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17 de julio de 2011

"COINCIDENCIAS ENTRE ROSAS Y SAN MARTIN", DISERTACION DEL TCNL (R) HORACIO MORALES, EN SANTOS LUGARES

Un momento de la conferencia. A la izquierda de la imagen, el Dr. Carlos de Santis, presidente del Instituto Rosas de General San Martín, y a la derecha el teniente coronel (R) Horacio Morales.


Fue una mañana agradable la del sábado 16 de julio próximo pasado en los Santos Lugares de Rosas, en la localidad de San Martín. Diríamos, ideal para escuchar la interesante conferencia que otorgó el Tcnl (R) Horacio Morales en el marco de una serie de disertaciones que, habitualmente, organizan los integrantes del Instituto “Juan Manuel de Rosas” de la citada localidad bonaerense. Allí estuvo presente Jóvenes Revisionistas a través de su presidente, Gabriel O. Turone, y de uno de sus Vocales Titulares, Juan Manuel Cardoso.

El tema de la charla era atractivo, y siempre genera una enorme satisfacción para los que nos sabemos simpatizantes del Restaurador de las Leyes y su obra de gobierno, pues, como se sabe, ésta fue premiada cuando José de San Martín le lega a aquél su glorioso Sable Corvo desde Francia.

LOS 5 VIAJES DE LA RELIQUIA HISTORICA

El ocultamiento de la sana relación que mantuvieron Rosas y San Martín tiene como uno de sus puntos de partida la batalla de Caseros. Allí, los vencedores de la Federación tuvieron el tiempo suficiente para fabular sobre todos los aspectos de la vida de don Juan Manuel y sus funcionarios. Se dedicaron, sin más, a hacer pasar por ciertas aquellas mentiras que no tuvieron ninguna clase de asidero o sustento documental. Cuando la realidad de los hechos y testimonios se hacía patente, como ser la amistad entre el Restaurador y el Libertador, los unitarios ganadores emprendieron el ocultamiento pertinaz. “Todos estamos pagando las consecuencias de Caseros, que eliminó la etapa más gloriosa que fue la Confederación Argentina”, espetó Morales.

San Martín adquiere su sable en el año 1811 en la ciudad de Londres, Inglaterra. A partir de entonces, la reliquia será trasladada unas cinco veces de un lado a otro del Océano Atlántico, quedándose definitivamente en Argentina a partir de 1897. El itinerario bien merece ser puntualizado:

1) Estando José de San Martín en Inglaterra, a finales de 1811 adquiere el sable corvo. Un año más tarde, en 1812, ya se encuentra en las Provincias Unidas del Río de la Plata presto para iniciar la campaña libertadora. Aquí se produce el primer cruce trasatlántico de la espada (Inglaterra-Argentina).

2) Amenazado de muerte por los logistas de Buenos Aires, San Martín finaliza su campaña promediando 1824, ocasión que aprovecha para irse a Europa. Desde allá, le encarga a su hija Mercedes que le lleve su sable corvo al viejo continente. Estamos en las postrimerías de 1832, y ella cumple con el deseo de su padre. Segundo periplo trasatlántico (Argentina-Francia).

3) La muerte de San Martín se produce en 1850. Entonces, el sable corvo había pasado a engrosar el patrimonio de su yerno, Mariano Balcarce, y el de su hija Mercedes, quienes vivían en Buenos Aires. Aquí se produce el tercer viaje trasatlántico de la espada (Francia-Argentina).

4) Juan Manuel de Rosas es electo por segunda vez gobernador bonaerense en 1835. Ya en 1844, San Martín dicta su famosa Cláusula 3° donde le legaba su gloriosa espada al Restaurador. Sin embargo, semejante honor tendrá lugar a partir de 1850, cuando se lo hace saber Balcarce mediante una carta que le manda a Rosas el 30 de agosto de ese mismo año. Don Juan Manuel conservará la espada hasta Caseros y se la llevará consigo al exilio de Southampton. Cuarta travesía trasatlántica (Argentina-Inglaterra).

