viernes 16 de mayo de 2008

APERTURA DEL II CICLO DE PENSADORES NACIONALES

EL DIA JUEVES 22 DE MAYO, A LAS 19 HS, EN LA SEDE DEL INSTITUTO J M DE ROSAS (MONTEVIDEO 641) SE PROCEDERA A LA APERTURA DEL II CICLO DE PENSADORENES NACIONALES ORGANIZADO POR LOS JOVENES REVISIONISTAS.


INICIALMENTE DISERTARIA EL PROFESOR Y FILOSOFO ALBERTO BUELA PERO POR EL COMPROMISO MILITANTE DE ESTE Y OTROS DESTACADOS PENSADORES, TENDREMOS EL HONOR DE ABRIR EL CICLO CON LA PRESENCIA DE:


- ALBERTO BUELA , DISERTANDO SOBRE PEDRO DE PAOLI.

- ALFREDO MASON, DISERTANDO SOBRE RAMON DOLL.

- HORACIO CAGNI, DISERTANDO SOBRE CESAR MARCOS.


TODO ESTO EN EL MARCO DE UNA MESA REDONDA DE PRIMER NIVEL INTELECTUAL CON HOMBRES DE LA PRIMERA LINEA DEL PENSAMIENTO NACIONAL.

DESDE YA QUE LOS ESPERAMOS A TODOS A LAS 19 HS. A DISFRUTAR DE TAN EXCELSOS EXPOSITORES.


lunes 12 de mayo de 2008

II CICLO DE CONFERENCIAS: "LOS PENSADORES NACIONALES".

LOS JOVENES REVISIONISTAS, RAMA JUVENIL DEL INSTITUTO DE INVESTIGACIONES HISTORICAS JUAN MANUEL DE ROSAS, ORGANIZA EL II CICLO DE PENSADORES NACIONALES.

ENTRADA LIBRE Y GRATUITA.
SE ENTREGARA CERTIFICADOS DE ASISTENCIA CON EL 75% DE PRESENCIA AL CICLO.


APERTURA: JUEVES 22 DE MAYO. 19 HS
DISERTARA: FILOSOFO ALBERTO BUELA.
TEMA: PEDRO DE PAOLI, UN PERONISTA TRADICIONALISTA.
LUGAR: SEDE DEL INSTITUO (MONTEVIDEO 641, CAP. FED).


EL MISMO CICLO CONTINUARA CON LAS SIGUIENTES FECHAS CONFIRMADAS HASTA EL MOMENTO:

Jueves 5 de Junio 19,00 hs.

“Arturo Jauretche: El desarrollo nacional y la Independencia Económica” por el Sr. Ricardo Micotis.

Jueves 19 de Junio 19,00 hs.
“Jauretche y el Revisionismo histórico” por el Dr. Antonio Vergara del Carril.

Jueves 3 de Julio 19,00 hs.
“Abelardo Ramos y la Patria Grande” por el Dr. Juan Federico Elsen.

viernes 2 de mayo de 2008

Comandos en Acción en Malvinas.

Enfrentamiento de Comandos.
“Una llamarada heroica”

“Cuando combatíamos contra unidades de conscriptos el asunto era relativamente fácil, pero cuando combatíamos contra soldados profesionales el asunto era difícil, y nos causaron serios problemas”
General Moore (Jefe adversario).



Los múltiples intentos de “desmalvinización” de la conciencia argentina, han logrado sepultar la historia de un grupo de soldados que con gallardía y movidos por el amor a la patria llevaron acabo en el que fuera el último choque bélico de una guerra comenzada hace ya casi dos siglos. Ésta es la historia de una de las batallas libradas por las Compañías de Comando 601 y 602, tema poco trillado - por no decir ignorado – por el periodismo argentino, las cuales salían por propia voluntad a enfrentarse con el experimentado ejército británico.

Los Comandos son pequeños grupos de choque, destinados a hacer incursiones ofensivas en terreno enemigo. Están integrados por soldados profesionales con la tal aptitud. Tanto el ejército argentino como el del Reino Unido contaban con estas tropas especiales, dirigidos por soldados de suma experiencia.
La Compañía de Comandos 601 se encontraba en las islas Malvinas prácticamente desde la iniciación del conflicto; en tanto que la 602, arribó más tarde al archipiélago. Al mando de estas verdaderas tropas de élite, estaban el Mayor Mario Castagneto y el Mayor Aldo Rico, respectivamente de la 601 y 602.
En la madrugada del martes 8 de junio de 1982, se alistó toda la Compañía 602 – a esta altura de los acontecimientos las compañías operaban en conjunto -, contando con treinta hombres aptos para desempeñar el ataque. Coligada con el Tte. Cnel. Soria, jefe del Regimiento de Infantería 4, la Compañía se dispersó inteligentemente delante de las posiciones del Regimiento 4 (Monte “Two Sisters”), para así montar una emboscada.
Casualmente, esa misma noche, los Comandos británicos, ubicados en el Monte Harriet, decidieron infiltrarse en las líneas de defensa; pero al escuchar ruido de combate en esa zona, volvieron por donde estaban ubicados los Comandos argentinos.
El Sargento Mario Cisnero se hallaba como apuntador de una ametralladora, asistido por el teniente primero Guglielmone, bajo las órdenes del capitán Tomás Fernández. El “Perro” Cisnero era un suboficial catamarqueño nacido en una familia criolla y numerosa. Conocido por todos sus compañeros por su espíritu solidario, su profesionalismo y valentía; fue instructor de comandos (allí se ganó su apodo) y muchos de los que se hallaban combatiendo a su lado, habían sido sus cursantes. Haciendo el curso de paracaidista saltaba como todos a unos 2.000 metros de altura, sólo que sus compañeros habrían el paracaídas a unos 700 metros y era ahí cuando en la inmensidad del cielo veían pasar un “cohete humano”; era el “Perro” que recién lo abría a los 300…Esta breve anécdota, ilustra de qué estaban hechos nuestros Comandos, de los que Cisnero fue un paradigma.
Aquella noche del 8, Cisnero visualizó una columna enemiga, y rápidamente preguntó a su sargento: “¿Les abro fuego?, y éste contestó: “No, no abra fuego.”, considerando que a la distancia que se encontraban – 700 u 800 metros – no era rentable dispararles. Tiempo después el mayor Rico decidió replegarse y actuar al día siguiente. Estaba ubicada la posición.
Para la nueva incursión, se programó una nueva estrategia de ataque, esta vez la Compañía 602 contaría con el apoyo de artillería y una docena de hombres del cuerpo de Gendarmería. El teniente primero Enrique Stel actuó de intermediario con los Comandos y el Grupo 3.
Alrededor de las 9 de la noche el grupo de Comandos llegó a posición, y se montó la emboscada. Todo ocurriría en el mismo lugar que el día anterior. Pero la estrategia de ataque fue la siguiente. Abajo del Monte, un escalón de apoyo con una ametralladora, compuesto por el sargento Mario “Perro” Cisnero como apuntador y el teniente primero Vizoso; más arriba el mayor Rico acompañado por el capitán Ferrer, cerca de ellos, bajando a la derecha, otra ametralladora manejada por el teniente primero Enrique Rivas y servida por el sargento Miguel Franco. El escalón de asalto estaba dividido en dos fracciones, situadas en el bajo a ambos costados: el capitán Tomás Fernández con su sección a la derecha, y el segundo comandante Santo con los gendarmes y otra ametralladora a la izquierda. El capitán médico Ranieri, armado también, fue situado detrás y arriba de Rico. Finalmente, 150 metros más elevado se hallaba el escalón de protección y recibimiento a órdenes del capitán Villarruel.
En la silenciosa vigilia, los soldados argentinos observaban sus sectores con los visores nocturnos de doscientos metros de alcance. Alrededor de las dos de la mañana, el sargento Vizoso divisó una columna de enemigos que se acercaba cautelosamente por la derecha hasta pasar por delante de él. Rápidamente avisó a Rico y éste contestó: “¿Y por qué no les disparaste?”, y Vizoso perplejo ante la reacción de su mayor dijo: “Pensé que no debía, para que viniera más gente.” Sorpresivamente el silencio fue irrumpido por una explosión. Los ingleses tomaron la ofensiva, y sorprendieron a quienes pensaban emboscarlos.

