueblo elegido y castiga a los pueblos infieles; la segunda se basa en la contemplativa filosofía tomista, que rechaza la imposición por un lado, y tolera la diferencia de creencias y voluntades fundamentalmente, como es claramente el caso del noble español del siglo XI Rodrigo Díaz de Vivar cuya vida y obra se hallan narradas en el bien conocido Poema de Mío Cid. Ambas posturas se encontrarán a veces discordantes y otras veces combinadas durante la etapa imperialista de España.

Con el advenimiento de la dinastía borbónica en España mediante la coronación de Felipe V se produjo la infiltración paulatina del iluminismo-racionalismo francés, en boga en aquel tiempo, entre los integrantes de las instituciones independientes de una monarquía que venía perdiendo hegemonía y hace colisión con la Revolución Francesa. Ya no mira España a sus dominios de ultramar desde la óptica católica, sino desde la liberal-masónica, y entonces se da lugar a que ciertos españoles americanos, al divisar el menosprecio y la reducción de derechos políticos que sufrían, pero sobre todo a la invasión napoleónica y el cautiverio de Fernando VII, sin dejar éste un Regente ni autoridad alguna, empiecen a pensar en la emancipación, más no en independencia; por otra parte los mercaderes que ven un claro para comerciar libremente con o sin influencias iluministas, y por último a que comenzaran los cuestionamientos de los buenos súbditos sobre las “malas autoridades” en pos de las “buenas autoridades” españolas. Aunque se las presente indiscriminadas por la historiografía oficial –liberal-, los fines de las revoluciones americanas desde la de Túpac Amaru fueron bien diferentes según los ideales de sus promotores.

Es destacable un hecho de nuestra historia que demuestra las contradicciones recientemente mencionadas: Las invasiones inglesas de 1806 y 1807 a Buenos Aires encontraron, por ejemplo, a un Mariano Moreno que deserta de la resistencia y facilita la huida de Beresford –comandante de la primera expedición-, un Cornelio Saavedra que después de que Whitelocke –comandante de la segunda expedición- anunciara a los terratenientes la confiscación de todos sus bienes tomaría partido por la resistencia, y un Manuel Belgrano que materializa el ideal hispánico –que fue el que tuvo el pueblo al enfrentar al invasor viendo amenazada su cultura, sus costumbres, su tradición y religión- exclamando “servir al antiguo amo o a ninguno”, dan cuenta de que en los albores de nuestra nacionalidad ya estaba implantada esta idea de liberalismo versus hispanidad, de iluminismo versus catolicidad. El mismo Belgrano será quien en carta a Fernando VII le comunique los deseos del pueblo de que sea su monarca, pero sin ingerencias de españoles peninsulares; la prepotencia borbónica y las maquinaciones liberales de ciertos americanos lo impedirán y se cortarán irreversiblemente los vínculos políticos con España. No es menor el dato de que un cacique tehuelche se presentara ante el virrey Sobremonte para ofrecer voluntariamente veinte mil de sus hombres para enfrentar a los ingleses, ya que las áreas de influencia de las intendencias del virreinato estaban ciertamente casi totalmente reducidas a los poblados, si se tiene en cuenta la vigente visión indigenista de que todos los españoles maltrataron a todos los indios siempre, y cuando entonces a dicho el cacique poco le debería haber importado cuáles europeos ocupasen el territorio que supuestamente les habían arrebatado.

Otro dato soslayado de la Hispanidad tolerante que permitió la fusión positiva con las culturas indígenas de América, es por ejemplo aquella que en otrora territorio rioplatense –ahora perteneciente a la actual Bolivia- cuando Juan José Castelli fue a celebrar el primer aniversario de la Revolución de Mayo a la antigua Tiahuanaco –en donde residían mayoritariamente aimaraes-, mientras explicaba los derechos del ciudadano le gritaban “¡aguardiente, tata!”, evidenciando que el pueblo rechazaba manualcitos importados que nada tenían que ver con su idiosincrasia, mucho menos con la de los pueblos conservadores del Alto Perú.

Por su incomprensión de origen iluminista los liberales –los mismos que despreciaban a la “irracional” España- sentenciaron al indio a desaparecer por medios mucho más terribles que los imputados en “la leyenda negra” a las autoridades españolas. Así fue cómo aparecieron muchos “doctorcitos” liberales en la Buenos Aires de Bernardino Rivadavia, Bartolomé Mitre, Domingo Sarmiento y Julio Roca, quienes sostenían tales aberraciones, y cómo brotaron de la conciencia de la tierra –que también es hispanista- los calumniados o silenciados Juan Manuel de Rosas, Rufino Solano, Francisco Pascasio Moreno y el salesiano José Fagnano, italiano de nacimiento, pero hispanoamericano en su obra. Lamentablemente, triunfaron los exterministas; pero no sea cosa que de ese “abono a la tierra” surjan legiones de buenos americanos después de que pasen la seca, la helada y la peste.


Por Matías Falagán

Fuentes:

“La judaización del Cristianismo” – Federico Rivanera Carlés.
“Así se hizo América” – Vicente Sierra.
“Historia Argentina”, tomos I y II – José María Rosa.
“Mística y política de la Hispanidad” – Blas PIñar.



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Inauguración del Archivo de Audio y Video “Don Roberto Rimoldi Fraga”




En las instalaciones del Instituto Nacional de Investigaciones Históricas “Juan Manuel de Rosas”, la organización Jóvenes Revisionistas dio un importante paso en la batalla por el nacionalismo cultural al inaugurar, este miércoles 16 de diciembre de 2009, el Archivo de Audio y Video “Don Roberto Rimoldi Fraga”.Con la presencia del compositor y cantante folklórico federal Roberto Rimoldi Fraga, además de las autoridades del nombrado instituto, se procedió a estrenar el importante Archivo de Audio y Video como un beneficio más para los asociados del Instituto Nacional “Juan Manuel de Rosas” y para todos aquellos militantes del nacionalismo argentino que se interesen en las voces que, desde lo musical y lo fílmico, han dado sostenimiento y trascendencia a los verdaderos patriotas de nuestra nacionalidad.Particular mención merece el esfuerzo desinteresado del señor Matías Falagán, integrante de Jóvenes Revisionistas, quien durante todos estos meses ha preparado con notable dedicación la selección y el armado de los más de 150 títulos de audio y video que conforman la videoteca nacionalista.La inauguración, que contó con una nutrida cantidad de público, empezó con una conferencia de prensa en la que hicieron uso de la palabra Matías Falagán –elegido por sus compañeros como presidente del Archivo de Audio y Video-, el Dr. Alberto Gelly Cantilo –presidente del Instituto Nacional “Juan Manuel de Rosas”- y, finalmente, el querido don Roberto Rimoldi Fraga. Presentaba a los disertantes el presidente de Jóvenes Revisionistas, señor Federico Addisi.El joven Falagán expresó que con esta novedosa videoteca se estaba “privilegiando la historia argentina en contraposición con la historiografía cipaya, falsaria”. Asimismo, señaló que “mis compañeros me distinguieron unánimemente como el primer Presidente del Archivo de Audio y Video”, distinción que agradeció con gratitud. A continuación, dijo unas breves pero sustanciosas palabras el doctor Gelly Cantilo, en las que agradeció el esfuerzo de los Jóvenes Revisionistas por aportar, con formas novedosas, la difusión del nacionalismo argentino a las multitudes aún confundidas del país. Y elogió la presencia del folklorista Rimoldi Fraga, de quien se supo admirador en sus años de juventud.

Luego fue el turno del propio Roberto Rimoldi Fraga. Comenzó señalando que fue gracias a su madre que adoptó “el amor por la lectura y por la historia argentina”. A continuación se metió de lleno en la figura de don Juan Manuel de Rosas: “Uno fue valorando la forma de ser de este hombre”, dijo, porque actuaba de modo sencillo y real, sin rebusques. Para Rimoldi Fraga, por paradójico que suene, Rosas fue “una de las figuras más combatidas y de más recuerdos en la conciencia nacional”. Además, enfatizó que los admiradores del Restaurador de las Leyes “estamos convencidos de que estaba en una causa justa”, en cuanto defensor de los valores de religión, patria y familia.Se lamentó el cantautor federal que se haya ido tergiversando algo que fue exclusivo de la Argentina potencia, como eso de “tener padres obreros e hijos profesionales”. Para Rimoldi Fraga, la Argentina tiene y debe unirse como pueblo para poder salir de la dramática situación en que vive. “La historia argentina está marcada de antinomias; tenemos que terminar con las antinomias”, sostuvo.Reconoció en el recientemente fallecido ex Coronel Mohamed Alí Seineldín a “un amigo, un hombre de fe”, acaso un esclarecido que le comentó en reiteradas oportunidades la importancia geoestratégica de las Islas Malvinas para beneficio de toda la patria. Y maldijo a los que no reconocen en los veteranos de Malvinas y sus muertos a “hombres que fueron a pelear por convicción”.

