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16 de enero de 2012

REIVINDICACION DE ROSAS EN EL "HUECO DE LOS SAUCES" (1° ACTIVIDAD DE 2012 DE JOVENES REVISIONISTAS)

Plaza Garay, en 1940.


El 3 de febrero de 2012, y en el mismo sitio donde redactara su renuncia (plaza Garay, ex Hueco de los Sauces), Jóvenes Revisionistas va a rendir un humilde homenaje y reivindicación al brigadier general Juan Manuel de Rosas, en el día que comenzaba su vil difamación por haber sido el defensor heroico de la soberanía nacional y las tradiciones de la patria.

Para eso, exaltaremos su figura como dirigente y gobernador, al tiempo que defenestraremos la versión de que a partir de Caseros comenzó la “organización nacional” por parte del unitarismo triunfante.

Mientras que cada 3 de febrero celebran el aquelarre de 1852 los beneficiados con el oprobio que significó derrocar al gobernador patriota, nosotros, Jóvenes Revisionistas, saldremos en día tan infausto para la patria a revalorizar al Restaurador de las Leyes.

LUGAR: Plaza Garay (ubicada en Avenida Juan de Garay y Pte. Luis Sáenz Peña, Ciudad de Buenos Aires).

DIA Y HORARIO: Viernes 3 de Febrero, a las 10:30 AM.

ADHIERE Y ORGANIZA: Jóvenes Revisionistas.


¡Están todos invitados!

Por la Patria y la Verdad.

2 de enero de 2012

RUINAS DE CUARTEL DE LA MAZORCA, EN EL BARRIO DE BARRACAS


Hallamos las siguientes fotografías de lo que fuera el antiguo cuartel de la Mazorca (o “Más Horca”) en tiempos de Juan Manuel de Rosas. Son dos imágenes en total, pertenecientes al Sr. Sergio Evrard.

En la primera, puede apreciarse parte del frente del derruido cuartel, con sus añejos enrejados, un antiquísimo farol de color negro, las arcadas por donde, alguna vez, pasaron los custodios del orden federal y la maleza, que parece querer destruir este jalón de patria gaucha.

Los contornos de estas ruinas, dejan ver toda una arquitectura de la época, de estilo español con tintes criollos, muy distinta de la que vino luego de Caseros, donde los “civilizados” se enceguecieron con “europeizar” nuestras pampas, nuestras arquitecturas y nuestras vidas.

En la segunda y última imagen, el fotógrafo se centró en un brocal de la misma época; brocal o aljibe, es lo mismo. Si alcanzan a percibirlo, es de antigua factoría, lo mismo el espectacular trabajo que presenta la reja superior que es por donde se colocaba la roldada y el balde para extraer el agua. Además, nótese que el brocal se situaba enfrente de la puerta principal del cuartel mazorquero, muy típico, por cierto, en cualquier tipo de construcción del siglo XIX.

Estas ruinas gloriosas parecen condenadas a su más triste desaparición y olvido. Yacen dentro de un predio que causa, su sólo nombramiento, algún erizamiento o conmoción: en los Talleres Protegidos de Rehabilitación Psiquiátrica donde se encuentran los Hospitales “Borda” y “Moyano”, en el barrio de Barracas, Capital Federal. Más precisamente, entre las calles Brandsen, Dr. Ramón Carrillo, Suárez y Avenida Amancio Alcorta.

Es una tarea por demás difícil esta de rescatar los espacios por donde transcurrió la historia de la Santa Federación. Sea porque no han quedado registros, o porque han demolido casas o edificios, o bien, porque hoy permanecen secretamente ocultos en algunos lugares que, como el que nombramos anteriormente, son de acceso restringido y para nada turísticos.



Además, existe, en el caso puntual de la Mazorca, una falsa pero contundente condena historiográfica cuyas consecuencias llegan hasta nuestros días. Luego de 157 años de su fusilamiento, Jóvenes Revisionistas rindió un homenaje –el primero en la historia patria- a la memoria del coronel Ciriaco Cuitiño, jefe de la Mazorca, en el cementerio de La Recoleta (http://jovenesrevisionistas.blogspot.com/2010/12/jovenes-revisionistas-homenajeo-ciriaco.html). 157 años. ¿Tenemos real conciencia del tiempo que ello significa? ¿Podemos comprender la cantidad de mentiras y barbaridades que se han volcado en 157 años contra Cuitiño y demás leales mazorqueros federales?

La reivindicación de los funcionarios rosistas es una lucha titánica, y más aún si los rescates se hacen hacia los que conformaron la Mazorca. Por eso, no es de extrañarnos el estado de abandono en que se encuentra una reliquia como la del cuartel de la Mazorca, ni tampoco las instituciones psiquiátricas que cerca de él se instalaron.