Cuatro ingleses se acercaron rápidamente hacia la posición del “Perro” y de Vizoso, y rompieron fuego con un lanzacohetes. La granada reventó contra el cuerpo de Cisnero, matándolo en el acto, y arrojando al teniente primero Vizoso unos metros hacia delante con cinco heridas en la cabeza producidas por las esquirlas. Como un acto reflejo el teniente primero tomó la MAG, pero estaba inutilizada. Al mismo tiempo se acercó un grupo de ingleses para rematar a los Comandos, pero el soldado argentino se hizo el muerto; los británicos se percataron de sus movimientos y soltaron sendas ráfagas contra ambos cuerpos caídos.
Milagrosamente Vizoso se salvó, ya que el soldado que intentó rematarlo le disparó con su fusil en automático a muy corta distancia, y el retroceso del arma tornó impreciso el fuego. Solo una bala logró penetrar en el cuerpo de nuestro héroe: por el hombro derecho, recorriendo toda la espalda y desgarrando la carne.
Los enemigos creyeron muerto a Vizoso y se retiraron. Pero en un acto de valentía, el teniente primero Vizoso alcanzó su fusil y soltó una ráfaga de fuego contra los soldados enemigos, vaciando un cargador entero. Vizoso, al ver desplomarse la fila de los ingleses, creyó que estaban cuerpo a tierra, cambió el cargador y volvió a liberar una ráfaga de fuego; posiblemente los soldados británicos hayan muerto en el acto. Al terminar el segundo cargador, sintió una fuerte molestia en su cabeza y al tocarse se percató de que estaba mal herido: “Estoy hecho un colador”. El oficial no podía entender cómo hacía para mantenerse en pie. Esto tiene una explicación, al ser la bala trazante, luminosa, con un compuesto de fósforo, cauterizó la carne impidiendo la hemorragia.
El combate crecía segundo a segundo. La intensidad del fuego inglés era tremenda, nuestros soldados se mantenían firmes en sus posiciones alentados por la fe religiosa y patriótica.
En medio de la noche fría y húmeda, ambos grupos de Comando libraron un cruento combate, que considerando lo mencionado en líneas anteriores sobre el accionar de ésta especialidad, sólo en una isla puede darse un choque de este tipo. En la conmoción imperante el mayor Rico ordenó al teniente primero Rivas que se pusiera a la par de él, ya que la posición del “Perro” y Vizoso había sido perdida. Al haber una falta de interpretación, la sección de Gendarmería se desplazó muy hacia atrás, y al hacerlo recibió fuego directo de unas “bazookas” inglesas provocando la muerte del sargento primero Acosta e hiriendo a otro oficial.
Al tiempo que desde el Monte Kant la artillería británica de campaña comenzó a tirar contra las huestes argentinas, el jefe del S.A.S dio la orden de retirada.
Rico, por precaución, ordenó que su Compañía se repliegue, empero, nuestros soldados cegados por el furor del combate y la ira de haber perdido a dos compañeros, quisieron rescatar el cuerpo de Cisnero; Rico denegó tal intención, a lo que el teniente primero Lauria contestó: “¡Mi mayor, cómo vamos a replegarnos!, ¡Los hemos molido a patadas a los ingleses! ¡Hay que hacer una persecución y aniquilarlos!”.
El mayor Rico enfurecido puso en su lugar a Lauria haciéndole ver lo temerario de su idea, dado que los ingleses se retiraban batiendo toda la zona bajo un intenso fuego de artillería. Como “castigo” le ordenó que se haga cargo de la retirada en ese sector. El retroceso fue cubierto por Rico, y los capitanes Ferrero, Fernández Funes y Ranieri, el último de los cuales lanzó el desafiante lema: ¡Dios y Patria o muerte!
Rico ordenó que la fuerza británica sea perseguida por la artillería, y así lo fue por 400 metros. Al no oírse más de ella; el mayor Rico se replegó con su Compañía hacia donde lo esperaba el capitán Villarruel.
El regreso a Puerto Argentino fue muy silencioso, cada uno meditaba lo sucedido minutos atrás. El cansancio se iba apoderando de ellos, ya que al relajarse las tensiones se desvanecían y se daba lugar al desgaste. Nuestro muy dolido Vizoso meditaba más que ninguno sobre la pérdida de su compañero de posición Cisnero, quién tan valientemente se había desempeñado en éste y otros combates, donde se destacaba por sus vastos conocimientos en operaciones de Comando y por el coraje con que manifestaba su amor a la Patria.
Vizoso fue intervenido quirúrgicamente y obligado a volver al continente. Así lo hizo la noche del 13 de junio, cuando el aeropuerto fue bombardeado, en el último avión que logró salir de Puerto Argentino.
Los Comandos argentinos registraron 4 bajas, entre muertos y heridos. Entre ellos el muy querido “Perro” Cisnero. En su cuaderno de notas se encontró lo siguiente: “¡No sé rendirme, después de muerto hablaremos! Señor te pido que mi cuerpo sepa morir con la sonrisa en los labios, ¡como murieron tus mártires!...Quiero ser el soldado más valiente de mi Ejército, el argentino más amante de mi Patria. Perdóname este orgullo, Señor”. Todos quisieron ir a rescatar su cuerpo. No pudieron. Hoy su tumba no está identificada.
En tanto, las bajas del S.A.S registraron, según la B.B.C, 33 bajas, comprendiendo también muertos y heridos. Pero tenemos también el testimonio de Andrés Ferrero, que cuando fue apresado en Saint Edmond escuchó a un inglés narrando el sangriento choque de Comandos, donde relataba que los ingleses tuvieron 18 muertos en el acto, y otras como consecuencia de las heridas. Y agregaba que había sido un combate encarnizadísimo y que pensaron que se habían enfrentado con un Regimiento completo de nuestra línea.
Es nuestro compromiso como argentinos rendir honor a éstos, quienes fueron fieles pilares de nuestra independencia y quienes supieron mantenerse a la altura de los acontecimientos en momentos tan difíciles.
Desde éstas humildes líneas rindo homenaje a los caídos y a sus familias, y hago mías las palabras del oficial Ranieri: “¡Dios y Patria o muerte!”


Matías Pascual.


Bibliografía:

- RUIZ MORENO, Isidoro J, Comandos en Acción. “El ejército en Malvinas”, Buenos Aires, Emecé, 1998.
- WEST, Nigel, La guerra secreta por las Malvinas, Buenos Aires, Sudamericana, 1997.
Malvinas 20 años, 20 héroes, Buenos Aires, Biblioteca Soldados, 2002.

Bibliografía recomendada.


Comentarios bibliográficos.


- ALBERTO GONZALEZ ARZAC: Pensamiento constitucional de Arturo Sampay, Quinqué, Buenos Aires, 2007, 182 pp.


Este libro refleja el pensamiento y obra del jurista Arturo Sampay, pensador clave en la reforma constitucional de 1949, obra del constitucionalista Dr. Alberto González Arzac, quien ha sido catedrático de Derecho Constitucional, jurista de impecables antecedentes académicos y hasta hace poco Director del Instituto de Derecho Político del Colegio Público de Abogados de la Capital Federal. Preocupante es el olvido y el no reconocimiento que ha sufrido el doctor Sampay, quien debió soportar, como una carga el hecho de ser el sublime arquitecto de la "Constitución Justicialista" de 1949, derogada por un bando de la llamada "Revolución Libertadora". Los avatares políticos de nuestra realidad lo llevaron desde la cumbre de su obra jurídica-constitucional a un prolongado exilio tras el establecimiento del gobierno de facto en 1955. A 30 años del fallecimiento de Sampay, un 14 de febrero de 1977, esta obra constituye un homenaje al talentoso jurista entrerriano, maestro de la ciencia política y el derecho constitucional. González Arzac, discípulo de Sampay, quien es uno de los grandes pensadores políticos argentinos junto al tucumano Juan Bautista Alberdi, inspirador de la Constitución de 1853. Alberdi dio preeminencia a la libertad, concebida como motor del progreso y Sampay a la justicia entendida como pauta axiológica del bien común para el que las libertades formales no son garantía suficiente. Fue Alberdi arquetipo del pensamiento político liberal del siglo XIX y Sampay del pensamiento político social del siglo XX. Este libro contiene datos biográficos del homenajeado, su adhesión al yrigoyenismo, ingreso al peronismo, su labor en la Convención Constituyente de 1949, su desempeño en la cátedra, el destierro y regreso al país. Asimismo se transcribe el texto de la Constitución de 1949, sus notas e informe de la comisión reformadora. En el informe de la Comisión se destaca el discurso pronunciado por Sampay el 8 de marzo de 1949, donde critica al liberalismo imperante en la Constitución de 1853: "Yo no me ocuparé en poner de relieve los errores de esta concepción política, que tuvo efectos que produjeron una penosa realidad sociológica –la concentración de la riqueza en pocas manos y su conversión en un instrumento de dominio y de explotación del hombre por el hombre-, y que, mientras algunas potencias extranjeras proclamaban al exterior la libertad económica para servirse de ella en su política de imperialismo y de monopolios mercantiles, nos llevaron a los argentinos, en aras de ese esquema utópico, con toda buena fe- pues la generación liberal del 53 estaba constituida por doctores de una ideología, y no por servidores de una plutocracia –a poner en manos ajenas el usufructo de nuestras riquezas y hasta el control internacional de nuestros ríos interiores. Por lo demás, quienes trabajan con realidades históricas –único modo de crear formas de vida política, como nos proponemos- no han menester, para persuadirse, de más demostración que las consecuencias de esos yerros; y yo no puedo detenerme aquí con los ideólogos imbuidos todavía de las doctrinas del siglo pasado, que no ven esta realidad, porque es inútil discutir con ciegos sobre colores". En fin un libro muy útil para los estudiosos y juristas que quieran introducirse en la vida y obra de este ilustre constitucionalista cuyo aporte no se enseña en las Facultades de Derecho.