Respecto del ya cercano bicentenario de la Argentina, reflexionó Rimoldi Fraga que el mismo “debe ser una bisagra donde, además de tomar lo externo, haya una responsabilidad para con lo interno de la patria misma”.Más adelante, tuvo palabras de reconocimiento para los jóvenes que se entusiasman y plantean una lucha por la reivindicación de los valores culturales argentinos. Pero dijo que la lucha debe ser serena, sin violencia, y enseguida parafraseó a Juan Perón: “Perón, que era un gran sociólogo, decía que los jóvenes a los 18 años son incendiarios, y a los 30 son bomberos”. Es decir, la juventud no tiene que desesperarse en este combate que debe hacérselo con calma y sin apresuramientos.Hilvanando la línea histórica del pensamiento nacional, Roberto Rimoldi Fraga señaló que “San Martín, Rosas, Perón, fueron hombres que lucharon”, y para terminar dijo que “la trilogía fundamental de la patria es la Fe, la Patria y la Familia”, que sin esos valores nada puede ser posible.

Después de las palabras, se inauguró formalmente el Archivo de Audio y Video “Don Roberto Rimoldi Fraga", donde el homenajeado cortó la cinta con los colores nacionales que pendía delante de la vitrina de la videoteca. Una cartelera con los rostros de Rimoldi Fraga, Juan Manuel de Rosas y el coronel Ciriaco Cuitiño, daban un condimento de color a la escenografía impecablemente preparada para la ocasión. Luego del solemne acto, sonaron unánimes aplausos.Para finalizar, se invitó a todos a un vino de honor en el Salón Oval del instituto, en el que aparte de vino hubo gaseosas y abundantes sandwichs de jamón y queso. Como no podía ser de otra manera, Rimoldi Fraga deleitó a la concurrencia con algunos de sus temas más representativos, cuando, guitarra en mano, se dispuso a evocar a los héroes de la patria vieja. Entre otros, sonaron “Revuelo de Ponchos Rojos” y “Pucará de Malvinas”. A esta altura, la noche estaba completa.

29 de agosto de 2009

BOLETIN "LA RECONQUISTA", AÑO 2, N° 12

JOVENES REVISIONISTAS

“LA RECONQUISTA”. Año 2. N. 12.

En el Año de Homenaje a Raúl Scalabrini Ortiz.





EL PORNO CIPAYISMO DE FEDERICO


I.-Agravio absurdo a Juan Manuel de Rosas
Cuando parecía agotado el repertorio de embustes y de maledicencias contra Juan Manuel de Rosas, elaborados por los cultores de una historia falsa, ya liberal o roja, pero contestes todos en el tributo a la mentira oficialmente subsidiada. Cuando el paso largo y arduo de casi un siglo y medio después de la muerte del Caudillo, permitía abrigar la esperanza de que recayeran sobre él juicios más acordes con el decoro de las pasiones sofrenadas que con el oportunismo audaz de los iletrados. Cuando se preveía, al fin, que las obscenidades rentadas de Rivera Indarte no hallarían discípulos sino tajantes críticos y racionales objetores, emerge de la nada, continuando a aquel unitario ladino y procaz, un sujeto indocto que lleva por nombre Federico Andahazi. El figurón, siguiendo una línea escatológica que le ha dado buenos dividendos y mundanal prestigio, acaba de editar el volumen segundo de una “Historia sexual de los argentinos”, titulada impiadosamente “Argentina con pecado concebida”, para poner en evidencia, ab initio, que su pluma meteca conserva intacta la capacidad sacrílega. Promoviendo aquí y acullá su novísimo panfleto, merced al beneplácito de los medios masivos con la lucrativa hojarasca de esta catadura, el Andahazi ha comparado a Juan Manuel de Rosas con el execrable Josef Fritzl, aquel degenerado incestuoso y homicida de Austria, condenado recientemente tras conocerse los pormenores de sus inenarrables perversiones. “Nos espantamos al conocer la noticia de este austríaco que tenía secuestrada a su hija” –dice el bestsellerista- “y nosotros tuvimos uno igual pero en el poder, en el gobierno” (Cfr. Alejandra Rey, Entrevista a Federico Andahazi, ADN Cultura, La Nación , 25-4-09, p. 20). “Un tipo mantiene cautiva a una hija adoptiva, la viola y tiene seis hijos. Uno inmediatamente piensa en este personaje austríaco, pero estamos hablando de Juan Manuel de Rosas" (Cfr. Juan Manuel Bordón, Entrevista a Federico Andahazi, Clarin, 29-3-09). La causa de tan inicua comparanza cree poder fundarla el antojadizo escriba en el mentado caso de Eugenia Castro, a quien describe como “hija adoptiva” de Rosas, “recluida y violada sistemáticamente”, sometida a destratos y humillaciones, y mantenida en la pobreza y sin educación. (Cfr. Alejandra Rey, Entrevista…etc, ibidem).