5) Rosas conservará la presea militar más gloriosa de la historia argentina hasta su muerte, ocurrida en 1877. La mantiene guardada en todos esos años dentro de su estuche original, con el único aditamento de mandar hacer una chapa de bronce con la Cláusula 3° (de 1844) que fijará en el mismo. Máximo Terrero y su esposa, doña Manuelita Rosas, se quedan con todos los bienes de Rosas, y se los llevan a Londres, casualmente la misma ciudad capital donde San Martín había adquirido el sable en 1811. En tierras inglesas permanecerá el sable hasta el año 1897, cuando, en el mes de febrero, retorna definitivamente a la patria. Se completa así el quinto viaje oceánico del sable (Inglaterra-Argentina).

La inquina no había diezmado las pasiones políticas en Buenos Aires. Muestra de ello fue la poca atención que mereció el retorno del corvo sanmartiniano a tierras criollas. Ni los periódicos de la época ni tampoco los altos oficiales del Ejército y la Marina estuvieron a la altura del acontecimiento que se vivía. “Solamente un viejo soldado, el antiguo trompa de órdenes de Lucio Norberto Mansilla en Vuelta de Obligado, el ya teniente general Donato Álvarez, se dignó encabezar la ceremonia militar que dio la bienvenida a la reliquia legada a Rosas por San Martín”, sostuvo el teniente coronel retirado Morales en su estupenda alocución.

PUNTOS DE CONTACTO

En vida, José de San Martín había llegado a la conclusión de que la única figura política nacional que se había acercado a sus valores era el brigadier general Juan Manuel de Rosas. “Si vemos la época –agrega Morales-, varias figuras pudieron haber sido honradas con la espada del Libertador. Antiguos colaboradores suyos como Tomás Guido, seguían vivos. El último sobreviviente de la Primera Junta, Juan Larrea, o el jefe máximo de la Armada Nacional, Guillermo Brown, también estaban vivos, y bien pudieron ser los herederos. Sin embargo, San Martín se quedó con Rosas”.


Al término de la conferencia, hubo tiempo para saborear unas empanadas y beber algo de vino y gaseosas. Todo se desenvolvió en un buen clima de camaradería, como se aprecia en la imagen.


Entre estas dos figuras claves de la historia patria hubo afecto, respeto y reconocimiento. El Restaurador le puso a dos de sus estancias nombres ligados al Libertador: a una le llamó “San Martín” y a otra “Ayacucho”. El bergantín “General San Martín”, que fuera robado por las fuerzas navales anglo-francesas en Montevideo, no habría llevado tal denominación si es que don Juan Manuel hubiera aceptado la propuesta que le presentaron sus funcionarios de ponerle “General Rosas”. Aquí, el gobernador desechó su nombre por el del anciano e ilustre general.

Como cada vez que transcurrían los últimos meses del año, Rosas se dirigía a los argentinos con un mensaje que voceaba desde la Legislatura (en la actual Manzana de las Luces de San Telmo). El mensaje de 1849 tenía exactas 240 páginas, lo que demuestra el genio de estadista que fue Juan Manuel de Rosas. En ese año, San Martín ya hacía rato que padecía problemas visuales que lo tenían a mal traer, por eso pidió en su residencia de Boulogne-Sur-Mer que ese mismo mensaje se lo lean en dos oportunidades. Así lo deja entrever San Martín en la última carta que le envía a Rosas el 6 de mayo de 1850: “El objeto de esta es tributar a Ud. mis más sinceros agradecimientos al ver la constancia con que se empeña en honrar la memoria, de este viejo amigo; como lo acaba de verificar en su importante mensaje del 27 de Diciembre pasado; mensaje que por segunda vez me he hecho leer…”.

El Libertador se siente altamente satisfecho al contemplar los importantes conceptos que Rosas a brindado a los habitantes de la Confederación Argentina en 1849: “como argentino –le dice en su última correspondencia- me llena de un verdadero orgullo, al ver la prosperidad, la paz interior, el orden y el honor restablecidos en nuestra querida patria”.