Prof. Sandro Olaza Pallero.



- AZPIRI MUÑOZ, JOSE LUIS (H): Soledad de mis pesares. Crónica de un despojo, Buenos Aires, Corporación del Sur, 2007, 269 pp.
Estamos en presencia de un libro trascendente, porque trasciende el orden vulgar de los trabajos escritos en orden a este tema. Trasciende no solamente de aquellos que surgen de la colonización mental y pedagógica, que, aunque en declinación nos han avergonzado, sino que trasciende el nivel de los trabajos de aquellos que han hecho una discreta y hasta correcta interpretación de la guerra de las Malvinas. El autor delata una cultura universal y nacional en donde asienta sus análisis; delata un manejo idiomático y literario nada común en los jóvenes escritores contemporáneos de cualquier género, en el que alterna la cita erudita con esa mordacidad a la que nos tiene acostumbrado el autor, quizá refugio al que recurren los que truecan el dolor de una Patria invertebrada con la causticidad de una réplica irónica. En fin, estamos en presencia de un libro cuyo autor exhibe talento, cultura y una generosa y actualizada información documentada, ponderaciones que no siempre corren juntas. Ahora bien, no es sólo un tema que se aborda sino varios que sutilmente se hermanan, se permean, se capilarizan sinérgicamente. Sin embargo. Se advierten tres ejes vertebrales: uno, el de las relaciones entre la Argentina y Gran Bretaña desde el siglo XVII hasta el siglo XX; la historia específica de las Malvinas y sus vicisitudes, eje central, y el análisis de la globalización. En el primero el autor recuerda que nuestro continente ha sido asediado por la piratería inglesa con acuerdo o consentimiento de la corona inglesa. Desfilan el famoso pirata Cavendish, los Drake, Hawking, Mansfield, Morgan Raleigt y otros y, fundamentalmente, el intento de mayor envergadura para la toma del Río de la Plata, piratería luso británica derrotada frente a Colonia de Sacramento por el entonces gobernador don Pedro de Cevallos. Luego las dos invasiones inglesas de 1806 y 1807 y no como una aventura inconsulta y alocada de Popham y Beresford sino como una operación diseñada para tomar colonialmente estas regiones.Eso de que Popham y Beresford procedieron sin autorización del Almirantazgo, es considerado por Pepe Muñoz Azpiri como "una beatería inventada por el Foreing Office para consumo elemental de las escuelas del Reino Unido y de la República Argentina". Así como hubo sectores de la población americana y particularmente rioplatense que estaban dispuestos a recibirlos y ponerse a su servicio, como lo señala el autor. Recuérdese la liberación de Beresford y Pack que, prisioneros, iban confinados a Catamarca y fueron liberados por Saturnino Rodríguez Peña y Aniceto Padilla, llevándonos de regreso a sus buques invasores. Y acá se ven perfectamente los tres factores que permanentemente se enfrentan en la historia argentina: el factor externo que se proyecta sobre el país no con fines filantrópicos, el pueblo que se defiende con lo que tiene, eligiendo o apareciendo los jefes que en esa eventualidad luchan por la Nación, y finalmente el tercer factor, sectores minoritarios pero poderosos económica, social y culturalmente que juegan de espaldas al porvenir argentino. Luego de las invasiones inglesas de aquellos años de invierno, vino la usurpación de las Malvinas en enero de 1833, precedida por la salvaje incursión norteamericana de la "Lexington". Para proseguir después con las intervenciones colonialistas francobritánicas que produjeron la heroica respuesta de la Vuelta de Obligado y Punta del Quebracho, y así suma y sigue. Pero la historia liberal primero y ahora la llamada "Progre" nos siguen trampeando y silencian o distorsionan la historia para encubrir sus complicidades. En los textos escolares de la actualidad, cuando se refieren a las agresiones imperialistas del siglo XIX, la ocultan y en un solo capítulo con el nombre de "Conflictos de la época de Rosas" entre 1838 y 1840, aluden indistintamente al "Pronunciamiento de Berón de Astrada", a la "Campaña del ejército libertador de Lavalle", a "El levantamiento de los estancieros del sur" y el de Maza, conjuntamente con la agresión imperialista de Francia que también denominan conflicto, poniendo en un mismo nivel valorativo todas éstas circunstancias históricas, cuando es advertible que el factor determinante de estos hechos fue la guerra con Francia que alentó los demás hechos históricos. De esta manera, falsificando las valoraciones axiológicas de los hechos se adultera la historia. De la misma manera en los manuales actuales en uso en las escuelas, en el capítulo correspondiente, en vez de denominar "Recuperación de las Malvinas", encolumnan la explicación con el título de "La guerra de las Malvinas" y luego agregan que dicha guerra fue originada por un vaso más de Whisky tomado por Galtieri. El liberalismo y ahora el "progresismo" nos han trampeado y nos siguen trampeando. El segundo eje, el central, en el que pivotean los demás es el de Malvinas y su problemática: las tesis de sus descubrimientos y explicando la verdadera. La fundamentación histórica, geográfica y política de nuestra potestad. La información ecológica y antropológica. La nómina completa de los gobernadores rioplatenses que se sucedieron a partir de 1767 hasta la usurpación. No olvida – gratitud de buen argentino – la osadía de aquel aviador llamado Miguel Fitz Gerald, que, en 1964 son un rústico avión "Pipper" aterrizó en Malvinas y desplegó la bandera argentina y dos años después el corajudo gesto de los integrantes del "Operativo Cóndor" conducido por Dardo Cabo y Giovenco que el gobierno de Onganía en vez de condecorarlos los puso en la cárcel (9 meses algunos y tres años a Cabo. Giovenco y Rodríguez). Seguidamente el autor se anima a ir a las cloacas y abrir las esclusas en donde sale el olor nauseabundo de la Desmalvinización democrática y de las deposiciones descompuestas de Halperín Donghi, Palermo y Escudé. Confieso que quien escribe este comentario no lo hubiera podido hacer: La náusea no me lo hubiera permitido. El tercer eje es la globalización, y siempre relacionado con el tema central. No me resisto a la tentación de transcribirlo literalmente por la impecable precisión de sus conceptos. Al respecto dice nuestro autor: "La globalización no es más que la mundialización del capitalismo y está gobernada no por las culturas ilustradas de los países centrales, como antaño, sino por la cultura de masas y la publicidad y presentan el "american way of life" como su más acabado modelo. Hoy nos invaden con basura, mercadería berreta, objetos fetichizados y dioses subalternos". O esta expresión antológica por su cruel verismo: "La Argentina vive una lobotomía generalizada merced al estiércol que vomita cotidianamente la dimensión mediática: el fútbol elevado a la categoría de patología colectiva; la degradación del idioma, la totemización de deportistas, seudoperiodistas y vendedores de panchos transfigurados en políticos o empresarios, debates de oligofrénicos sobre las virtudes del onanismo, la biografía de la corista de turno, las cualidades vocales del reciente "bailantero". Ante este patibulario pero no incierto escenario, nosotros sabemos que los pueblos no se suicidan tan fácilmente; o reaccionan lentamente o hacen tronar el escarmiento, como de alguna manera lo sugiere Muñoz Azpiri en este excepcional trabajo de lectura obligatoria: "...como demostró Malvinas, la historia genera imponderables, mantiene delicados equilibrios y depara sorpresas." Y nosotros, por si fuera necesario, afirmamos que Malvinas serán argentinas por la fuerza de la diplomacia o por la fuerza de algún nuevo Exocet.

Profesor Jorge Sulé.

José Luis Torres y el imperialismo.

JOSE LUIS TORRES Y EL IMPERIALISMO.

Por Alberto Buela.