II.-La verdad sobre Eugenia Castro
La verdad histórica guarda austera distancia de este culebrón hediondo, y será bueno recordarla en prietas líneas. Eugenia Castro y su hermano Vicente fueron dados en tutoría a Rosas tras la muerte de su padre, el Coronel Juan Gregorio Castro, y la orfandad de madre en que ambos se hallaban. Ningún vínculo sanguíneo, familiar o parental unía al Restaurador con la joven. Los hermanos vivieron libremente alojados en el enorme predio de San Benito de Palermo, y con posterioridad a la muerte de Encarnación Ezcurra, hacia 1839, todo indica que el dueño de casa la tuvo a Eugenia por “querida”, engendrándole seis hijos según una versión, y siete según otras. El ilegítimo amorío era un secreto a voces –desparramado adrede por la propaganda opositora- de modo que de oculto y prisionero tenía muy poco. Eugenia y sus hijos naturales eran vistos por los innúmeros y calificados visitantes del predio palermitano, compartía mesa, eventuales paseos y festejos, y así como fue consciente, voluntaria y consentida su relación con Rosas, podrá calificársela con todo derecho de pecaminosa, pero no de macabra, incestuosa, sanguinaria y sepulta bajo la tierra. Manuel Gálvez, por ejemplo, menciona la carta de salutación dirigida a Eugenia por un canónigo porteño. Algo difícil de llevar a cabo si la mujer hubiese estado sometida a un hermético y ruin cautiverio, como la desdichada hija de Fritzl. Hay otros detalles de esta relación que impiden cualquier analogía indecente como la que ha trazado Andahazi con afán denigratorio. Rosas se ocupó de mantener, mejorar, administrar y ampliar la casa de Eugenia en el barrio de Concepción –operaciones todas de pública realización- y hasta cinco días después de la derrota de Caseros, con la meticulosidad ordenancista que le era proverbial, le entregó a Juan Nepomuceno Terrero los títulos de propiedad de la vivienda de la muchacha, 41.000$ que le correspondían de los alquileres cobrados y 20.000$ más pertenecientes a su hermano Vicente. La tragedia irrevocable se cernía sobre su futuro y sobre la patria entera, pero este hombre de singular capacidad reguladora se hizo de un tiempo para que todo aquello que le correspondiera a los Castro llegara a sus manos. Nada de cierto hay entonces en aquella calumnia –ahora remozada- que urdiera Antonio Dellepiane en 1955, cuando desde los antros de la Editorial Claridad pergeñara un suelto negando todo sentimiento paternal y protector en la conducta de Juan Manuel de Rosas. Unas pocas cartas se intercambiaron Eugenia y Don Juan Manuel tras la caída de 1852. Rafael Calzada, en el tomo IV, capítulo XXVII de sus Cincuenta años de América. Notas Autobiográficas, de 1926, nos permite informarnos sobre su contendido. Obras posteriores, como la de María Sáenz Quesada, Las mujeres de Rosas, han sido más explícitas al respecto, aún sin tener intenciones laudatorias hacia el Dictador. Sabemos así que Eugenia le manifiesta su lealtad, recuerdo y afecto al antiguo amante, la desazón en que se encontraba, las graves penurias por las que atravesaba, el destrato que padecía de parte de algunos, y “lo siempre bien recibida” que era “en la casa de la señora Ezcurra”. Sabemos asimismo que le obsequia al Restaurador con pañuelos bordados por alguna de las hijas naturales y un escapulario de la Virgen de las Mercedes. Sabemos, al fin, que se interesa “por su importante salud” y le desea “mil felicidades”, a la par que le solicita no ser olvidada y que le remita un retrato. El único regaño que le formula es por unos comentarios “quejosos” que le llegaron de parte de Doña Ignacia Cáneva. Qué relación guarda todo esto con una mujer presuntamente esclavizada y violada incestuosamente, como quiere Andahazi, nunca se sabrá. Eugenia amaba a Rosas, y no se ha dicho nunca que éste fuera mujeriego, por lo que en la órbita inmoral del concubinato cabe deducir que él le guardó una excluyente correspondencia afectiva. Susana Bilbao, en su novela Amadísimo Patrón, que tampoco es una apología del Jefe de la Confederación, hace bien en sospechar que Eugenia no fue “una hembra destinada a parir, obedecer y servir”, porque no hubiera podido “alguien tan insignificante mantener durante doce años la atención de un hombre que por su riqueza, prestigio y belleza física hubiese podido elegir entre las mujeres más encumbradas de la nación sobre la cual ejercía un dominio absoluto”. Si no fue la Castro –ni debía serlo- la varona paradigmática de Encarnación Ezcurra, tampoco admite la lógica reducirla al papel de un lampazo, como la presenta Andahazi para acentuar la crueldad de su amante. Rosas, por su parte, durante el doliente destierro, le remitió a Eugenia un puñado de cartas “muy expresivas y tiernas”, según él mismo las calificara. Le pide que lo acompañe en el exilio, junto con su prole, para mitigar entre ambos las comunes peripecias. Se disculpa por no haberle podido responder con antelación, “obligado por las circunstancias”, le aclara que dada la pobreza no puede remitirle dinero alguno, pero que si “la justicia del gobierno” le restituyera sus bienes, “entonces podría disponer tu venida con todos tus hijos”, como se lo solicitó después de aquel aciago 3 de febrero. También hay cartas cariñosas y unos menguados pesos para la hija Ángela, a la par que una lamentación por no poder remitir “algo bueno porque sigo pobre”.. Entre “bendiciones”, “abrazos”, palabras cordiales y la aclaración de que “no me he casado”, las epístolas de Rosas cesan un día. Eugenia muere en 1876, y Ángela, su hija natural, apodada “El Soldadito”, recibe una larga misiva de pésame. En el Testamento, Don Juan Manuel dispone el dinero que ha de acordarse a todos los Castro, si alguna vez se le restituyera los bienes que injustamente le fueron despojados. La pregunta retórica es la misma que nos hacíamos antes. Qué tiene que ver todo esto con un depravado incestuoso, criminal y esclavista como Josef Fritzl , es algo que únicamente puede pasar por la calenturienta testa de Andahazi, probando una vez más el acierto de Croce: “en materia de historia cada uno prefiere lo que lleva adentro”. Acertaba Fermín Chávez cuando a propósito de este delicado tema denunciaba las “misturas que confunden al lector; misturas que pueden llegar a la infamia […] aprovechadas por apícaras y picarones”, devenidos en “nuevos José Mármol, quien después de todo se está quedando cortito y pusilánime” (Cfr. Fermín Chávez, Los hijos naturales de Rosas, en Revista del Instituto de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas, n. 35, Buenos Aires, 1994, p. 82).


III.-Héroe pero no santo
Digamos las cosas como son. No hay dos morales, con una de las cuales habría que juzgar a los hombres corrientes y con otra a los próceres. En todo caso, más obligado está el egregio a dar constante ejemplo virtuoso ante la grey confiada. El sexto mandamiento nos alcanza a todos, y Rosas pecó grave y persistentemente contra él. Ni justificaciones ni atenuantes nos importa hilvanar aquí. Mucho menos retruécanos ingeniosos, como aquel de Anzoátegui, según el cual, “el héroe es el que puede sacarse cien hombres de encima; el santo, el que puede sacarse una mujer de abajo”. Si esto es cierto, y puede serlo, lamentamos que Rosas no haya sido santo, y en nada nos alegra su reiterada incontinencia. Tampoco es encomiable que aquellos hijos naturales no hayan sido reconocidos por su padre. Casi como una parábola trágica de la patria misma, hundida tras la derrota de Caseros, la tradición oral que se ha colado en el tema cuenta que de los varones que le dio Eugenia, uno murió en la Guerra del Paraguay, otro acabó pocero en Lomas de Zamora, y otro peón de estancia por los pagos de Tres Arroyos. La herencia de uno de nuestros mayores y mejores patricios, concluyó tumbada sobre la tierra, entre el anonimato y la orfandad. Con pena inmensa lo pensamos y lo escribimos. Pero Rosas, el pecador, el de la carne débil y el instinto irrefragable, el de la falta sempiterna contra la castidad que asoló por igual en la historia a príncipes y mendigos, pontífices y súbditos, no es el monstruo incestuoso y homicida que irresponsablemente ha retratado Andahazi, propinándole un agravio cobarde, impropio de un caballero, y antes bien semejante en sustancia al que Don Quijote –en el capítulo LXVIII de la Segunda Parte- describe como connatural en “la extendida y gruñidora piara”. Tampoco es Rosas un hombre que pueda ser acusado de mantener cautiva a esta mujer, que a su modo amó y fue amado por ella. Si Eugenia pasaba el grueso de las jornadas en las verdes extensiones de San Benito, no era ello señal de que el predio fuera su cárcel, o de que el sigilo del romance espurio la obligaba al encierro.. Es que el mismo Rosas, después de la muerte de su esposa –esto es, cuando comienza su relación con Eugenia- se aisló totalmente en Palermo, apareciendo muy rara vez en público, y abandonando hasta esa costumbre de recorrer de madrugada la ciudad para tomarle el pulso. Así nos lo narra Lucio V. Mansilla en el capítulo XI de su difundido Rozas. Ensayo histórico-psicológico. Distinto hubiera sido si el Restaurador, no por hábitos de misantropía sino por principios ideológicos, hubiera sostenido, como lo hace Alberdi en el capítulo XIII de Las Bases, que la mujer no debe tener una instrucción destacada sino “hermosear la soledad fecunda del hogar…desde su rincón”. O si hubiera justificado, como lo hace Sarmiento en el Diario del Merrimac, que las mujeres que conoció estaban para que él se aprovechara de ellas.