TERGIVERSACIONES Y OMISIONES

Algunos malintencionados han procurado olvidar u ocultar el verdadero significado de todas las cartas que Rosas y San Martín han intercambiado desde 1838 hasta 1850. La versión que más corrió, fue aquella que decía que San Martín “estaba viejo” y que, por lo tanto, “no sabía lo que escribía”. Otros decían que las cartas originales no eran tales porque las mismas habrían sido “cambiadas”; que dichas correspondencias no eran, para ellos, tan benévolas ni amistosas…

Un funcionario del Ministerio de Relaciones Exteriores del entonces presidente Arturo Frondizi, afirmó el 17 de agosto de 1960 que la legación del sable de San Martín a Rosas se debió “únicamente” a que Rosas era en ese momento el representante de las relaciones internacionales de la Argentina, y que hubiese dado lo mismo legárselo a cualquiera si esa representación recaía en ese momento en cualquier otra figura política…


El Dr. Alberto Gelly Cantilo dejó un mensaje en representación del Instituto Nacional de Investigaciones Históricas "Juan Manuel de Rosas", donde ratificó el apoyo de la entidad a sus pares de San Martín, y anunció que actuará del mismo modo su nuevo presidente, el Dr. Alberto González Arzac.


Un confundido Ricardo Rojas insistía en “separar” lo que fue Rosas en su política externa de la interna. Afuera, el Restaurador había sido un excelente defensor del país, sostenía Rojas, pero internamente había sido un “tirano” y un “déspota”. Aquí, Ricardo Rojas le erraba porque jamás se puede separar lo externo de lo interno, más teniendo en cuenta el contexto histórico que había tenido que vivir Rosas. Omitía decir Rojas que la política internacional rosista fue un producto surgido de la acción perversa de los unitarios salvajes que, internamente, se aliaban a las potencias extranjeras para atentar contra la soberanía nacional (guerras intestinas, bloqueos navales, focos de subversión en distintas provincias, etc., etc.). Por eso mismo, en lugares como “en el que estamos, la vieja Comandancia Militar federal, Rosas ordenó fusilar a los unitarios que conspiraban con el extranjero. Ramón Maza fue fusilado aquí, en Santos Lugares”, dijo Horacio Morales.

El teniente coronel (R) Morales dejó, y leyó, para el final una cita que dejó escrita Leopoldo Lugones a los 23 años de edad, en referencia a la repatriación del Sable Corvo que San Martín le cedió por testamento a Rosas en 1844. Al notar la indiferencia de las autoridades argentinas que lo tuvieron que ir a recibir (José Evaristo Uriburu era el presidente de la Nación), Lugones se mostró indignado, dejando unas hermosas palabras elogiosas de la figura del Ilustre Restaurador de las Leyes, don Juan Manuel de Rosas.

Así terminaba esta excelente disertación del militar retirado Horacio Morales. Siguieron, luego, algunas palabras que pronunció el Dr. Alberto Gelly Cantilo en representación del Instituto Nacional de Investigaciones Históricas “Juan Manuel de Rosas”. No solamente felicitó al expositor sino que, además, envió un mensaje de adhesión del flamante presidente de dicha entidad, Dr. Alberto González Arzac, en apoyo a las actividades que desde la localidad de San Martín se desarrollan permanentemente en pos del revisionismo histórico.

La hora de las empanadas y el vino se había hecho presente. El cielo de la tarde era limpio, y las charlas muy amenas. Degustar empanadas en el lugar donde se firmó el Pacto Arana-Mackau, o donde se construyeron o repararon los fusiles de la patria federal, es un honor que algunas veces nos podemos dar los revisionistas.

Jóvenes Revisionistas quiso dar una última vuelta por el interior de la ex Secretaría General de la Comandancia. Ahí mismo, cintillos federales originales, retratos pintados de Encarnación Ezcurra y monedas de la Confederación Argentina se ubicaban en las vitrinas del lugar. Un sótano ubicado en uno de los salones internos, al cual se podía bajar mediante una escalera, sugería que allí pudo haber estado algún salvaje unitario penando por ser un desalmado traidor. No lo sabemos, en verdad.


Viejo sótano que está dentro de lo que hoy es el Museo Histórico Regional "Brigadier General Juan Manuel de Rosas", donde se ubicaba la Secretaría General de la Comandancia de Santos Lugares. ¿Habrá algún unitario salvaje allí, mazorquero?


Salimos del sitio histórico, por la calle Diego Pombo, dejando tras de nosotros ese mojón de patria gaucha que se confunde, hoy, con la moderna urbanidad.