Hace unos meses, más precisamente el miércoles 2 de mayo tuvimos la ocasión de brindar el primer homenaje a José Luis Torres (1901-1965) a 42 años de fallecido. Y lo hicimos en el marco del “Ciclo de Pensadores Nacionales” que organizó los Jóvenes Revisionistas del Instituto Nacional Juan Manuel de Rosas, en un acto oficial, con motivo de la instalación de un cuadro que donamos con la única fotografía que existe sobre el mencionado autor y que me regalara su segunda esposa Brígida Sal hace más de treinta años.
El primer homenaje en 42 años muestra la conspiración del silencio que hubo para con él, quiere decir que algún tentáculo le cortó a la “hidra internacional”, según gustaba decir. Es por ello que Jauretche pudo escribir a su muerte: “Ningún periódico argentino quiso recoger su necrológica pero este silencio que ha habido para su muerte, prueba simplemente que murió en su ley”.
Dado que sobre Torres tenemos varios trabajos ya sobre su vida y su obra publicados en diferentes ocasiones, decidimos detenernos ahora a investigar la idea de imperialismo-antiiperialismo en el pensador tucumano, idea de la que nos sentimos herederos del viejo ensayista y periodista, porque formamos parte de esa tradición de pensamiento.
Si seguimos el hilo conductor de la categoría de imperialismo a través de sus siete libros publicados desde Algunas maneras de vender la patria (1940) pasando por Los perduellis (1943), La Década Infame (1945), La Patria y su Destino (1947), Seis Años después (1949), Nos acechan desde Bolivia (1952) hasta terminar en La Oligarquía Maléfica (1953) vemos que en Torres se va desplegando la idea de imperialismo en sus distintas facetas o matices: 1) En su manejo interno de la economía nacional con la creación del Banco Central desde Inglaterra. 2) En su manejo de la política internacional con la firmas de las Actas de Chapultepec y la Carta de las Naciones Unidas. 3) En el sostenimiento de grupos de poder nacionales a su servicio (los cipayos), como los grupos Bemberg o Bunge y Born. 4) Los negociados en detrimento de la soberanía nacional y en función del imperialismo del dinero como los del Palomar, la CADE, la Corporación de Transportes, la Conversión de la deuda pública de la provincia de Buenos Aires. 5) La forma de operar de los distintos grupos financieros internacionales Morgan, Deterding, Gugenhein, Mellen, Kripp, Mitsui Okura, Wendel, Warburg, Lazare, Khun & Loeb.
El estudio pormenorizado de estas diferentes manifestaciones o aspectos del imperialismo le permiten concluir en su obra más lograda y de mayor despliegue intelectual “Nos acechan desde Bolivia”, escrita para denunciar la intervención de la ONU, como organismo clave de dominación mundial, para invalidar las elecciones del 6 de mayo de 1951, que otorgaron en Bolivia el triunfo al Movimiento Nacionalista Revolucionario.
Torres y con él todo lo que fue “el nacionalismo antiimperialista hispanoamericano” compuesto en la época por pensadores como Scalabrini Ortiz, Ramón Doll, Carlos Montenegro (Bolivia), Gonzalo Zaldumbide (Ecuador), Julio Ycaza Tigerino (Nicaragua), pensaron a la nación como una realidad anterior al Estado; y al imperialismo como un poder compuesto por distintas facetas y corrientes ideológicas para la instauración de un gobierno mundial.
Años después, Perón va a caracterizar al imperialismo como “sinarquía internacional” y así afirmará: “El problema es liberar el país para seguir libres. Es decir, que nosotros debemos enfrentar a la sinarquía internacional manejada desde las Naciones Unidas, donde están el comunismo, el capitalismo, la masonería, el sionismo y la Iglesia católica- que también cuando le pagan entra -. Todas estas fuerzas que tienen miles de colaterales en el mundo son las que empiezan a actuar”.
Es interesante notar como en Iberoamérica luego del triunfo de la revolución cubana, el marxismo se apodera del monopolio del antiimperialismo al menos en su aspecto mediático y propagandístico, mientras que el nacionalismo se refugia más bien en la batalla por la restauración cultural de nuestros pueblos. Triunfa así la versión marxista del imperialismo como etapa superior del capitalismo, la del imperialismo como una categoría universal plasmado en una sola nación: los Estados Unidos. Se abandona la idea del nacionalismo hispanoamericano del imperialismo como un “internacionalismo situado”, el imperialismo con pelos y señales, donde, si bien existe una primacía indudable de la banca, convergen regímenes comunistas, liberales y dictatoriales. Lamentablemente esta primacía del marxismo sobre el nacionalismo hispanoamericano existe, incluso a pesar de que éste se adelantó en el tiempo con las denuncias pormenorizadas que realizaron Torres y los autores mencionados, y a pesar de la firme, decidida y clara definición de Perón del imperialismo como sinarquía. A pesar de todo ello el peronismo, o mejor aún, los peronistas vergonzantes que hacen de ideólogos, buscan en el movimiento de FORJA el semental ideológico del peronismo. Olvidando, desconociendo o tergiversando la verdad indudable que el peronismo como nacionalismo antiimperialista de carácter hispanoamericano tiene su fuente en dicho nacionalismo.
FORJA, como su nombre lo indica (Fuerza de orientación radical de la joven argentina) y sin desmedro de todos sus méritos, que los tiene y muchos, fue un movimiento de carácter radical con todas las taras modernas que tuvo y tiene el radicalismo argentino (una especie de socialdemocracia criolla). Así sus mejores autores, como el mencionado Jauretche o García Mellid (hay que decirlo una vez más, Raúl Scalabrini Ortiz no formó parte de FORJA –en su etapa radical- pues él no lo era, sino nacionalista antiimperialista) tienen una visión y versión del imperialismo como potencia de dominación capitalista, y por lo tanto, afin al marxismo como consecuencia de sus orígenes socialdemocráticos o radicales.
Debemos observar además que tanto el marxismo, como el socialismo y sus variantes socialdemócrata o socialcristiana han despreciado y minusvalorado la idea del imperialismo como sinarquía o como gobierno mundial, utilizando una astucia de la razón, diría Hegel, como lo fue la teoría del complot. Esta teoría, “á la limite”, generada desde los propios centros internacionales de poder, en este caso actuando como “productores de sentido”, sostiene la virginal e ingenua afirmación que en la historia no existe el complot, como conciliación de intereses de las partes (los diferentes “lobbies”) para dominar o derrocar a un enemigo. Así para ellos la conocida sentencia de Benjamín Disraeli, ministro de Inglaterra de 1868 a 1881 en su novela Coningsby: “El mundo está manejado por otros personajes que no imaginan aquellos cuya mirada no llega hasta detrás de los bastidores”, es un juicio literario y no una realidad politológica.
Pero unos son los caminos de los intelectuales y otro el de las realidades políticas y así hoy este nacionalismo antiimperialista hispanoamericano ve a través de los bastidores con los ojos del boliviano Andrés Solíz Rada el imperialismo en la petroleras Repsol y Petrobras, nosotros lo vemos en los grupos financieros agropecuarios Eltzain y Grobocopatel, Jorge Báez Roa desde Paraguay en el grupo de Energía Mindlin, etc, y así podemos seguir poniendo casos de cada uno de nuestros países americanos.
Desde la implosión de la Unión Soviética a principio de los 90, momento a partir del cual los marxistas quedan “perdidos como turco en la neblina”, toma nuevamente la palabra el nacionalismo antiimperialista de carácter hispanoamericano con su teoría del imperialismo como un poder compuesto por distintas facetas y corrientes ideológicas que actúa como un gobierno mundial, donde la economía está controlada en su aspecto financiero por el Banco Mundial y su aspecto comercial por la OMC, su parlamento es el foro de Davos, su poder ejecutivo el Grupo de los 8 (conocido como G 8) y, su ejército el de la OTAN. Así este nacionalismo, para el cual la nación en América es una realidad histórica y social anterior al Estado, este nacionalismo que tiende a identificarse con la idea de nación-pueblo y no Estado-nación según el “chliché” europeo, es el que posee no solo los mejores niveles de análisis politológicos sino quien se aproxima más a la verdad de lo que es el imperialismo. Y esto explica porque en nuestro país la denuncia antiimperialista más profunda, fundada y contundente de los últimos 30 años la realizó otro tucumano, Alejandro Olmos (1924-2000), coincidentemente el más destacado discípulo de Pepe Torres, cuando denunció el fraude de la deuda externa Argentina. Es que la teoría acerca del imperialismo del nacionalismo hispanoamericano, y el peronismo es su forma ejemplar, no se agota en la metodología de denuncia de la que tanto Torres, Scalabrini, Doll, Olmos fueron maestros consumados, sino que ellos en tanto pensadores lograron unir en forma sustancial e indivisible, algo que el marxismo nunca pudo hacer, el nacionalismo y el antiimperialismo. Y en esto se destacó sobre todo Perón como el gran ejecutor.
Entendemos que esta breve meditación sobre un tema tan principal como la idea de imperialismo para el nacionalismo hispanoamericano podría servir como disparador para desarrollos y estudios futuros sobre un visión y versión dejada de lado por los estudiosos contemporáneos del tema.



Bibliografía:

- JAURETCHE, Arturo, Palabra Argentina, Bs.As., 5-11-1965.
- TORRES, José Luis, El fiscal de la década infame, Buenos Aires, Marcos, 1975.
- BUELA, Alberto, La sinarquía y lo nacional (apéndice sobre José Luis Torres, Buenos Aires, Cultura et Labor, 1983.
- La Razón, Buenos Aires, 4/7/72.

martes 29 de abril de 2008

Ciclo de Pensadores Nacionales: "Atilio Garcia Mellid o el regreso de las montoneras".



CONFERENCIA ORGANIZADA POR LOS JOVENES REVISIONISTAS.

INSTITUTO JUAN MANUEL DE ROSAS.












Atilio García Mellid, o el regreso de las montoneras.

Por Federico Gastón Addisi (22/8/07).




En la conferencia del día de hoy me voy a referir a un pensador nacional polémico. ¿Su nombre? Atilio García Mellid.