IV.- El libertador de cautivas
A Rosas no le debe la patria el reproche de haber tenido en cautiverio a una mujer, ultrajándola, sino la gratitud por haber liberado del cautiverio a centenares de mujeres que habían sido raptadas por los malones y que llevaban la vida miserable que conoce cualquier argentino que haya leído los cantos octavo y noveno de la segunda parte del Martín Fierro. Amplísima es la bibliografía al respecto, precisas y detalladas las informaciones que se conservan, abultadas las fuentes documentales y pormenorizados los registros de casos concretos, múltiples y desoladores, de explotadas mujeres, que merced a la Conquista al Desierto encabezada por Don Juan Manuel , recuperaron su libertad y su dignidad, y la posibilidad de reinsertarse, junto con sus hijos, a la tierra de la que habían sido arrancadas furiosamente. Hasta la misma Academia Nacional de Historia, en un trabajo editado en 1979, con la firma de Ernesto Fitte y Julio Benencia, titulado Juan Manuel de Rosas y la redención de cautivos en su campaña al desierto.1833-1834, ante la calidad y cantidad de evidencias, tuvo que elogiar “la labor humanitaria y misericordiosa” de Rosas, agregando, casi premonitoriamente, que muchas veces “los historiadores pasan por alto”. Otrosí podría agregarse si nos refiriéramos no ya a la liberación de cautivas blancas, sino a la legislación antiesclavista de la época de la Confederación, que permitió disfrutar a enormes grupos de mujeres negras de una libertad que hasta entonces no habían conocido. Está el testimonio vivo del Cancionero Popular de la Federación si Andahazi no quiere recorrer las fatigosas páginas del Registro Oficial. Le leímos una vez a Octavio Paz que todos tenemos en nuestras casas un tacho de basura, pero que sólo el enfermo mental y moral lo pone como centro de mesa. Esto es lo que ha hecho Federico Andahazi, fiel a las predilecciones que manifiesta en toda su literatura. Como lo igual busca lo igual, según enseñanza platónica, podría haber demorado su vista en el caso de La cautiva o Rayhuemy, aquella mujer objeto de las atrocidades indígenas, que rescatada un día –junto a tantísimas otras- por las tropas de Rosas, le agradeció al Jefe la patriada y recibió de su persona y de su política el sostén necesario para recomponer su existencia. Para eso tendría que haber tenido la magnanimidad del Padre Lino Carbajal, que investigó documentalmente el suceso, o la fina percepción de María Elena Ginobilli de Tumminello que trazó un acertado ensayo al respecto (cfr. su La política de Rosas y las mujeres cautivas, en Revista del Instituto Nacional de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas, n.64, Buenos Aires, 2002, p. 120-133). Podría, claro, Andahazi, con un alma semejante a la grandeza, haber contemplado este tipo de episodios en la biografía del Restaurador, y comunicárnoslos con elevadas miras pedagógicas, sin mengua de señalar y de reprobar, por contraste, cuantas miserias fueran apareciendo. Que para eso Aristóteles acuñó el género epidíctico. En lugar de este camino, eligió buscar el tacho de basura, preñarlo de escorias nuevas y ponerlo como centro de mesa. Buen catador de bahorrinas, tal vez tenga junto a los inspectores municipales del macrismo su próximo futuro asegurado.


V.-Entre mentiras y vampiros
Hasta aquí la objetiva refutación del inverosímil argumento de Federico Andahazi, con el que ha decidido sumarse a las ingloriosas bandas del antirrosismo, que tanto daño han hecho a la memoria nacional. Pero se nos permitirá entonces un argumento ad hominem. Porque el hombre que dice escandalizarse del amancebamiento de Rosas, gusta presentarse con atributos éticos que no lo convierten precisamente en un dechado. Si la sordidez, la promiscuidad, el sadismo, la sexolatría y la blasfemia campean en su obra, monotemáticamente preñada de un odio al Catolicismo, el porte jactancioso, narcisista, frívolo y hedonista campea en su talante. Por consiguiente, no se sobresalta su supuesta defensa de la dignidad humana –ésa que Rosas habría vulnerado- cuando confiesa su admiración por Drácula y por el vampirismo, ”porque el género gótico en general tiene esa relación carnal” (Cfr. Cfr. Alejandra Rey, Entrevista…etc, ibidem). Está clarísimo. Quedarse viudo y tener una amante en el siglo XIX, convierten a Rosas “en un personaje deleznable” (ibidem). Admirar las relaciones carnales de Drácula, en el siglo XXI, convierten a quien así se expresa en un respetable hombre de letras. Es en el sitio oficial de internet autoconsagrado a su apoteosis (http://www..andahazi.com/fotos.html), no en algún suelto contra su persona, que transcribe orondo una respuesta dada a Rodrigo Arias en una entrevista aparecida en Uolsinectis. Leámosla: “No soy un escritor al que le interese la historia en relación con la verdad. Mis novelas no son históricas. Trato de apuntalar mi literatura en la ficción y si tengo que deformar la historia para apuntalar mi literatura, lo hago. Tanto "El Anatomista" como "Las Piadosas" están plagadas de inexactitudes deliberadas. Las construcciones de mis novelas son ficticias.. Por otro lado, es curioso porque la literatura no tiene ningún nexo en relación con la verdad. La literatura está fundada por la ficción. No es más que una mentira más o menos bien contada”. Lo grave e imperdonable de esta patética confesión no es el divorcio intencional entre los trascendentales del ser, segregando la belleza de la verdad y del bien, sino que esa historia que deliberadamente deforma y falsifica para apuntalar su literatura tiene a la Fe Católica y a la Cristiandad como objetos centrales de sus “inexactitudes deliberadas”. Tales, verbigracia, los espantosos casos de “La ciudad de los herejes” y “El Conquistador”, dos de sus engendros oportunamente festejados por la intelligentzia. Lo grave, asimismo, es que ese criterio que lo guía, y según el cual es legítimo confundir y engañar al lector desprevenido con una novelística histórica sin verdad alguna, no lo circunscribe Andahazi exclusivamente al ámbito de la hipotética literatura de ficción, sino que lo lleva ahora al terreno de la historia propiamente dicha, en el que pretende ubicar sus dos tomos sobre La historia sexual de los argentinos. Extraño destino el de nuestra historiografía, y aún el de “nuestro mayor varón”, como lo llamara Borges a Rosas. Ha tenido que soportar los embates del mitrismo, del academicismo masónico, de las izquierdas apátridas, de los periodistas ramplones, de los psicoanalistas advenedizos y de los egresados de la UBA. Ahora parece ser el turno de los pornógrafos. Del pornocipayismo de los mercaderes de morbo y de lujuria. “Me siento libre”, escribía Don Juan Manuel de Rosas en su destierro. Y explicaba por qué. Porque “la justicia de Dios está más alta que la soberbia de los hombres”. Esa justicia divina, en el más allá, ya habrá medido y pesado, con misericordia y rigor, el alma de aquel hombre singular por quien la Argentina conoció los días de su mayor honor y señorío. Pero aquí, en esta desangelada tierra que habitamos, la honra de los héroes genuinos, precisamente por ser tales, también les da a su memoria una libertad que está más alta que la soberbia humana. Más alta que las páginas lúbricas de un patán, que las bajaduras de un inspector de bragas, está la verdadera historia que inclina su respeto y presenta sus armas y sus banderas invictas ante los gloriosos custodios de la soberanía material y espiritual de la patria, como lo fuera en vida Don Juan Manuel de Rosas.

Antonio Caponnetto.

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Halperín y su Visión decadentista de la historia nacional. (Parte I)