Por otra parte, saludamos este registro fotográfico –aun siendo escaso- que un alma inquieta y llena de amor por la historia argentina hizo sobre las ruinas ocultas del cuartel de la Mazorca, la cual dejó de funcionar el 1° de junio de 1846 por decreto de S. E. el Ilustre Restaurador Rosas.

Jóvenes Revisionistas

24 de mayo de 2011

PROVISIONES ALIMENTICIAS Y BLANDENGUES, EN LA VILLA DEL LUJAN


La extraordinario majestuosidad de la Basílica de Nuestra Señora de Luján y los antiguos juegos de kermés a orillas del río homónimo. Los adornos (estampitas, Rosarios y velas) que se venden en los típicos carritos ambulantes y los abandonados lugares para el pic-nic familiar de antes. Cuatro postales de una ciudad que nos ha dado, casi con seguridad, las primeras nociones religiosas de nuestro existir cuando, al despuntar del Jueves o Viernes Santo, íbamos en automóvil para degustar algunos pescados previa visita a la Santa Virgen de Luján, quien nos protegía con su bendición.

Rubricada en los documentos de la época federal como Villa del Luján, tiene en su haber un récord que pocos pueden advertir: es la ciudad turística más importante de la República Argentina. Fortín de frontera en la época colonial, que se extiende desde 1776 hasta 1810, Luján conserva historias que mezclan situaciones y personajes tanto gauchescos como aborígenes, y también de tacuaras, boleadoras y viejos fusiles. De toda aquella añeja e hispánica cosmovisión subsiste una muy antigua edificación que hoy es un restaurante de la villa.

EL CUARTEL DE LOS BLANDENGUES

La casa que hoy se ha transformado en el restaurante “1800” fue construida en el año 1741, y ya aparece señalada en el original de la traza del plano de Luján. Es decir, se levantó cuando nuestro país se hallaba dividido en gobernaciones; en este caso, estaba en la jurisdicción de la Gobernación del Río de la Plata.

Queda probado que en 1741, el entonces gobernador Miguel de Salcedo inició diversas gestiones para que se designara al caserío como pueblo o Villa, esto en respuesta de la solicitud que le hizo el vecindario que deseaba agruparse para defenderse mejor de la acción destructiva de malones y vagabundos que desertaban del servicio de las armas.

El peligro que abrigaba la desolación de la campaña lujanera, hizo menesterosa la creación de una compañía de milicianos del Cuerpo de Blandengues de la Frontera por 1755. Este glorioso cuerpo que cuidaba las fronteras gauchas, y de cuya formación en la Banda Oriental formó parte nuestro héroe José Artigas, tuvo su cuartel en la casa que luego se convertiría en una fonda del Luján. La construcción tuvo como objetivo principal la defensa contra los indios, prestar guardias a las carretas en las expediciones a las salinas y perseguir a los cuatreros y desertores que deambulaban, errantes, por la zona.

El Cuerpo de Blandengues consistía básicamente en una tropa de caballería ligera, y su ámbito de acción eran los parajes poco habitados de las pampas, allá donde nadie quería ser enviado. Su año de creación es un tanto confuso. Algunos lo ubican por la década de 1730, y otros señalan que aparecieron a mediados del siglo XVIII con carácter de milicias.

Varios años más tarde, en 1784, los Blandengues fueron declarados veteranos. Varias veces, por el olvido que generaban estos lugares vírgenes, el cuerpo estuvo a punto de ser disuelto, y no pocas veces se lo ha dado por abandonado a su suerte, pues no eran atendidos los reclamos para el envío de nuevas armas, municiones o vestimentas para el frío o el calor. Entre 1750 y 1775, aproximadamente, los Blandengues recibían una exigua ración de comida y ninguna paga por el cuidado que hacían de las líneas fronterizas.

Sobrevenido el grito de Mayo de 1810, el veterano Cuerpo de Blandengues de la Frontera pasó a llamarse Regimiento de Caballería de la Patria, aunque siete años más tarde volvió a tener su antigua denominación. Se disolvió en 1820 pero reapareció nuevamente a los dos años. Los Blandengues se extinguieron definitivamente en 1824, en las postrimerías de la Guerra de la Independencia y en los primeros tiempos de la guerra unitarios-federales.

CARACTERISTICAS DE LA CASONA


Soldado del Cuerpo de Blandegues de la Frontera

La puerta principal del actual restaurante “1800”, se hallaba sobre la calle Rivadavia, y en el techo se conserva una suerte de puerta-trampa que, aún intacta, servía para acceder y así defenderse, a los tiros, de los malones y las bandas de asaltantes. Las paredes interiores están revocadas en adobe, muy peculiar en la época.