Y digo que es un pensador polémico porque, a juicio de quien les habla, el centro medular de su pensamiento, plasmado fundamentalmente en su labor historiográfica –aunque para ajustarse mas a la realidad debería decir política-historiográfica – es ni mas ni menos que el protagonismo del pueblo como el centro de la Historia. Y esta simple y sencilla idea ya lo convierte en un hombre polémico tanto para los historiadores liberales que a lo largo de sus publicaciones escamotearon este protagonismo tras el tristemente famoso latiguillo de “civilización o barbarie” a través del cual invirtieron el significado de las palabras, toda vez que para ellos era bárbaro el gaucho, el criollo, el que pensaba y vivía en nacional, como producto de nuestra tierra, y civilización en cambio, era el unitario, el ilustrado que pensaba y vivía a la europea, queriendo reemplazar nuestra realidad por un modelo exterior, o en palabras del propio Mellid: “Bárbaro era cuanto se alineaba en la defensa de lo nacional, en la causa de la justicia para el pueblo”. (GARCÍA MELLID, Atilio, Montoneras y caudillos en la Historia Argentina, Buenos Aires, EUDEBA, 1985 p. 27).


Decía entonces, que García Mellid es un autor polémico para los liberales por los motivos que quedaron expuestos, pero también lo es para ciertos autores nacionalistas conocidos como “restauradores”, que más que en el pueblo siempre creyeron en el protagonismo de elites aristocráticas como artífices de la historia. Sin embargo, siempre hay una excepción que confirma la regla, y en este caso fue nada menos que Marcelo Sánchez Sorondo quien dijo: “En cabeza de Perón y a través del peronismo la prédica nacionalista se convirtió en doctrina nacional. Todo el país políticamente mensurable, se reconoce desde entonces en ese espejo que algunos pretenden fragmentar. Por la ancha convicción del pueblo nuestro país descubre que es nacionalista con San Martín, Rosas y Perón”. (SANCHEZ SORONDO, Marcelo, La Argentina por dentro, Buenos Aires, Sudamericana, 1987, p. 419). Por lo tanto, y apenas entrando en tema, tenemos uno de los principales conceptos que Uds tienen que asimilar para comprender el pensamiento de García Mellid: el pueblo como sujeto y protagonista de la historia. A título personal debo confesar que quien aquí humildemente expone, siempre sintió curiosidad, y hasta me he visto reflejado en varias cuestiones con la personalidad de Atilio García Mellid. Paso a explicarles por qué. Primeramente, nuestro biografiado no provenía de una familia “nacional”, en el sentido político de la palabra, y su educación y formación estuvieron inicialmente signadas por prédicas liberales oficialmente impartidas desde la enseñanza, a través de todos los planes de estudio en todos los niveles; primario, secundario y universitario. Incluso D Atri en su libro “El revisionismo histórico y su historiografía” que forma parte como apéndice del libro de Jauretche, “Política nacional y revisionismo histórico”, editado por Peña Lillo en 1974, señala en la página 136: “Este escritor, luego de un breve paso por la masonería, devino a una posición nacionalista ortodoxa”. Es que como resulta lógico, para quienes no “mamamos el revisionismo y lo nacional” desde la cuna, desde nuestro seno familiar, nuestro primer contacto con la historia y la política es lo que se dicta en colegios, universidades, etc, es decir, la historia oficial. Y para llegar a lo nacional se debe recorrer un doble camino, una doble tarea. Primero hay que desaprender todo lo falso y lo que nos ha llevado al error, y desandar senderos equivocados. Después, aprender la sana doctrina, buceando en nuestra historia y política, y en esa búsqueda que más que histórica es filosófica y teológica, encontrar el camino que nos lleve a la verdad. Este rasgo de García Mellid de tener que “reaprender” me identifica profundamente. Sobre el tema; decía con extraordinaria precisión y terrible crudeza ese patriota que ejerció según Juan Domingo Perón “la primera magistratura moral de la república”, y que se llamaba Raúl Scalabrini Ortiz: “Todo lo que nos rodea es falso o irreal. Es falsa la historia que nos enseñaron. Falsas las creencias económicas con que nos imbuyeron. Falsas las perspectivas mundiales que nos presentan y las disyuntivas políticas que nos ofrecen. Irreales las libertades que los textos aseguran [...] Volver a la realidad es el imperativo inexcusable. Para ello es preciso exigirse una virginidad mental a toda costa y una resolución inquebrantable de querer exactamente cómo somos”. (SCALABRINI ORTIZ, Raúl, Política Británica en el Río de la Plata, Buenos Aires, Plus Ultra, 2001, p. 7). O dicho en palabras más sencillas, pertenecientes al inmortal José Hernández, quien escribió nada menos que el libro nacional por excelencia y –dicho sea de paso- su militancia rosista, federal y antiliberal se oculta vilmente: “Hay hombres que de su cencia Tienen la cabeza llena; Hay sabios de todas menas, (de todas las clases o categorías. Nota del autor) Más digo, sin ser muy ducho, Es mejor que aprender mucho El aprender cosas buenas”. (HERNANDEZ, José, Martín Fierro. Segunda Parte, Buenos Aires, Distribuidora Quevedo de Ediciones, 2005, p. 259).