Jóvenes Revisionistas

4 de septiembre de 2009

CONFERENCIA

"La línea histórica San Martín, Rosas, Perón".




La línea que el Gral Perón describiera como "línea hispánica" en oposición a la anglosajona del rito celeste escocés.


Fecha: Miércoles 9 de septiembre.


Expone: Cro. Federico Gastón Addisi.


Lugar: Instituto Nacional de Investigaciones Históricas "Juan Manuel de Rosas".


Dirección: Montevideo 641, Ciudad de Buenos Aires.


Hora: Inicia a las 19 hs.

18 de agosto de 2007

CARTA DEL LIBERTADOR AL GRAL. O' HIGGINS


CARTA DEL LIBERTADOR AL GRAL. O’HIGGINS COMENTANDO LA GRAVE SITUACION EN LAS PROVINCIAS UNIDAS EN 1829

“(…) Después de escrita ésta recibo la del Gral. Lavalle, que remito en copia, con mi contestación, su objeto era que yo me encargase del mando del ejercito y provincia de Bs.As., y transase con las demás provincias, a fin de garantir por mi parte y el de los demás gobernadores /a/ los autores del movimiento del 1º de diciembre; pero Ud. Conocerá que en el estado de exaltación a que han llegado las pasiones; era absolutamente imposible reunir los partidos en cuestión, sin que quede otro arbitrio que el exterminio de uno de ellos. Por otra parte, los autores del movimiento del 1º son Rivadavia y sus satélites, y a Ud. Le consta los inmensos males que estos hombres han hecho, no solo a este país sino al resto de la América con su infernal conducta. Si mi alma fuese tan despreciable como las suyas, yo aprovecharía esta ocasión para vengarme de las persecuciones que mi honor ha sufrido de estos hombres; pero es necesario enseñarles la diferencia que hay de un hombre de bien a un malvado.”






De esta manera el Libertador en carta a su fiel amigo O’Higgins del 19 de abril de 1829, condenaba y rechazaba la oferta del partido unitario y afirmaba que “en el estado de exaltación” de las pasiones “era absolutamente imposible reunir los partidos en cuestión”, siendo la única opción “el exterminio de uno de ellos”.

Con estas palabras siempre sinceras del padre de la patria renace aquel concepto dicho por José Maria Rosa en su obra “La misión García ante Lord Strangford”; que esclarece la gran problemática de nuestra patria: para unos la argentinidad nació consubstanciada con el régimen político liberal y el patriotismo consistía en traer la llamada civilización europea, por lo menos su exterioridad mas evidente, que era el régimen constitucional y las logias. De esa forma no traicionaban a la nación aliándose con el extranjero, sino que era una empresa patriótica para civilizar nuestro bárbaro país.


Pero para otros argentinos como Dorrego, Rosas, López y Quiroga la patria era algo real y vivo, que estaba en los hombres y las cosas de la tierra. Era una nacionalidad con sus modalidades propias, su tradición y su manera de sentir y de pensar que le daban individualidad, que justamente había que preservar de la absorción foránea. No estaba en un digesto legal, sino en el sentimiento de una tradición común y la conciencia de una solidaridad.

Esta última forma de entender la patria es la que ardía en el pecho del general San Martín y que mas tarde encarnaría Juan Manuel de Rosas. Por entenderlo así, y ver reflejado en la persona del Restaurador el espíritu de verdadero caudillo, conductor de su pueblo; que llevando por norte la independencia y la soberanía, el sentir de la patria y la religión de nuestra tierra por herencia; decidió honrarlo con la distinción más alta a la que podía aspirar un argentino bien nacido. La comunidad de ideales y el amor a la nación que los dos próceres profesaban quedó estampado para la eternidad en el testamento del libertador: “El sable que me ha acompañado en toda la guerra de la independencia de la América del Sud, le será entregado al general de la República Argentina don Juan Manuel de Rosas, como una prueba de la satisfacción que como argentino he tenido al ver la firmeza con que ha sostenido el honor de la República contra las injustas pretensiones de los extranjeros que trataban de humillarla”.


Por Andrés Mac Lean


Bibliografía:

CHÁVEZ, Fermín, Testamentos de San Martín y Rosas y La Protesta de Rosas, Buenos Aires, Theoría, 1991.
PICCINALI, Juan Héctor, San Martín y Rosas, Buenos Aires, Estrella Federal, 1998.