Luego de haber digerido con esfuerzo los tres artículos de Tulio Halperín Donghi reunidos bajo el título El revisionismo histórico como visión decadentista de la historia nacional (cuyo primer artículo data del año 1970, y al cual le siguen otros dos: uno del año 1976 y el otro de 1997), decidimos encarar esta crítica debido a las inconsistencias observadas, el carácter “profesional” del mismo y la vigencia de esta obra en nuestra educación universitaria.
Ya que no creemos, como sí lo hace Halperín, que una obra caiga necesariamente en “un curioso arcaísmo metodológico” como lo sostiene acerca de Vida Política de Juan Manuel de Rosas a través de su correspondencia de Julio Irazusta y de la Historia de la Argentina de Ernesto Palacio.
Sobre la primer objeta que “toma por modelo la que Carlyle dedicó a Cromwell, vieja ya entonces de un siglo y que aún en su momento había estado lejos de ser un modelo de método histórico”, y sobre la segunda “se inspira casi abiertamente en la Histoire de France de Jacques Bainville, obra cuya sobria elegancia emula con éxito, y menos distante en el tiempo que la de Carlyle, pero escrita en feliz ignorancia de los avances más significativos de la historiografía francesa del siglo XX”. Y esto no es todo, para Halperín “ese arcaísmo metodológico se acompaña de un creciente arcaísmo ideológico” para dejar de lado toda veracidad que pueda encontrarse en dichas obras y juzgarlas según su gusto respecto a las modas. Y en ningún momento elabora alguna objeción o corrección puntual de las mismas, por lo que comienza condenándolas irrisoriamente por su condición de arcaicas. Pero el revisionismo histórico fundacional no se guió por metodologías en boga, se guió en todo caso por el afán de demostrar la verdad histórica, desenmascarar las mentiras y ocultamientos de la historia oficial y proyectarse en el futuro. Esto se comprueba en el prólogo de la mencionada obra de Irazusta donde él mismo declara que “Ceder a la menor tentación de una emulación imposible habría sido locura; pero no aprovechar los argumentos editoriales del maestro del género (refiriéndose a Carlyle), habría sido tontería”.
Damos por sentado que Halperín, para mantener esta postura, leyó ambas obras, las analizó y comparó entre sí con las de los pensadores europeos Carlyle y Bainville. Ahora bien, si Halperín leyó en su totalidad la obra de Irazusta, no puede sostener como así lo hace, que Juan Manuel de Rosas no nos haya dejado ningún texto exponiendo su pensamiento político. Entonces, ¿Qué hacer con la sumamente conocida carta de la Hacienda de Figueroa, dirigida Juan Facundo Quiroga el 20 de Diciembre de 1834, donde Rosas no expuso su pensamiento político con suma claridad? Esta carta tan esclarecedora se encuentra analizada en la obra de Irazusta que Halperín condena por “arcaica”. Quizás por eso, no la leyó. Pero sigamos.
En cuanto a lo que Halperín llama “arcaísmo ideológico”, simplemente transcribiremos unas palabras harto esclarecedoras de Antonio Caponnetto, quien ha tratado este “caso” con altura y ha minimizado a este “profesional” de tanto reconocimiento: “En la interpretación de Halperín - y aquí viene el nuevo apriorismo – lo ideológico esconde o disminuye lo social reducido a su vez a un puro clasicismo, y por lo tanto, aunque nunca se sabrá porqué, está mal que los revisionistas crean que “las ideas gobiernan la historia”, o que rechacen a la oligarquía en tanto condición mental y moral antes que como “capa social” o “grupo de intereses”. La apodíctica de cuño marxista se hace sentir nuevamente. Lucha de clases, sí; explicaciones económicas también; enfrentamientos de ideas o de ethos contrapuestos, ya no. Y como se ve, no se requieren explicaciones para estas preferencias tan humanas, porque todo indica que pertenecen categóricamente al mensaje revelado del sociologismo de la izquierda”.
Una constante en estos autores integrantes de la inteligentzia es el factor materialista encarnado, por ejemplo, en la visión clasista. En este “caso” que estamos tratando, se asoma entre la maleza de su pluma pseudo-proustiana, y de suave manera, la confusión entre los orígenes de algunos exponentes del revisionismo y la postura de los mismos ante la indagación histórica. Para nuestro Profesor que ha practicado la docencia en las universidades de Berkeley y San Andrés (Estados Unidos), también Juan Manuel de Rosas se impuso en nombre del “grupo terrateniente”.
Es que, a veces, el odio clasista hace confundir hasta a los mejor intencionados. Pero una cosa es Oligarquía y otra es Aristocracia. Y cuando Halperín se sumerge en la historia de nuestro país en los años treinta se confunde, nuevamente, al declarar: p.19 “(…) es perdonable que hayan creído por un momento que los enérgicos toques de trompeta de su prédica periodística habían derrumbado por sí solos los muros de esa Jericó plebeya y corrupta que era para ellos la Argentina radical, y que su tarea iba a ser desde entonces constituirse en guías de la nueva etapa histórica abierta con el fracaso de la democracia.”

Andrés Mac Lean.

Bibliografía:
- Halperín Donghi, Tulio: El Revisionismo histórico argentino como visión decadentista de la historia nacional, Siglo XXI Editores Argentina, Buenos Aires, 2006.
- Caponnetto, Antonio: “Los críticos del revisionismo histórico”, tomo I, Buenos Aires, 1998


FRANCISCO HIPOLITO UZAL, REVISIONISTA DE OBLIGADO Y DEL CORONEL MARTINIANO CHILAVERT


Casi centenario murió el historiador revisionista Francisco Hipólito Uzal, el pasado 23 de mayo de 2009. Sin embargo, la información masiva ha estado en deuda con él, pues quisimos encontrar alguna imagen del ilustre finado en Internet...y no hemos hallado ni una sola. ¿Obedecerá esto a una prueba más de la tan dudosa "democracia" informativa que despliega el sistema digital que se maneja a través de cables, modems, routers y demás artefactos?
Uzal es, junto a otros grandes esclarecidos, uno de los mayores ausentes en la aldea global de Internet, y al no haber información o datos sobre el mismo, nos volvemos a preguntar: ¿Ahora entendemos un poco más y mejor por qué desconocemos los argentinos nuestra propia historia, o por qué se continúa asociando a un Sarmiento como "padre del aula"?