Otro rasgo de García Mellid con el cual me identifico profundamente es el fino análisis que efectuó de nuestra historia, detectando la constante dicotomía que campea en la misma. Y partiendo de esas dos argentinas, pudo establecer las correspondientes líneas históricas, que no son otra cosa, que los “mojones” que a lo largo de nuestra historia representaron a una u otra corriente política con una coherencia ideológica que apuntaba a la construcción de un modelo de país determinado. Pero más adelante volveré sobre el tema. Ahora, brevemente, y a título informativo haré una pequeña reseña de su biografía. Atilio Eugenio García Mellid, tal era su nombre completo, nació en Buenos Aires el 4 de agosto de 1901 y falleció el 24 de enero de 1972 en la misma ciudad. Fue docente, diplomático, periodista e historiador. Desde muchacho tuvo inquietudes literarias y políticas. La impronta juvenil lo inició en la poesía. Entre sus obras poéticas se pueden mencionar: “El templo de cristal” (1924); “Los poemas del mar y la estrella” (1925); “La torre en el paisaje” (1931); “Sonetos del amor divino” (1953). Un comentario aparte merece el poema publicado en el periódico “Norte”, el 24 de julio de 1958, titulado “A Eva inmortal” y cuyos versos iniciales dicen: “Tu cabeza yacente al mundo asomas y ángeles rubios vuelan de tu pelo”. Su labor como periodista la desempeñó como Director de las publicaciones “Itinerario de América”, de la revista “Biblos”, de la Cámara del Libro, dirigida primeramente nada menos que por Julio Cortázar, y “Selección” (Cuadernos mensuales de cultura); donde hacía comentarios bibliográficos Jorge Luis Borges. Como hombre de letras y perteneciente a la cultura era asiduo concurrente a la Asociación de Escritores Argentinos (ADEA) que fundó Arturo Cancela en la planta alta del Bar Helvetia de Corrientes y San Martín, donde también concurrían Leopoldo Marechal, José María Castiñeira de Dios, Juan Alfonso Carrizo, Rafael Jijena Sánchez, César Tiempo, Horacio Rega Molina, entre otros. Participó de “La primera Feria del Libro Argentino” (1943), cuya realización fue idea de la Cámara Argentina del Libro, que presidía Guillermo Kraf y de la cual Mellid era gerente. Como Docente, Atilio García Mellid fue catedrático entre los años 1922 y 1946, e integrante del Instituto Nacional de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas, donde colaboró dando conferencias y escribiendo en al menos tres números de su revista. Fue también un apasionado militante político. Afiliado a la UCR, fue uno de los fundadores de FORJA en 1935 hasta su disolución e incorporación al peronismo. En el gobierno de Perón fue Director del Departamento de Cultura de la Cancillería, y en 1948, Embajador en Canadá. Su adhesión al peronismo, le trajo cuando el golpe de la “fusiladora” de 1955, el exilio en el Uruguay y la persecución. En la etapa de la resistencia peronista fue correo del General Perón y permaneció leal, profetizando la vuelta del peronismo al poder, hecho que no pudo ver materializado por su muerte en 1972. Hasta aquí una breve semblanza de la vida de Atilio García Mellid, que como tantos otros pensadores nacionales que hemos estudiado, tuvieron un derrotero que recorrer hasta llegar a incorporarse al campo nacional. También como otros; tuvo sus obras de poesía, siendo esto casi una constante entre los nacionales, tal vez por aquello que decía José Antonio Primo de Rivera: “A los pueblos no los han movido nunca más que los poetas, y ¡ay del que no sepa levantar, frente a la poesía que destruye, la poesía que promete!” (PRIMO DE RIVERA, José Antonio, Obras de José Antonio Primo de Rivera. Edición Cronológica, Madrid, Almena, 1970, p. 69) Efectuada esta introducción pasaré a continuación al análisis de las obras y el pensamiento mismo de García Mellid. Habitualmente se considera que su primer obra histórica o política fue “Montoneras y caudillos en la Historia Argentina” que data del año 1946, pero según el ilustre maestro, fallecido hace apenas un año, Fermín Chávez, existió anteriormente una obra de la que sólo haré mención por ser la misma inhallable, su nombre es “Firpo y la grandeza nacional” (ver: CHAVEZ, Fermín, Diccionario Histórico Argentino, Bs As, Fabro, 2005, p. 244). Además de la obra mencionada existieron otros trabajos que actualmente son imposibles de conseguir por encontrase totalmente agotados y no haber sido reeditados. Para completar la obra bibliográfica los mencionaré pero en un acto de sinceridad intelectual debo confesar que jamás las tuve en mi poder, y por tanto, no las he leído. Se trata de: “Dimensión espiritual de la revolución argentina” (1948); “La crisis política contemporánea” (1953); “La constitución cristiana de los estados” (1955), publicada en Madrid, y “Explicación del comunismo”, del que ni siquiera se encuentran registros de su fecha de publicación. Tenemos entonces que la primer obra propiamente dicha de carácter histórico fue “Montoneras y caudillos en la historia argentina”, editada primeramente en 1946, y luego reeditada por EUDEBA, a instancias de Arturo Jauretche en 1974. La repercusión de la obra puede imaginarse señalando que la misma fue “Premio Municipal”, el mismo año de su aparición, y que la misma alcanzó tal trascendencia que cuando la Argentina sufrió el golpe militar de 1976 contra el gobierno democrático de Isabel Perón, los golpistas ordenaron secuestrar los ejemplares de la misma que aún circulaban. ¿Pero que era lo que decía este pequeño libro de apenas 118 páginas que provocaba tanto revuelo? Pues la “obrita” verdaderamente se las trae. Porque ya de movida nomás, en su introducción, en la página 17 el autor señala: “En la Argentina todo lo que cuenta y vale ha surgido del pueblo. La montonera es el símbolo de las ardientes aspiraciones populares; el caudillo es la personificación de los anhelos colectivos: su intérprete y sostén. Entre aquella y ésta queda configurada nuestra democracia: la democracia histórica argentina, en la que radica nuestra soberanía y se define nuestra peculiaridad” (Ibid, p. 17). Más adelante; en el Capítulo 1, pág. 23, García Mellid encuentra la clave de la dicotomía que padece la Argentina, y a partir de allí traza, como hemos dicho anteriormente las líneas históricas que le dan fundamento a cada modelo de construcción de país. Así el autor apunta: “La historia argentina, por lo tanto se bifurca en la lucha por la ley y en la lucha por la libertad. Los , que son los que pujan por la primera, han constituido, en los diversos períodos el unitarismo, el progresismo, el unicato, el y la oligarquía. El pueblo, adherido a la causa de la libertad, ha sido impugnado por tales círculos como gaucho, montonero, compadrito, chusma y descamisado. La realidad, que está por debajo de los calificativos, es que unos y otros representaron y representan: la legalidad frustránea y las libertades genuinas. En la pugna de tales conceptos queda delimitada toda la historia política argentina. En el esquema simple, caben las luchas de los caudillos, las polémicas de los doctores, las controversias de los partidos y todos los azares y fracasos de la organización institucional. Más que de dos criterios políticos, se trata de dos formas de sentir el país, de dos maneras de interpretar el destino de los argentinos...” Luego en la página 27, Mellid remata el concepto diciendo: “La ley y la libertad, tomadas en sentido dialéctico, se originaban en dos estratos igualmente antagónicos: la y la . De una y otra saldrían, consideradas en su desarrollo político, los y los , en cuyo origen –más que en las doctrinas- se nutrirían las discrepancias insalvables que habrían de caracterizarlos”. Atilio García Mellid ha dejado en estos breves párrafos claramente expuestos los motivos de las diferencias políticas argentinas, de la antinomia permanente que persiste a lo largo de la historia. Y la clave no es otra que la lucha del país real contra el país formal o legal. Ya lo decía el Pepe Rosa cuando nos hablaba sobre la posible conciliación de opuestos, la valoración favorable o desfavorable que se haga de Rosas o Rivadavia, de federales o unitarios, dependerá primeramente de lo que se entienda por “patria”. Porque dos concepciones antagónicas se enfrentaron desde los comienzos mismos de nuestra historia. “Dos concepciones de la argentinidad que naturalmente tendían a excluirse la una de la otra: para unos la patria nacía consubstanciada con el sistema político burgués y el patriotismo consistía en traer la europea, por lo menos en su exterioridad más evidente, que era el régimen constitucional, y en su realidad económica que era el régimen capitalista [...] esto era llamado civilización [...] Pero para otros argentinos, para la inmensa mayoría de los argentinos, la patria era algo real y vivo, que no estaba en las formas, ni en las cortes extranjeras ni en las mercaderías foráneas. Era una nacionalidad con sus modalidades propias, su manera de sentir y de pensar que le daban individualidad. No estaba en los digestos legales sino en los hombres y las cosas de la tierra [...] Hubo una Argentina formal y una Argentina nacional: aquella se manifestó en la parte , y ésta en el pueblo todo sin distinción de