HOMENAJE AL PADRE AUGUSTO DEL PUEBLO ARGENTINO

Homenaje al Padre augusto del Pueblo Argentino.


San Martín, el señor de la guerra, por secreto designio de Dios, grande fue cuando el sol lo alumbraba y más grande en la puesta del sol.


La valentía y la habilidad en el campo militar del General San Martín solamente pueden ser comparables con el guerrero cartaginés Aníbal. “Hallaré un camino o me lo abriré” dijo Aníbal refiriéndose a su paso de los Alpes cuando combatía contra el Imperio Romano. Muchos siglos más tarde, San Martín pudo imitar esa hazaña de una forma más heroica todavía que la realizada por el antiguo general cartaginés.
En el informe final sobre el cruce de los Andes se detallan las diferencias entre una campaña y otra: “Aníbal cruzó los Alpes por caminos que ya en esa época eran muy transitados, por ser vías obligadas de intercambio comercial. Y aunque no pueda afirmarse que su transitabilidad fuese fácil, tampoco debe considerarse que pudiera presentar grandes dificultades, puesto que el general cartaginés pudo llevar consigo elefantes, carros de combates y sus largas columnas de abastecimiento.
San Martín atravesó los Andes por empinadas y tortuosas huellas, por senderos de cornisa que solo permitían la marcha en fila india, imposibilitado materialmente de llevar vehículos y debiendo conducir a lomo de mula su artillería, municiones y víveres, aparte de haber tenido que recurrir a rústicos cabrestantes e improvisados trineos para salvar las más abruptas pendientes con sus cañones. ¿Habría podido Aníbal franquear las cinco cordilleras de la ruta de los Patos, escalando, con elefantes y vehículos, los 5000 metros del Paso Espinacito?”
El éxito de la expedición a Chile y la caída en este país del poder español daban amplitud americana a la revolución argentina y desembarazaban de enemigos a la parte austral del continente. Aliviaban además la situación de las provincias cuyanas por el restablecimiento del tráfico trasandino y constituían la etapa necesaria para la consumación del plan sanmartiniano en el sentido de asestar el golpe decisivo al baluarte de la resistencia española en el Perú. El Libertador no quiso aceptar el mando supremo de la nación rescatada. Designó para el cargo de Director a su compañero de lucha, el general O’Higgins, reservándose para la jefatura militar de la próxima campaña. Refiriéndose a dicha gesta emancipadora de los pueblos americanos el mismísimo General Perón profetizó que los argentinos nos encontramos “en el espíritu de un pueblo magnífico, capaz de jugarse la vida como en los años de la independencia americana por la libertad ajena sin exigir nada a cambio. No somos un país imperialista pero tampoco queremos entrar en la lista de los satélites”.
Las batallas libradas por nuestro Libertador despiertan en los argentinos un hondo sentimiento de orgullo. Por este motivo, existen grupos sectarios y minoritarios (pero al mismo tiempo muy influyentes) que tratan de apropiarse la figura del Padre de la Patria, entre ellos la masonería y la historiografía mitrista-liberal filounitaria.
Con motivo de cumplirse el aniversario de las batallas de San Lorenzo y Caseros, la “Gran Logia de la Argentina de Libres y Aceptados Masones” publicó una carta en La Nación (26/1/98), manifestando que la masonería argentina “desea expresar, con serena unción, que San Martín y Urquiza han integrado el rol de miembros conspicuos”. En cuanto al segundo podemos decir que fue miembro de una logia masónica fundada en 1822 llamada George Washington donde alcanzó el grado máximo, el 33. Pero en cuanto al General San Martín y su supuesta filiación masónica basta remitirnos a los testimonios de Mitre y Sarmiento, dos afamados masones de nuestra historia, quienes dicen lo siguiente sobre la relación entre San Martín y la masonería.