La casa contaba entonces con cuatro habitaciones sobre la calle Progreso, hoy Rivadavia, y de espaldas a éstas se ubicaban las caballerizas de los milicianos Blandengues. Otras 3 habitaciones estaban sobre la calle Almirante Brown.

En 1875, ya disueltas las montoneras y desaparecidos los Blandengues, se lleva a cabo un nuevo trazado de la Villa del Luján, lo cual determinó que la casa quedara 90 centímetros dentro del terreno y la puerta se ubicó en la ochaba. De cuartel de los Blandengues pasó a constituirse en una casa de citas, y fue uno de los más afamados lugares de diversión de los lugareños. Pronto, la Municipalidad de Luján ordenó su clausura.

La propiedad se mantuvo casi intacta, a pesar de la cantidad de dueños que tuvo. En una etapa no determinada, su dueño fue un francés de apellido Peyyut, y más tarde una mujer de la alta sociedad: Doña Celina N. de Moreau. Un hombre dedicado a la cocina, Don Salgado, la adquirió en el año 1923, y de él pasó a su hijo, Manuel Salgado, el actual dueño.

En este lugar histórico, el visitante puede degustar verdaderos manjares al tiempo que contempla una construcción de antes de mediados del siglo XVIII. Milicias, gritos de malones y platos con aromas increíbles. Una postal de Luján que no muchos deben conocer. Un auténtico rincón de la patria gaucha.


Por Gabriel O. Turone

Bibliografía

- Alonso Rodríguez, Capitán Edison. “Artigas. Aspectos Militares del Héroe”, Centro Militar, Montevideo, Julio de 1954.

- Crónica Histórica Argentina (“La Rebelión de Elío”), N° 5, Editorial Codex S.A., Buenos Aires, Argentina, 1968.

- Restaurante 1800 (Folleto), Luján, 2006.

11 de abril de 2011

UNA PULPERIA DE 1850 EN LA LLANURA BONAERENSE...



En Campodónico, provincia de Buenos Aires, encontramos una antigua posta-pulpería que recibió, primeramente, el nombre de “Estancia de La Libertad”, y que en nuestros días se denomina “Estancia San Gervasio”. El dato siguiente puede sorprendernos y emocionarnos: es de 1850. Así es, nació en los últimos años de la Santa Federación rosista, bajo las reglas del coraje y la honradez de una patria esencialmente argentina.


Según nos han dicho, esta formidable posta-pulpería fue la más importante de su tipo en la zona de Tapalqué y alrededores. Está rodeada por la inmensidad de la pampa, con vegetación seca, teros, vacas y caballos siempre serviciales.


En la “Estancia San Gervasio” hay también un aljibe de la misma etapa, y varias construcciones desteñidas y con tejas sucias que, no obstante, resisten el avance de la globalización y las acechanzas del clima bonaerense.




Allí se respira federalismo, y la plenitud, el ocaso y la muerte del gauchaje que antaño galopeaba aquellas tierras con la misma libertad con que hoy vuelan las bandadas de pájaros. Esta reliquia tiene las barras de hierro originales que separaban a la clientela del dueño de la pulpería, al igual que el estaño gastado de su mostrador, donde seguramente miles de paisanos de a caballo tomaban ginebra y hablaban, esperanzados, de algún posible regreso a la patria del Restaurador, o de Adolfo Alsina, o del nuevo orden de cosas que, con el alambrado, el ferrocarril y el predominio financiero inglés, terminó con el oasis argentino para siempre.


Sus actuales dueños son Aníbal y Edgar Toso, quienes nos han recibido con la cordialidad digna de los pulperos de aquel pasado glorioso y campestre. A decir verdad, no es que ellos sean los propietarios, dado que la posta-pulpería hoy está administrada por los Monjes Salesianos de Don Bosco, los cuales tienen en Campodónico una escuela, lo mismo que en la localidad cercana de Azul. Los hermanos Toso se encargan de atender el lugar desde el año 1955, aproximadamente. Más atrás en el tiempo, la "Estancia San Gervasio" había pertenecido a la familia Casares.


Jóvenes Revisionistas –y aquí queríamos llegar- estuvo en este lugar recientemente. Retrató el mojón con algunas imágenes y le regaló al actual pulpero varios ejemplares del último número del boletín “La Reconquista” (está próximo a salir el del mes de abril-junio de 2011). Porque son estos lugares lejanos y cercanos, al mismo tiempo, en los que debemos estar. Porque si los intelectuales y pensadores nacionales nos ayudaron a dilucidar las ideas que erigieron la magnificencia de la Confederación Argentina, han sido las pulperías y los pueblos perdidos de la campaña los espacios físicos en donde aquella realidad fue vívida, concreta y real. Son los lugares que todavía siguen en pie y de los que un Manuel Gálvez o un José María Rosa nos hablaban en sus páginas.