Queremos rememorar, aunque sea resumidamente, al Francisco Hipólito Uzal historiador más que al político, pues hay que decir que él fue diputado nacional por Buenos Aires en los años de la administración de Arturo Frondizi (1958-1962), de quien, lógicamente, fue su seguidor. Y aunque para los que escriben en este espacio y que pertenecen a esta agrupación tal vez no resulte muy simpático, el revisionista Uzal fue antiperonista. De todas maneras, tomamos su invalorable aporte para sacar a la luz hechos que tienen que ver con la etapa federal y, dentro de ella, con la batalla de Vuelta de Obligado.
Escribió numerosos libros, entre ellos "Hombre, Cultura y Nación", "Los enemigos de San Martín", "El fusilado de Caseros", "Los asesinos de Florencio Varela" y su muy respetable "Obligado, la batalla de la soberanía". En 1980, y a través de la editorial El Corregidor, escribió otra obra que se llamó "Nación, Sionismo y Masonería. Rectificaciones a Ernesto Sábato". ¿Se entiende por qué casi no fue noticia su fallecimiento?
El abuelo paterno de Francisco Uzal había colaborado con el paria Domingo Faustino Sarmiento, quien lo puso al frente del periódico liberal "El Nacional" durante su presidencia (1868-1874), de allí el mérito que tuvo su nieto por haber desempolvado episodios tocantes al gobierno de Juan Manuel de Rosas y a los hombres que lo conformaron, como ya veremos.
La obra "Obligado, la batalla de la soberanía", está llena de documentos que atestiguan de modo inobjetable la patriada del 20 de noviembre de 1845, y muestra particular interés en rescatar la participación en aquélla del teniente de Milicias de Caballería don Facundo Quiroga, hijo del legendario caudillo riojano Juan Facundo Quiroga. En el capítulo "Partes y Comunicados sobre la Batalla Heroica", señalaba Uzal: (...) "¡Hijo 'e tigre...!" ¡Nunca más cierto el refrán! Porque como para rubricar dignamente la presencia nacional, en Obligado estuvo nada menos que el hijo del "Tigre de los Llanos", de nombre Facundo como su padre. Veamos este parte firmado por él, que dice así: “¡Viva la Santa Federación! ¡Mueran los Salvajes Unitarios! Estancia de Castro, diciembre 8 de 1845. Año 36 de la Libertad, 30 de la Independencia y 16 de la Confederación Argentina. Al Señor Comandante D. Ramón Rodríguez, jefe accidental [sic] del Tonelero. Son las siete de la tarde y aún permanecen las dos corbetas y la lancha de los enemigos fondeadas al frente de las baterías. Es cuanto tengo que comunicar a V. S. Dios guarde a V. S. muchos años. Facundo Quiroga".
Este humilde documento -parte de Guerra-, al parecer es el único escrito que lleva la firma del teniente Quiroga en lo que concierne a la batalla de Vuelta de Obligado, y Francisco Hipólito Uzal logró rescatarlo del olvido. El destinatario del parte de Quiroga, Ramón Rodríguez, no es otro que el entonces jefe del Batallón del Regimiento 'Patricios' de Buenos Aires, de descollante actuación en la refriega.
Incluso en "Obligado, la batalla...", Uzal también reivindica al coronel Martiniano Chilavert, quien luego de las acciones de noviembre de 1845 no dudó en presentarse a Rosas y formar parte del ejército criollo y federal en vez de continuar sirviendo a las tropas traidoras del unitarismo masónico. "Otro patriota, que hasta poco antes había combatido contra Rosas desde las filas del partido unitario, y en los ejércitos de Lavalle y de Rivera, pero que se irguió soberbio de indignación en la "asamblea de notables" convocada por el Pardejón [Rivera] en 1843, cuando oye que se trata del plan de segregarnos la Mesopotamia; y los apostrofa a todos, con la autoridad de su patriotismo ofendido, llamándolos "notables traidores"; ese otro patriota es el coronel Martiniano Chilavert, cuyo espíritu conmovió hasta sus últimas fibras el cañón de Obligado", escribe Uzal.
Igualmente, Francisco Hipólito Uzal le dedicará un libro entero a ese honrado argentino llamado Chilavert, quien en la batalla de Caseros (1852) no cesó en disparar su cañón contra las tropas imperiales del Brasil hasta caer prisionero por las tropas cobardes de Justo José de Urquiza, para morir lanceado y fusilado como un perro.
El título completo del libro es "El fusilado de Caseros. La gloria trágica de Martiniano Chilavert", y es uno de los que mejor refleja la existencia del valiente coronel. Salió en 1974 bajo la editorial La Bastilla, y consta de rebosantes 505 páginas. Cuando en su obra intenta hablar sobre el general unitario Juan Lavalle, antigüo colaborador de su biografiado Martiniano Chilavert, expresa Uzal con toda justicia y razón (página 240 y 241): "Lo cierto es que el Olimpo histórico argentino, la injusta distribución de honores que hoy aparece notoria, se debe en parte a estos intermediarios apócrifos, que han confundido a varias generaciones con omisiones, exageraciones y falsedades. Lavalle es una figura digna de todo respeto: el oficial distinguido del ejército de San Martín, como Suárez, como Olavarría, como otros; el coronel de la batalla de Ituzaingó contra el Imperio. Y basta. Ahí termina Lavalle. El otro, el que sacrifica a Dorrego, el que pide dos millones de pesos fuertes a los franceses, y que destruyan a cañonazos una batería argentina sobre el Paraná, ése es otro personaje. Mejor es no juzgarlo, para no herir al primero". Y continúa diciendo más adelante: "Pero en nuestra constelación de próceres ocurre algo irregular, que hay que denunciar, para ser aclarado: tenemos dos o tres grandes figuras, protagonistas de la Revolución de Mayo; después -cronológicamente hablando-, Belgrano (...) y culmina con nuestra máxima figura, el de la epopeya libertadora, San Martín. Ahora bien: inmediatamente después, por lo que nos han enseñado en la escuela, en todos los grados de la educación oficial, sobreviene mentalmente la imagen del general Lavalle. Esto significa una desmesurada sobrestimación de la figura de Juan Lavalle, dicho sea en homenaje a la más estricta justicia histórica".
Para finalizar, en esa grandiosa obra de 505 páginas, Francisco Hipólito Uzal deja un testimonio en el que se descubre un lejano parentesco entre el fundador del revisionismo histórico, Adolfo Saldías, y el coronel Martiniano Chilavert. Curiosidades de la historia: "El doctor Adolfo Saldías, al margen de esa intuición orientadora propia del historiador de raza, era descendiente de los Castellote, nieto del suegro de Martiniano Chilavert. Y él -además de muchos otros historiadores- nos suministra el nombre de Francisco como padre del Coronel, y el de María Antonia Castellote y Palacios, como esposa".