Bartolomé Mitre escribió: “La Logia Lautaro no formaba parte de la masonería y su objetivo era sólo político”. Por su parte Sarmiento expresó lo siguiente: “Cuatrocientos hispanoamericanos diseminados en la península, en los colegios, en el comercio o en los ejércitos se entendieron desde temprano para formar una sociedad secreta, conocida en América con el nombre de Lautaro. Para guardar secreto tan comprometedor, se revistió de las fórmulas, signos, juramentos y grados de la sociedades masónicas, pero no eran una masonería como generalmente se ha creído…”. Incluso Ricardo Rojas, uno de los biógrafos de San Martín más conocidos, en su obra “El santo de espada” afirma que “no existe ningún documento para probar que San Martín haya sido masón”. Es decir que la Logia Lautaro fue una reunión de americanos con exclusivos fines políticos y militares como lo fue en el siglo pasado el G.O.U que llevó a cabo la Revolución del ‘43. En otras palabras, existían grupos políticos y militares al margen de la masonería e independientes de su ideología y sus mandatos, con frecuencia opuestos ideológicamente a ella y que se reunían en la prosecución de objetivos políticos y/o militares.
En un interesante artículo relativo al tema, Gerardo Bra, en la Revista Todo es Historia, destaca la investigación que por más de tres décadas realizó Patricio L. Maguire, miembro de la Junta de Historia Eclesiástica Argentina, dependiente del Episcopado. De esa labor, brota su refutación a la tesis masónica, a la que califica de fabulosa mentira urdida por masones argentinos y sus acólitos, con el fin de obtener renombre, prestigio, en favor de la masonería argentina. Maguire argumenta que las logias masónicas no permiten las discusiones políticas –fundamentales en la lucha de San Martín- y que, asimismo, fueron notorios masones sus más destacados enemigos, como Rivadavia, Cochrane y los hermanos Carrera. Aporta, finalmente, una comunicación de la Gran Logia Unida de Inglaterra, la cual, contestando una carta suya, aclara que la Logia Lautaro “[...] no tenía relación alguna con la francmasonería regular, y que San Martín, entre otros argentinos mencionados, nunca fue miembro de logias bajo la jurisdicción de la Gran Logia Unida de Inglaterra [...]” Sin embargo, a pesar de estas refutaciones que hemos realizado, algunos historiadores se empeñan en decir que el retiro de San Martín del Perú se debió a una decisión masónica disponiendo que Bolívar se hiciera cargo del mando en la gesta libertadora. Lo cierto es que San Martín llegaba debilitado, paradójicamente, por la falta absoluta de apoyo de su masónico enemigo Rivadavia secundado por los directoriales y los logistas unitarios. Es decir, que su sentimiento patriótico lo pondrá en conflicto con las órdenes de la Logia, cuyos venerables, entre ellos Alvear, le harán llegar sus advertencias cada vez más amenazantes por su indisciplina. La situación hará eclosión con la desobediencia de Rancagua, cuando el general San Martín decide resistir la orden de regresar a Buenos Aires con su ejército para defenderla del acoso de los caudillos López y Ramírez, abandonando la campaña de los Andes. Fue ésta una de las razones para que todo se hiciera muy difícil para San Martín de allí en más.
Siguiendo esta línea de de razonamiento, otro afamado masón con el que tuvo que lidiar el general San Martín fue el marino británico Cochrane. Este innoble personaje llego incluso a hacer peligrar la campaña sanmartiniana al Alto Perú negándole su escuadra naval lo cual nos lleva a preguntarnos si San Martín hubiera sido efectivamente un agente al servicio del imperialismo inglés y de la masonería, ni Cochrane ni ningún marino inglés y masón como él, se hubieran atrevido a oponer el más mínimo obstáculo a la campaña emancipadora llevada a cabo por nuestro consagrado prócer. Antes el contrario, se hubiera constituido en el solícito y entusiasta colaborador de dicha empresa.
En el caso concreto de San Martín, existen posiciones centrales del Gran Capitán decididamente contrarias al interés británico: 1) su negativa a servir los intereses de la burguesía comercial criollo-británica en 1820; 2) su antagonismo político con Rivadavia y su grupo, expresión de aquellos intereses; 3) su lúcida comprensión acerca de la necesidad de unificar a la América Española, en rotunda oposición a la política balcanizadora (de “dividir para reinar”) implementada por los ingleses en América; 4) su apoyo a la Confederación Rosista, en 1945, ante la agresión anglofrancesa.