Un ejemplar de nuestra publicación gráfica, "La Reconquista", en estos parajes de la patria gaucha.

Y mientras recorramos la pampa argentina en busca de sitios que rememoren la etapa rosista, allí habrá un joven revisionista para darlos a conocer, para describirlos y para que sepamos, de una buena vez, cuáles han sido sus ‘instituciones’ camperas, el origen de nuestros valores hispano-criollos. Para que el espíritu de los gauchos federales que pelearon por la liberad y la soberanía nunca termine entreverado en el bardo del pensamiento único y los fantoches universales.

9 de marzo de 2011

LA COMANDANCIA DE LOS SANTOS LUGARES DE ROSAS HOY (2011)



Así luce hoy la Comandancia de los Cuarteles de los Santos Lugares de Rosas, donde habitó el Restaurador de las Leyes en los momentos más críticos de las guerras contra los unitarios y las potencias extranjeras.

La imagen muestra el frente de dicha edificación, lo único que quedó de una de las más grandes divisiones militares de la Santa Federación que, entre batallones de cristianos e indios, llegó a tener una tropa compuesta por entre 13.000 y 16 mil hombres.

El techo no es original, pues antiguamente había una azotea. Las rejas de las ventanas tampoco lo son. Las paredes, los marcos de las ventanas y el trozo de madera que cruza la entrada son de la época de Rosas.

Allí también vivió el secretario y edecán de Santos Lugares, Antonino Reyes, un Federal Neto que al escapar de la prisión por 1855 evitó ser fusilado por los salvajes unitarios.




En el interior del recinto histórico, que consta de tres salones inmensos, se exhiben objetos originales de una de las etapas más gloriosas de la Patria: la Federación. Aquí se observa un Chaleco Federal, prenda que por decreto debía ser usado obligatoriamente para distinguir a los argentinos amantes del orden y el patriotismo de aquellos que simpatizaban con el partido unitario de las logias, la anarquía y la extranjerización.

Esta simbólica pieza causa profunda admiración a quienes se dedican a investigar los años rosistas con vistas al esclarecimiento definitivo de la historia argentina.

El uso del legendario Chaleco Federal terminó unos días luego de concluida la batalla de Caseros (1852), por orden expresa del loco salvaje traidor unitario Justo José de Urquiza. No obstante, esperamos, pacientes, el retorno de su lucimiento por las ciudades y calles del país.



Otra pieza interesantísima para curiosos que está dentro de la antigua Comandancia: loza federal hallada en alguna huella perdida de la tierra querida. Nótese la leyenda que hay en el centro de la misma; dice: "Viva la Federación".

¿Cuántos guisos carreros o 'empanadas federales' se habrán degustado en esta loza? Espléndido testimonio que nos llega a nuestros días gracias al revisionismo histórico que nunca descansa.


En el lado opuesto a la entrada de la Comandancia (actual "Casa de Rosas", según la denominación que tiene al presente) se puede ver el antiguo paredón, ya contemporáneo, de lo que fue la orgullosa Fábrica de Aviones Argentinos (F-A-A). Algunos memoriosos nos hablaban de la cantidad de aviones que de allí salieron cuando los dos primeros gobiernos del teniente general Juan Perón. Como una postal del país colonial y postrado que hoy tenemos, la F-A-A quedó hace décadas abandonada, y su silencioso testimonio de tiempos briosos es este paredón.

Algo así fue el final del Cuartel General y Comandancia de los Santos Lugares. Un día después de terminada la infame batalla de Caseros, el 4 de febrero, una división del Ejército Brasileño entró impunemente a sus establecimientos y saqueó y rompió todo cuanto pudo. En algunos museos de armas del Brasil seguramente hay armamentos del siglo XIX que pertenecieron a nuestro país, y que fueron robados aquel 4 de febrero de 1852.

Un unitario salvaje aunque inteligente, el general José María Paz, se encargó de censar lo que aún quedaba en ruinas del glorioso lugar. Al finalizar esta tarea, el predio se transformó en una escuela para varones de la zona, dirigidas por el maestro español Diego Pombo.

Pombo no duró mucho en dichas funciones. Para 1857, y a raíz de que muchos de sus alumnos dejaban la escuela, decidió mudarse a otra ciudad de la campaña, para nunca más regresar. Dijo, entonces, que el cierre del Cuartel General de los Santos Lugares quitó numerosas fuentes de trabajo a los hombres que habitaban cerca de allí, por lo que éstos indujeron a sus hijos a que busquen trabajo en lugar de que asistan a la escuela.

La Comandancia sobrevivió gracias al esfuerzo de argentinos honestos que lograron declarar al sitio como Lugar Histórico Nacional promediando la década del 90 del siglo XX.


Por Jóvenes Revisionistas