clases”. (ROSA, José María, Estudios Revisionistas, Bs As, Sudestada, 1967, pp. 23 y 23). Después de leer los conceptos de García Mellid y de José María Rosa queda totalmente claro cuál es el eje del enfrentamiento que divide a los argentinos. Y este hallazgo es uno de los méritos que tiene “Montoneras y caudillos”, y es precisamente uno de los motivos por lo que se convierte en un libro indigerible para los liberales, siempre ligados a la antipatria. Porque, lamentablemente para ellos, no vivimos en la Torre de Babel, aunque hoy pretendan darle un sentido "babélico” a las palabras, y por lo tanto “patria” tiene un único significado, que según el Diccionario de la Real Academia Española: “Proviene del latín que significa ; es el lugar, población o país donde se ha nacido.” Por consiguiente y como lo indica la etimología, la patria es, ante todo, un suelo, un territorio, pero no sólo eso, sino que como “tierra de los padres” se comprende que la patria es por esencia una tierra humana, una tierra mía y de mis compatriotas, que a su vez posee una herencia que es irrenunciable y que le da una identidad. Por lo expuesto, patriotas eran quienes habían defendido el suelo, el territorio, la soberanía, al pueblo, y no quienes dictaron leyes, instauraron instituciones o establecieron constituciones. Y esto lo dice claramente García Mellid. Y para colmo, establece con claridad quienes fueron los hombres que representaron a esa Patria genuina, y así lo decía: “El general Rosas fue un símbolo de las ingenuas pero ardientes aspiraciones de la muchedumbre que querían hacerse parte del destino nacional. Yrigoyen sopesó esa realidad social argentina y recuperó para el servicio de la patria a esas masas despreciadas por el oligarca, revalorizando en su vigorosa substancia autóctona al gaucho, al compadrito y la chusma, que ascendieron de nuevo a su condición de paisano, de ciudadano y de pueblo. El coronel Perón, por medio del manejo simple de las realidades vernáculas, captó la verdadera antinomia que recorre nuestra historia […] Por obra del coronel Perón se ha puesto en marcha una vez más la prístina levadura histórica argentina”. (GARCIA MELLID, Atilio, Montoneras y caudillos en la Historia Argentina, EUDEBA, Buenos Aires, 1974; cita en: FRENCH, Carlos Rubén, Semblanza de Atilio García Mellid, Revista del Instituto Nacional de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas, Buenos Aires, N 63, 2001-2002, p. 49). “No trepidó el coronel Perón en afrontar su deber hasta el fondo. Su corazón generoso, su máscula pujanza, su orgullo de ser uno en el pueblo, le alentaron y sostuvieron. No le temió al calificativo de , ni rehuyó la acusación de . A quien anduvo tantos caminos, en la pampa y en las montañas nativas, y también en las tierras , no podía escapársele que la montonera criolla es la medida de nuestra libertad. La montonera primitiva, desde el terrible año 20 hasta el 52, sostuvo e impuso el federalismo; la montonera radical, desde el 90 hasta el año 12, luchó y logró implantar el sistema político de su soberanía; la nueva montonera, que desde la muerte de Yrigoyen había quedado sin jefatura y destino, aspira a fundar una auténtica democracia social argentina”. (GARCIA MELLID, Atilio, Montoneras y caudillos en la Historia Argentina, Buenos Aires, EUDEBA, 1974; p. 112). Después de semejantes conceptos creo que está demás abundar en explicaciones de por qué el libro “Montoneras y caudillos en la historia argentina” fue retirado de circulación cuando los personeros de la antipatria, al servicio de la plutocracia internacional, derrocaron al gobierno de Isabel Perón en 1976. En una síntesis de las ideas fuerza del libro analizado y con el riesgo de pecar de reduccionista, lo que les tiene que quedar claro son dos elementos que aparecen como distintivos del pensamiento de García Mellid y que reiteradamente se mencionan en la obra; estos son: la dicotomía de la historia argentina, encarnada en el país formal y legalista, o en el país real. Y el otro aporte importantísimo, con el cual me identifico plenamente, como ya he dicho, es la construcción de una línea histórica nacional, en este caso, representada por Juan Manuel de Rosas, Yrigoyen y Perón. La segunda obra que voy a analizar con Uds data del año 1950, publicada en Bs As, por la editorial Hechos e Ideas, y lleva el nombre de “Etapas de la Revolución Argentina”. Este libro fue el fruto de dos conferencias dictadas por García Mellid en la Embajada Argentina en Canadá cuando cumplía en aquél país tareas diplomáticas. En este pequeño libro, de apenas 61 páginas el autor señala con acierto que en la América Hispana, en materia de derecho “hemos tenido antes los Códigos, que la auténtica canalización de las costumbres [...] Es por esta causa que todo lo que ha pretendido sostenerse como , como , ha sido habitualmente lo antinacional, lo que asfixiaba, destruía o impedía la auténtica manifestación de las libertades del pueblo”. (Ob. Cit., p. 11). En páginas posteriores teoriza que la historia argentina esta dada en cuatro etapas fundamentales, estas son: 1) La historicidad, 2) La institucionalidad, 3) La politicidad, 4) La integración. Cada una de estas etapas tuvo sus máximos representantes que la llevaron adelante, con lo cual, nuevamente García Mellid, marca una línea histórica con “mojones” que aportaron a la construcción de un proyecto nacional. A su entender, en la etapa de la lucha por la historicidad el papel central lo tiene durante las invasiones inglesas el conjunto del pueblo de Bs As; y durante las luchas civiles, lo posee Don Juan Manuel de Rosas. Respecto a las invasiones inglesas y el rol del pueblo durante las mismas, García Mellid ofrece lo que a mi entender es lo más interesante del libro. Y esto no es otra cosa que tomar las invasiones como clave para desentrañar toda nuestra historia, “porque en aquellos episodios se advierten los tres elementos que siguen actuando hasta nuestros días: el elemento conquistador, que considera a las tierras americanas como campo propicio para explotaciones y rapiña; las llamadas clases dirigentes, que sumisas a los dictados extraños, olvidan sus deberes para con el medio nativo y actúan como aliadas del invasor o del inversor extranjero; y el elemento popular [...] que lleva en la llama de su corazón todos los instintos defensivos de la libertad de la patria y de la dignidad que al hombre se le debe”. (Ob. cit. p. 12). Casualmente, o no tanto, mi maestro, el Profesor Jorge Sulé, sostiene que la llave de la bóveda para la interpretación de la historia desde una perspectiva revisionista consiste justamente en los elementos mencionados anteriormente en el libro de Mellid, sólo que con el agregado de que el pueblo se defiende instintivamente con lo que tiene a mano y se encolumna siempre detrás de sus líderes naturales, estos son los caudillos. Quién detecta estos elementos en los diversos sucesos de nuestra historia dice el Profesor Sulé, tiene abierta la comprensión a muchos sucesos de nuestro pasado que de otra manera serían de difícil o nulo entendimiento. De más está decir que coincido en un 100% con mi maestro. Volviendo al análisis del libro que nos ocupa, no queda demasiado por decir, pues lo sustancioso del mismo acabamos de desmenuzarlo detalladamente. En lo que a las otras etapas que señala el autor como parte de nuestra historia, sólo se puede decir que le atribuye la lucha por la institucionalidad a las masas federales que después de Caseros buscaban que el país se diera un ordenamiento constitucional. Opinión esta más que discutible, pero como ya se verá oportunamente, es siempre discutible el concepto que tiene el autor sobre los sucesos de Caseros, en particular, sobre el proceder de Urquiza. La lucha por la politicidad tuvo a criterio de nuestro biografiado, a Don Hipólito Yrigoyen; en tanto que la cuarta y última etapa, esta es, la de la integración, encargada de fusionar lo nacional con lo social, quedaba destinada al peronismo. Finalmente, en el capítulo II del libro, el autor hace una apología y una defensa de la gestión del gobierno de Perón hasta aquellos días. Muestra de ella es el párrafo que transcribimos por considerarlo de lo más sustancioso, además de insistir García Mellid, en las simetrías entre Perón y Rosas: “La reforma financiera aplicada por la Revolución Nacional Argentina, escapa a los moldes clásicos de la economía liberal o capitalista, sin inclinarse a los métodos preconizados por la economía totalitaria o estatal. Consiste en una solución intermedia, de fines sociales, inspirada en la realidad argentina y destinada a promover los remedios adecuados a la naturaleza de los fenómenos económicos actuantes en su seno [...] Pretender desconocer o retacear el significado de este grandioso episodio de nuestra recuperación económica, no es lícito ni patriótico, encuadrando a quienes en tan menguada posición se colocan, en la misma triste condición de aquellos argentinos que, cegados por el odio a Rosas, se unieron al extranjero para someter la patria y derrocar a su gobierno. La historia suele ofrecer estas analogías, tanto más posibles cuanto menor ha sido la condenación de los desafortunados predecesores”. (Ibid, pp. 37 y 41).