Otro argumento que esbozan los cipayos para descalificar al Padre de la Patria es la suposición de que San Martín haya sido traidor a España y desertor de su Ejército. Para refutar semejante ignominia trascribiré a continuación el dictamen redactado en respuesta a la solicitud de retiro del entonces Teniente Coronel Don José de San Martín: “Este oficial ha servido bien a los veintidós años que dice y tiene méritos particulares de guerra, principalmente los de la actual le dan crédito y la mejor opinión. Por mi parte hallo fundado el motivo que expone para pedir su retiro y traslación a América…”. Como está visto, San Martín pidió el retiro del Ejército español, cumpliendo rigurosamente todas las normas legales vigentes, con la máxima transparencia, a la luz del día. La nota en que España le acuerda el retiro es sumamente honrosa para el peticionante, como que dice de él, que sus veintidós años de servicios en la Península “… le dan crédito y la mejor opinión”.
Continuando con la reseña histórica, al llegar a Buenos Aires se le acusó de haberse convertido en un conspirador. Desalentado por las luchas internas entre unitarios y federales decidió marcharse del país con su hija, quien había estado al cuidado de su abuela. El 10 de febrero de 1824 partió hacia el puerto de El Havre, Francia. Tenía 45 años y era Generalísimo del Perú, Capitán General de la República de Chile y General de las Provincias Unidas del Río de la Plata. Luego de un breve período en Londres, se instalaron en Bruselas y poco después en París. En 1828 intentó regresar a Buenos Aires, aunque no llegó a desembarcar. El levantamiento de su antiguo compañero de armas Juan Lavalle contra el gobernador Manuel Dorrego, el posterior fusilamiento de Dorrego, las rivalidades y la profunda decepción que sentía por lo que acontecía en la política del país fueron los motivos principales para que San Martín decidiera instalarse definitivamente en Europa.
En una carta a su amigo O’Higgins el General San Martín se refería de esta forma a los golpistas unitarios: “Los autores del movimiento del 1º de diciembre (Pronunciamiento de Lavalle) son Rivadavia y sus satélites, y a usted le consta los inmensos males que estos hombres han hecho, no sólo a este país sino al resto de la América con su infernal conducta: si mi alma fuese tan despreciable como las suyas, yo aprovecharía esta ocasión para vengarme de las persecuciones que mi honor ha sufrido de estos hombres, pero es necesario enseñarles la diferencia que hay entre un hombre de bien y un malvado”. En referencia a Lavalle se refiere también en los siguientes términos: “Sería yo un loco si me mezclase con esos calaveras. Entre ellos hay algunos, y Lavalle es uno de ellos, a quien no he fusilado de lástima cuando estaban a mis órdenes en Chile y en Perú. Los he conocido de tenientes y subtenientes; son unos muchachos sin juicio, hombres desalmados”. Por eso, en cuanto al protagonismo que la Historia oficial brinda a personajes como Rivadavia o Lavalle, las palabras del Padre Castellani reflejan de manera tragicómica esta situación cuando dice que “no es un mal que en la Argentina hayan habido traidores, el mal esta en hacer estatua a los traidores y adorar las traiciones”.
A modo de conclusión y para dejar en claro cuales eran las preferencias políticas del Libertador, como así también su inclaudicable patriotismo, citamos la famosa frase que San Martín le escribiera al Restaurador de las Leyes denunciando la perfidias unitarias: “Lo que no puedo concebir es el que haya americanos que por un indigno espíritu de partido se unan al extranjero para humillar a su patria y reducirla a una condición peor que la que sufríamos en tiempos de la dominación española: una tal felonía ni el sepulcro la puede hacer desaparecer”.

San Martín que tu nombre
honra y prez de los pueblos del Sur
aseguren por siempre los rumbos
de la Patria que alumbra tu luz.

PABLO GOVI

Bibliografía:

- PALACIO, Ernesto, Historia Argentina, Buenos Aires, Abeledo Perrot, 2004.
- GALASSO, Norberto, Seamos libres y lo demás no importa nada, Buenos Aires, Colihue, 2000.
- O’DONNELL, Pacho, Los héroes malditos, Buenos Aires, Debolsillo, 2006.
- UZAL, Francisco Hipólito, San Martín contraataca, Buenos Aires, Theoría, 2002.