Gabriel Turone.


Juan Francisco Borges el caudillo santiagueño precursor del Federalismo.
Nació este hidalgo santiagueño en Santiago del Estero, madre de ciudades y cuna de la hispanidad argentina el 24 de junio de 1766 y fue fusilado por el Directorio centralista y logista en el Convento de Santo Domingo, Provincia de Santiago del Estero, el 1° de enero de 1817. Fue militar y político argentino, primer líder federalista de Santiago del Estero, fusilado por orden de Manuel Belgrano en cumplimiento de un decreto del Congreso de Tucumán. Fue hijo de doña María Josefa Urrejola y Peñaloza y de Manuel Pedro Borges, un oficial de linajuda familia española del ejército real. Su esposa era Catalina de Medina y Montalvo, con la que tuvo un hijo: Juan Francisco Segundo Borges, que años más tarde llegaría a ser gobernador de su tierra. En el año 1781, siendo era Ayudante Mayor de Infantería de los ejércitos del Rey, estaba a las órdenes de su padre en la ciudad de La Paz (Alto Perú) cuando fue asaltada dos veces por las fuerzas rebeldes de Túpac Catari, como parte de la revolución del Inca Túpac Amaru II. Herido al tratar de romper el sitio a La Paz y tomado prisionero, logró evadirse, pero su padre murió en combate contra los insurgentes. El 15 de febrero de 1783 fue ascendido a Capitán de los Ejércitos del Rey. En 1790 se asoció en La Paz con José María de Iriondo y Benito Blas de Abarlega para exportar la cascarilla o quina que curaba las fiebres. Debido a un problema con el intendente de La Paz, fue procesado y enviado a Buenos Aires en 1796. Por intervención del virrey marqués Rafael de Sobremonte fue absuelto y dejado en libertad en 1798. Pero al año siguiente tuvo un conflicto con Domingo A. Achával, por lo que nuevamente fue arrestado y luego liberado regresando a Santiago del Estero. En 1801 hizo una campaña al Chaco, buscando el casi mítico "mesón de fierro", un enorme meteorito muy conocido por los indígenas, pero cuya ubicación se había perdido. Viajó en 1802 a España, donde fue seleccionado como miembro de la “guardia de corps” del rey Carlos IV y le fue conferido el título de Caballero Cruzado de la Orden de Santiago, mérito singular para un hijo que tuvo el honor de nacer en la provincia cuyo santo patrono fue el apóstol Santiago, símbolo de la Reconquista por los hijos de la España imperial y católica. En 1807 el rey le otorgó un privilegio económico por sus servicios a la Corona. En España conoció a otro futuro revolucionario argentino, el salteño José Moldes.[] Retornó al Virreinato del Río de la Plata en 1808 y se dirigió a Santiago del Estero. Al año siguiente apoyó las conspiraciones independentistas de Moldes. El gobernador de la Gobernación Intendencia de Salta del Tucumán le dio el mando militar de la ciudad de Santiago del Estero en 1810, aún cuando sabía que formaba parte de los independentistas. Producida la Revolución de Mayo, la noticia de la misma llegó a Santiago del Estero el 10 de junio de 1810. Adhirió inmediatamente a ella y, junto con Cumulat y Lorenzo Lugones, presionó al Cabildo local para que reconociera la autoridad de la Primera Junta, lo que recién se ocurriría el día 29 de junio. Esto impidió que Santiago de Liniers tuviera el apoyo de Santiago a la contrarrevolución y que fracasara su plan contra la Junta de Buenos Aires, cayendo fusilado el héroe de la Reconquista junto a sus compañeros, cumpliendo su fidelidad de caballeros para con el Rey.
Borges ascendido a teniente coronel, se le encargó la formación de un regimiento de Patricios Santiagueños, integrado por tres compañías, al frente del cual se incorporó al Ejército del Norte. A causa de un incidente que tuvo en Jujuy con Francisco Ortiz de Ocampo, Juan José Castelli lo despidió del ejército el 28 de noviembre en Potosí, retornando a Santiago del Estero. Se enfrentó al cabildo de Santiago del Estero por la elección del diputado a la Junta Grande hecha el 2 de julio, que no se había hecho por un cabildo abierto, resultando electo Juan José Lami. El 15 de julio se dirigió a la Junta, pidiendo la anulación de la elección y solicitando armas. Fue el primer reclamo de representatividad de los cuerpos colegiados que se conoce en la historia de la Revolución; la Primera Junta ordenó practicar una nueva elección. No obstante, el 20 de diciembre, Castelli y Ortiz de Ocampo lograron imponer sus candidatos en la elección de capitulares. El Cabildo protestó y nombró a Borges el 4 de febrero de 1811 su apoderado ante la Junta para reclamar sus derechos electivos. Una nueva elección fue realizada el 15 de marzo de 1811, resultando elegido Pedro Francisco de Uriarte, a lo cual Borges nuevamente presentó una protesta. Ante estos gestos, al caer la Junta y ser elegido el Primer Triunvirato, su secretario Bernardino Rivadavia lo hizo arrestar y procesar en Buenos Aires. Durante su prisión, fue elegido miembro del Cabildo de Santiago del Estero en 1812; recuperó su libertad y regresó a su provincia tras la caída de Rivadavia. Estaba de vuelta en su ciudad natal el 8 de diciembre de ese año. Fue elegido diputado a la Asamblea del año XIII, pero la Logia Lautaro vetó su nombramiento tal cual hizo con los diputados orientales; el diputado por Santiago fue electo por el cabildo de Buenos Aires. Nada de esto podía dejar contento a un autonomista como Borges, que rápidamente se fue definiendo como federal y que enfrentó a la logia que por una parte negociaba con los portugueses y por otra claudicaba con el poder realista. En 1815 era gobernador de la Gobernación Intendencia de Tucumán, de la que dependía Santiago del Estero, el coronel Bernabé Aráoz. Borges dirigió una carta al Director Supremo Sustituto Ignacio Álvarez Thomas, reclamando la separación de su provincia de la del Tucumán. El Director le contestó que sus conflictos serían solucionados por el Congreso que se reuniría próximamente en San Miguel de Tucumán. El 4 de septiembre de 1815, Borges arrestó al teniente de gobernador y se hizo nombrar gobernador independiente del de Tucumán, declarando a Santiago del Estero como Pueblo Libre, en sintonía con José Gervasio de Artigas. Contaba con el apoyo de la milicia provincial y de buena parte del pueblo. Pero Aráoz reaccionó rápidamente: sólo cuatro días después, un contingente de milicias tucumanas tomaba la ciudad por asalto y Borges fue herido. Lo dieron por muerto y sus hombres se dispersaron. Cuando volvió en sí fue arrestado y enviado preso a Tucumán. Fue perdonado por el Congreso y poco después escapó de la prisión domiciliaria en que se hallaba y se asiló en Salta, bajo la protección del gobernador Martín Miguel de Güemes. Participó en los desórdenes que llevaron a la autonomía salteña, y firmó el tratado por el que el Director Supremo José Rondeau reconocía la autoridad de Güemes. El 10 de diciembre de 1816 regresó a Santiago del Estero y volvió a deponer al gobierno. Proclamó la autonomía absoluta de su provincia y se autoproclamó gobernador en rechazo a medidas anti-autonomistas tomadas por el Congreso de Tucumán. Por orden del Congreso, en que la influencia de los locales era decisiva (al menos en asuntos domésticos), el general Manuel Belgrano envió tres regimientos a reprimir la revolución. El coronel Lamadrid derrotó al coronel Borges en el Combate de Pitambalá. Se refugió en Guaype, en casa de los Taboada (abuelos de los futuros caudillos unitarios de Santiago), pero éstos lo entregaron a La Madrid. Fue fusilado con la frente alta y mirando al pelotón como buen santiagueño y criollo hidalgo en el cementerio del Convento de Santo Domingo, cerca de Santiago del Estero, a donde había sido llevado para confesarse, el primero de enero de 1817, por orden de Belgrano, cumplida por Lamadrid. Se dijo que media hora después le llegó un indulto decretado por Belgrano, ordenando no ejecutarlo. La Provincia de Santiago del Estero se separaría de la de Tucumán en 1820. Muchos años más tarde, sus habitantes lo reconocieron como el precursor de su autonomía, y lo consideraron uno de sus héroes. Dijo José María Paz en sus Memorias: “Murió con entereza al pie de un frondoso algarrobo y atado a una silla de baqueta, protestando contra la injusticia de su sentencia y la inobservancia de las formas, pero con sentimientos religiosos y cristianos”. La logia integrada por los tenderos fenicios sin sangre de conquistadores e hidalgos no toleró a Borges ni a Artigas, Güemes, San Martín, Dorrego ni a nadie que se interpusiera en sus planes e impusiera un sistema federal, popular y sin privilegios. Borges quería independencia y república federal en oposición a las tendencias racionalistas de la logia porteña. La logia no perdonó al caudillo y eran las directivas del racionalismo liberal y regalista inspirado por la tendencia de Moreno, Castelli, Rivadavia, Alvear y Monteagudo. El triunfo de éstos fue una verdadera traición a nuestro ser nacional, que provocó la guerra civil. Tal victoria de la línea liberal y extranjerizante motivó la reacción de Borges en defensa de los principios populares, nacionales y católicos que nos legó la España de Santiago Apóstol, el Cid inmortal, del Gran Capitán, de los Reyes Católicos, Carlos V, Felipe II, de los evangelizadores y mártires del cristianismo. Las heroicas montoneras federales de Borges seguirán después a otro hijo valiente de Santiago y fiel defensor del Federalismo: Don Juan Felipe Ibarra y Paz de Figueroa.
Sandro Olaza Pallero.