Nuevamente a modo de síntesis; creo que lo más rico que nos deja esta obra de García Mellid, es el método de análisis histórico con esos tres elementos que polidialectizan entre sí y que los constituyen; como quedó dicho, el elemento conquistador que se proyecta sobre estas tierras y no precisamente con fines filantrópicos; las oligarquías vernáculas, siempre minoritarias pero muy poderosas, aliadas por intereses de clase con la metrópoli; y el elemento popular que con lo que encuentra resiste defensivamente los embates de quienes pretenden dominarlos, casi siempre, con un jefe o caudillo que los representa y se pone al frente de sus luchas. Para analizar la tercera y cuarta obra, me voy a permitir una licencia y alteraré el orden cronológico que hasta el momento venía siguiendo, de modo de dejar para el final la que considero la obra cumbre de García Mellid, me refiero a “Proceso al liberalismo argentino”. Por lo tanto la obra que comentaré a continuación es una pieza historiográfica magnífica que le valió a García Mellid, ser condecorado por el Gobierno del Paraguay, en ese momento presidido por Stroessner; su nombre es “Proceso a los falsificadores de la historia del Paraguay” y fue publicada en 1964. Como dato de color debo agregar que recibió la misma condecoración, otro eminente representante del revisionismo histórico, como lo fue Don Pepe Rosa. La obra efectuada por el Dr. Rosa y los estrechos vínculos de amistad que supo cosechar en el país guaraní, le valieron cuando asumió el tercer gobierno el General Perón, el puesto de Embajador en Paraguay. De “Proceso a los falsificadores de la historia del Paraguay” he seleccionado algunos pasajes que creo son de gran importancia por los entramados políticos que denuncia el autor y en los cuales estaban complicados algunos de los “próceres” del liberalismo. De este modo se refiere Mellid a Urquiza: “Su posición era la de conquistar la alianza del Brasil, o la de integrar a Entre Ríos y Corrientes en una nacional separada, si aquel plan fracasara. Exponiendo este orden de ideas, le escribía al gobernador Pujol, de la provincia de Corrientes: ”. Este simple pasaje desnuda dramáticamente la traición en la que se hallaba envuelto el Sr. Urquiza, dispuesto a la secesión del territorio de la Confederación con tal de no ver perjudicados sus intereses personales. En otro tramo del mismo libro señala el autor que: “En 1857, Brasil envió al Río de la Plata la misión de Paranhos, la que despertó fundadas sospechas en todos los ambientes paraguayos. El cónsul en Buenos Aires, don Buenaventura Decoud le escribió al presidente López, transmitiéndole las noticias alarmantes que le llegaban de Entre Ríos. Según las mismas, se evidenciaba que los brasileños y Urquiza estaban decididos a declararle la guerra al Paraguay, pues los preparativos que estaban haciendo eran idénticos a los que en su momento se habían organizado contra Rosas”. Los documentos prueban que el tema de la guerra contra el Paraguay estuvo presente en los debates, y que Urquiza patrocinó esa idea. Otro párrafo estremecedor, y que quizá contenga una remota causalidad de lo que después fue el asesinato de Urquiza era el siguiente: “Los amigos de Urquiza, leales soldados del federalismo, se movían por principios ideales y estaban en el cauce auténtico de la nacionalidad, definida por sus tradiciones, su personalidad histórica y las esencias peculiares de su genio. Ellos advertían lo que tenían de nocivas las ideas liberales, que Mitre y sus adeptos trataban de imprimir sobre el alma nacional, comprendían que su deber los obligaba a expulsar ese cuerpo extraño, para que la Nación y el pueblo recuperaran el manejo pleno de su autonomía. Para esos hombres, puros e idealistas, el Paraguay era una parte inseparable de su territorio espiritual, los enemigos eran Mitre, el Imperio, el liberalismo, los porteños… Tal como el general Ricardo López Jordán se lo dijo a Urquiza, cuando éste ordenó la movilización de las caballerías entrerrianas para ir en apoyo del Brasil y contra el Paraguay. ”. Llegaron las horas decisivas y Urquiza se inclinó con todo el peso de su gravitación y de sus medios hacia el partido de Brasil. Un hombre que estudió con seriedad y pasión la vida y conflictos de las naciones de la cuenca del Plata, el Mexicano Carlos Pereyra, expresó este juicio lapidario: “”. La acusación contra el “libertador de Caseros” es categórica y no deja resquicios para la duda. Porque, es necesario decirlo con todas las letras, Urquiza ya había perdido su alma frente al becerro de oro en Caseros, pagado por los brasileños, y de allí en más, sólo se dedicó a enriquecerse a costa de las vicisitudes políticas de los pueblos. Así fue como utilizó la Guerra del Paraguay para venderle caballada de su propiedad a las tropas brasileñas: “Lo que no trascendió en el momento de la operación, empezó a saberse poco después, cuando don Mariano Cabal, socio de Urquiza, iba haciendo entrega de las grandes partidas de caballos adquiridas por los brasileños. El cónsul, Rufo Caminos le escribía a Berges: ”. La opinión inglesa sobre tan deslucidas actitudes, fue expresada por Cuninghame Graham, en su libro terminado en Ardoch, en 1933, dice que Urquiza, “”, agregando más adelante: “”. Frente a tanta traición, fue nuevamente el inmortal Hernández, autor del Martín Fierro quien dijo las palabras precisas y proféticas: “El general Urquiza vive aún, y el general Urquiza tiene también que pagar su cuota de sangre a la ferocidad unitaria, tiene también que caer bajo el puñal de los asesinos unitarios”. Pues no fueron los unitarios quienes le dieron muerte, pero esta lo alcanzó de todos modos, comprobando una vez más que quien mal anda, mal acaba. Anteriormente había señalado que Mellid fue un militante activo del peronismo en la resistencia, no sólo con su pluma, sino también, actuando como correo del General Perón. De ésta época en el exilio y a modo de comentario final sobre el libro que acabo de comentar, citaré una carta que Perón le escribiera a nuestro biografiado: “Madrid, 7 de agosto de 1964, Sr Atilio García Mellid. Mi querido amigo: He recibido y leído su nuevo libro y lo encuentro magnífico en todo sentido, pero especialmente extraordinario dentro del procesamiento de las oligarquías antinacionales que usted viene realizando con tanto talento como éxito. Usted sabe el cariño que yo tengo a ese pueblo digno de admiración, al que tengo el honor de pertenecer como ciudadano honorario, y considero que su libro abre un curso a la historia de nuestros países en los que los historiadores oligarcas hicieron de las suyas, falsificando la verdad e indignificando más los hechos que pretendieron explicar con sofismas que ni ellos mismos creyeron. Los paraguayos y los buenos argentinos lo han de haber recibido con verdadero alborozo, porque pone las cosas en el lugar del cual no debieron haber salido nunca, si como mantenemos la verdadera historia es verdad y es justicia, aún cuando no agrade a muchos de los que están ligados a los que la protagonizaron. Es indudable que ha de haber puesto el grito en el cielo, pero ahí están los hechos que valen mucho más de cuanto se pueda alambricar con subjetividades deformantes [...] Usted comprenderá así la inmensa satisfacción con que he leído su libro, que me decido ahora a releerlo para estudiarlo más concienzudamente, porque su contenido tan documentado y circunstanciado, no puede penetrarse en plenitud sin un profundo análisis. Muchas gracias por todo. Un gran abrazo. Juan Perón”. (PERON, Juan Domingo, Correspondencia II, Bs As, Corregidor, 1983, pp. 64 y 65). La cuarta obra que comentaré, corresponde al año 1967, y su nombre es “Revolución nacional o comunismo”. Si al comenzar la conferencia señale que García Mellid fue un pensador polémico, este libro constituye a mi entender, el que más polvareda levanta. Por empezar hay que decir que no se trata de un libro de historia sino que es una obra eminentemente política. En la misma el autor hace un análisis de la doctrina marxista y las distintas mutaciones que fue sufriendo hasta llegar a su intento de mimetización con lo nacional, tratando de infiltrarse en los movimientos nacionales y cómo, en definitiva esto constituye la prueba de la derrota del comunismo. Analiza; desde la infiltración en la Iglesia, a través de la “Teología de la liberación”; hasta la creación en Europa de las democracias cristianas plagadas de marxismo lavado; pasando por el fenómeno del panarabismo y panafricanismo; y el intento de la llamada “izquierda nacional” por copar el peronismo. De esta obra citaré sólo algunos de los párrafos más “jugosos” como para que todos uds se queden pensando y reflexionando sobre las ideas vertidas. Decía Mellid sobre el materialismo: “Las teorías que se asientan sobre la realidad existencial de los valores utilitarios, sin profundizar las corrientes soterráneas en que se generan los valores idealistas del ser, pasarán, junto con la ola de hedonismo que las provoca, sin dejar huella en las hondas vivencias de la historia. Este es el destino próximo del capitalismo y de su progenitor, el liberalismo económico; también lo es el de las perversas alienaciones del intelecto, llamadas socialismo, marxismo, comunismo, sovietismo o chinoísmo. El devenir histórico no puede construirse sobre la fragilidad de esquemas unilaterales ni de extraviadas interpretaciones”. (GARCIA MELLID, Atilio, Revolución nacional o comunismo, Bs As, Theoría, 1967, p. 12). Acerca del marxismo apuntaba: “El fracaso del materialismo histórico resultaba claro, todavía en vida de Engels. Muerto Marx en 1833, Engels empezó a descubrir muchas de las insuficiencias y errores que la doctrina contenía [...] Engels se creyó obligado a declarar [...]” Marcando lúcidamente las diferencias entre el “Tercer Mundo” y la Tercera Posición de Perón, García Mellid distinguía: “Congelados los bloques en pugna –el capitalista y el comunista-, rápidamente comprendió el marxismo que su mayor capacidad de maniobra le permitiría aprovechar en su beneficio la indefinición e ingenuidad de los llamados [...] Todo consistía en alentar una supuesta política no comprometida, infiltrando en los cuadros vagas promesas de emancipación, consistentes en el , el , la , y el [...] Esta no era por cierto la tercera posición que un presidente argentino –el General Juan Perón- propició en 1947. Su sentido coherente estaba dado por los valores espirituales –católicos, latinos, hispánicos- que la inspiraban. Su radical oposición a los dos imperialismos en conflicto surgía naturalmente de sus propios enunciados. La proposición, lanzada el 6 de julio de 1947, abogaba por ” (Ibid, p. 73). La pluma aguda y crítica también cayó sobre la democracia cristiana de la que nuestro autor opinaba: “Una de las grandes paradojas de ese mundo que dice defender la civilización occidental y cristiana, es que donde actúan partidos que se califican de es donde los comunistas logran, por vía indirecta, sus mejores victorias. En efecto; si bien los elementos comunistas no han logrado conquistar el poder, influyen de manera importante en las decisiones del gobierno, mediante la infiltración de su ideología en grupos internos de las llamadas ” (Ibid, p. 125). Para agregarle un toque de buen humor a esta exposición, me permito recordar la opinión que tenía Perón sobre la “democracia cristiana”. Sobre ellos decía que eran “pececitos colorados que nadaban en agua bendita...” Retomando el análisis, no quedó afuera de la crítica cierto sector del nacionalismo: “Más beneficia al marxismo el enfrentamiento de los reaccionarios, que sus propios méritos, que no son sino producto de dolorosos espejismos. La primera exigencia del anticomunismo, en función de la dinámica histórica del tiempo a que pertenecemos, es la de ser profundamente social [...] El anticomunismo, como que sucede al anticapitalismo deber ser otra cosa. Asumido su carácter de revolución, está obligado a sostener modificaciones estructurales revolucionarias. Para serlo, no hay otro camino que el de servir al bien común, que es el bien del pueblo. Sin la presencia activa del pueblo, no puede haber política, ni sociedad, ni Estado [...] Hoy se considera que la democracia debe dirigir el proceso económico y resolver el problema social. El nacionalismo no puede mantenerse ajeno a este curso inexorable de la historia. La fórmula de un que para frenar el progreso económico y social, busca la solución política del despotismo, es tan anacrónica como aquellos partidos conservadores de cuya entraña ideológica saliera [...] No puede haber nacionalismo que no se sienta fuertemente inclinado a la vida social. Puesto que la Nación y el pueblo constituyen los elementos primordiales para cuya realización plena funciona el nacionalismo, no puede concebirse que se abandonen los dos instrumentos que configuran sus derechos inalienables: el de la soberanía de la Nación y el de la justicia para el pueblo [...] Quienes intentan usar la religión como dique para detener el justo avance de los derechos sociales, no pueden decirse nacionalistas, ni escapan a la condenación del Santo Padre. Una nueva conciencia, una filosofía más virtuosa y una sensibilidad social más afinada, caracterizan a los modernos nacionalismos. Muy lejos quedaron aquellos movimientos como el de Charles Maurras que identificaba la monarquía con los privilegios de las llamadas “clases superiores”. (Ibid, pp. 229, 231, 241, 243, 244). Para terminar, Mellid analizaba el intento del marxismo de infiltrarse en el peronismo y proféticamente decía: “Quienes en nombre de una interpretación materialista de las luchas sociales, aspiran a captar al elemento peronista, ignoran que uno de los principios enunciados al iniciarse ese movimiento, aclaró que . Lo que entonces se puso en marcha fue una revolución nacional, sin el menor contenido marxista [...] En cuanto al movimiento sindical, se consideraba natural que actuara en función de ideologías extrañas y destructoras [...] Desfilaban con la bandera roja y cantaban la Internacional. La nueva política logró el milagro de nacionalizar a los obreros, poner los Sindicatos al servicio de una causa argentina y hacer que la emoción de los trabajadores se centrara en los sím