Bibliografía:

- Alén Lascano, Luis C., Juan F. Ibarra y el Federalismo del Norte, Buenos Aires, Ed. Peña Lillo, 1968.
- Alén Lascano, Luis C., Historia de Santiago del Estero, Buenos Aires, Ed. Plus Ultra, 1991.
- Udaondo, Enrique, Diccionario biográfico colonial argentino, Ed. Huarpes, 1945.


DICOTOMIA.
¿NACION O ANTINACION?


Intentaremos en este breve ensayo enfocar un tema de asombrosa y triste actualidad: las dicotomías en la historia argentina.
Primeramente, para entrar en materia conviene hacer una primera definición. Al hablar de nuestra historia argentina, tenemos que hacerlo caracterizándola como pendular. ¿Y por qué decimos que la historia argentina es pendular? Bueno es muy sencillo, básicamente porque a cada gobierno popular y nacional que hemos tenido le ha sucedido en el tiempo un gobierno de signo totalmente contrario. Esta pendularidad proviene del fondo de nuestra historia política, de nuestros orígenes, y denota una crisis aun no resuelta. O somos un país libre y soberano o somos una colonia sujeta a los dictámenes de una metrópoli. Entendemos que esta dicotomía sigue sin definirse y hace imposible cualquier intento serio por construir una Nación libre y soberana.
Y es aquí donde se hace necesario una segunda aclaración. Corresponde la misma a la definición de “patria”. Porque como venimos diciendo; dos concepciones antagónicas se enfrentaron desde los comienzos de nuestra historia. “Dos concepciones de la argentinidad que naturalmente tendían a excluirse la una de la otra: para unos la patria nacía consubstanciada con el sistema político burgués y el patriotismo consistía en traer la europea, por lo menos en su exterioridad más evidente, que era el régimen constitucional, y en su realidad económica que era el régimen capitalista [...] esto era llamado civilización [...] Pero para otros argentinos, para la inmensa mayoría de los argentinos, la patria era algo real y vivo, que no estaba en las formas, ni en las cortes extranjeras ni en las mercaderías foráneas. Era una nacionalidad con sus modalidades propias, su manera de sentir y de pensar que le daban individualidad. No estaba en los digestos legales sino en los hombres y las cosas de la tierra [...] Hubo una Argentina formal y una Argentina nacional: aquella se manifestó en la parte , y ésta en el pueblo todo sin distinción de clases”. (ROSA, José María, Estudios Revisionistas, Bs As, Sudestada, 1967, pp. 23 y 23).
Por lo citado, comienza a verse más claramente el problema. Aparentemente, la divergencia surge de dos ideas distintas de “patria”. Pero he de aquí que “patria” tiene un único significado, que según el Diccionario de la Real Academia Española: “Proviene del latín que significa ; es el lugar, población o país donde se ha nacido.” Por consiguiente y como lo indica la etimología, la patria es, ante todo, un suelo, un territorio, pero no sólo eso, sino que como “tierra de los padres” se comprende que la patria es por esencia una tierra humana, una tierra mía y de mis compatriotas, que a su vez posee una herencia que es irrenunciable y que le da una identidad. Por lo expuesto, patriotas eran quienes habían defendido el suelo, el territorio, la soberanía, al pueblo, y no quienes dictaron leyes, instauraron instituciones o establecieron constituciones.
Ya con la conquista misma de América en 1492 comienzan a vislumbrarse estas visiones antagónicas; estas líneas históricas que a lo largo de nuestro devenir político siempre estuvieron separadas. Y no es caprichosa la mención del año 1492 ya que es con el descubrimiento de América, donde se comienza a dar el mestizaje entre el español que vino conquistando y el aborigen, cuyo fruto será en nuestra tierra el gaucho-criollo, reflejo vivo de nuestra identidad nacional.
Pero en los albores mismos de nuestra independencia, antes del cabildo abierto del 22 de mayo de 1810 se veían bien reflejadas la dos líneas. Una claramente hispánica, tradicionalista, católica; que respondía a nuestras raíces, y la otra claramente europeizante, afrancesada y liberal. Y estas posturas fueron las que dividieron a nuestra Primera Junta de gobierno; encarnadas la primera de ellas en la persona de Cornelio Saavedra, y la segunda en Mariano Moreno, quien reflejaba el país liberal. Ante lo cual ya tenemos nuestra primera dicotomía: saavedristas o morenistas. O dicho de otro modo criollos o liberales.
Zanjada esta cuestión en favor de los criollos y constituida la primera Junta de gobierno con Saavedra como presidente, poco tiempo duró la felicidad de nuestro pueblo hasta que la Junta cayó en manos de Moreno y sus ideales jacobinos. De una Primera Junta nacional se dio paso a una segunda, y de allí se tuvo que esperar hasta que se constituyó la Junta Grande que volvió a encarnar los valores criollos y nacionales. Es muy importante destacar La Junta Grande ya que por primera vez tomó real importancia el interior de lo que en aquel momento era el interior del Virreinato del Río de la Plata, más tarde las provincias argentinas. Con la primera Junta no había tal representación, en cambio con la Junta Grande aparecieron los representantes del interior del país y con José Gervasio de Artigas empezó a vislumbrarse el federalismo.
Con el surgimiento de Artigas y mientras se libraba la lucha por la independencia se profundizaron las diferencias entre el interior y Buenos Aires. Se agudizaron los distintos criterios políticos que se tenían tanto en la América profunda del interior como en Buenos Aires. Empezaba a vislumbrarse la guerra civil entre los unitarios y los federales.
Mientras tanto pasaban los gobiernos sin pena ni gloria: así pasó el Primer y Segundo Triunvirato, el Directorio, y se siguieron sucediendo otros sin poder organizar políticamente el país ni pacificarlo.
Por esta razón creemos que todos los gobiernos fueron de neto corte liberal, europeizante y que gobernaban de espaldas al país salvo en los casos mencionados anteriormente, que constituyen honrosas excepciones. Pero tuvo revancha la Patria morena, aunque hubo de esperar hasta el año 1829 en que Rosas tomó el poder hasta 1832 para que el verdadero país hispano, criollo, federal, tradicionalista, y católico ascendió al poder.
Por supuesto que colocamos en la línea nacional aquella épica jornada de 1820 que la historiografía liberal calificó como “Anarquía del año 20”; fecha en la que Pancho Ramírez y Don Estanislao López ataron sus caballos en la pirámide de mayo exigiendo las reivindicaciones del interior federal.
Desde ya que también incluimos en la línea nacional la independencia de 1816 dictada por el Congreso de Tucumán, pero queremos aclarar que no nos estamos refiriendo a hechos políticos puntuales sino a acciones de gobierno en general.
Hemos dejado aparte, ya que por trascendente y criminal merece destacarse, que antes de la llegada al poder de Juan Manuel de Rosas, tuvo lugar el fusilamiento de Manuel Dorrego por parte de Lavalle. La llegada al poder de Manuel Dorrego en 1828 no era otra cosa que la llegada al poder de la línea nacional-hispánica que sostenemos. Sin embargo en las logias unitarias complotaron, conspiraron, y llenaron de intrigas los oídos de Lavalle, instándole a que fusilara a Dorrego. Manuel Dorrego era el gobernador legítimo de la provincia de Buenos Aires constituyendo su derrocamiento y asesinato lo que podríamos denominar como el primer golpe de estado en la historia argentina y el primer fusilamiento político de la historia contra una autoridad legal y legítimamente constituida.
Retomando la exposición decíamos entonces que el gobierno nacional y popular estuvo presente mientras gobernó Rosas entre 1829 y 1832. Terminado su mandato tuvimos que pasar por el gobierno de Balcarce, de Viamonte y Maza mientras, Don Juan Manuel hacía su recordada expedición al desierto y con ella integraba kilómetros y kilómetros de soberanía para nuestro país hasta que tuvo lugar el asesinato de Facundo Quiroga a manos de los mismos que asesinaron a Dorrego. Este nuevo acto criminal hizo que Juan Manuel de Rosas retomara el poder con la suma del poder público y las facultades extraordinarias en el año 1835. Y fue así entonces, como entre 1835 y 1852 los nacionales volvimos a estar en el poder.
De la época de Rosas debemos señalar dos o tres aspectos muy importantes. El primero fue que la lucha entre unitarios y federales tomó su forma más encarnizada en este período. El segundo, fueron las constantes agresiones extranjeras –con la perfidia y felonía de los traidores de adentro- que tuvo que sufrir la Confederación Argentina y que Rosas libró en defensa de la soberanía nacional. Y la tercera tuvo que ver con un factor económico y es lo que hizo viable el gobierno de Rosas durante tantos años. Esto fue el desarrollo que tuvieron las provincias del interior a través de la aplicación de la ley de aduanas que favorecía las economías regionales.
En 1845 tuvo lugar la Guerra del Paraná, conocida en la historia oficial como la Batalla de la Vuelta de Obligado donde la Argentina se dio el gusto de derrotar a las dos Armadas más importantes y más poderosas de aquella época, estas eran Inglaterra y Francia. Ambas tuvieron que capitular ante la Confederación Argentina, y todo sin ceder un tranco de la soberanía nacional.
Podemos definir a los unitarios como a aquellos hombres de ideas afrancesadas, iluministas, partidarios del libre cambio y del libre comercio; esencialmente liberales en lo ideológico, enemigos del proteccionismo y partidarios de la concentración de poder en Buenos Aires. Eran contrarios a las autonomías provinciales; consideraban a la Patria como sinónimo de las instituciones, y creían que el hombre nativo era inferior al europeo.
Por oposición los federales eran aquellos hombres partidarios de la tierra nativa; hombres amantes de la Patria, partidarios de la autonomía provincial, del proteccionismo económico y del desarrollo de la Nación libre de toda atadura extranjera y fiel a su cultura y tradición.
Estas corrientes, de unitarios y federales sobrevivieron en toda la historia argentina, pudiendo cambiar los nombres pero no las ideas de aquellos grupos que representaban los intereses de uno u otro sector político.
Los federales representaron lo popular y lo nacional; la Argentina profunda. Los unitarios simbolizaban lo elitista, antipopular y antinacional.
Sin embargo en 1852, un golpe cobarde y traicionero ejecutado por Urquiza, los unitarios, los franceses y uruguayos derrocaron del poder a Rosas.
En 1853 sancionaron la Constitución Nacional y Urquiza fue presidente. Estalló la rebelión porteña que duró hasta la secesión que sólo se pudo zanjar luego de Pavón, asumiendo la presidencia la antipatria, con Mitre a la cabeza. Lo sucedió Sarmiento y Avellaneda, mientras el interior se levantaba una y otra vez en montoneras pidiendo por sus derechos avasallados.
Más tarde llegó la Generación del 80, la matanza de los indios, la entrega de tierras a la oligarquía, el ferrocarril inglés, etc.
Nuevamente, el país cayó en la postración, y tuvo que esperar desde 1853 hasta 1916 para ser redimido al encontrar quien acaudillara el movimiento nacional. Y fue Don Hipólito Irigoyen en el citado año, quien resultó elegido presidente y devolvió al pueblo el poder. Fue derrocado luego de ser reelecto en 1930 por un golpe que inauguró lo que ese pensador nacional llamado José Luis Torres denominó, "Década Infame".
Pasaron largos años hasta que el proyecto nacional volvió al poder; esto ocurrió con la revolución del 4 de junio de 1943 que dio lugar en 1946 a las elecciones en las que resultó elegido como presidente el general Perón.
El pueblo encontraba nuevamente a su caudillo. Y esos fueron sus años más felices. Pero sobrevino la reacción, y en 1955, tras haber ejercido el cargo de presidente de la nación en dos oportunidades fue derrocado el Gral Perón antes de terminar su mandato.
Fueron tiempos aciagos. Época de persecución, prohibiciones, tortura, cárcel y muerte. Todo debió soportar el pueblo peronista. Hasta la ausencia de su líder que forzosamente debió marchar al exilio. Ni nombrarlo se podía por el infame decreto 4161.
Finalmente, después de 17 años de lucha y resistencia, el líder volvió al país, y retomó el timón de la Argentina. Corría el año 1974, y sin embargo fue el destino el que esta vez jugó la mala pasada, llevándose la vida del General Perón, y dejando de ese modo, acéfalo y sin jefe al movimiento nacional hasta el día de hoy.
Queda claro con esta pequeña síntesis de nuestra historia, las antinomias que en ella campean y también el hecho de que a cada actuación del pueblo sobrevino la reacción de la antipatria: Hispanistas o antihipanistas, saavedristas o morenistas, federales o unitarios, civilización o barbarie, radicales o antiradicales, peronistas o antiperonistas. Estas fueron y son las dicotomías que en el fondo expresan una misma cosa:
Nación o antinación, liberación o dependencia.

Federico Addisi.

Bibliografía:
- ROSA, José María, Estudios Revisionistas, Bs As, Sudestada, 1967.