9 de diciembre de 2011

LA CUARTA BATALLA DEL PASO DEL TONELERO (DICIEMBRE DE 1851)

Cintillo federal punzó mandado confeccionar en 1851, con motivo del traicionero "Pronunciamiento" de Urquiza. Se puede leer, en una de las leyendas, la siguiente: "MUERA EL LOCO TRAIDOR SALVAJE UNITARIO URQUIZA!".

Una de las localidades donde mayor cantidad de acciones bélicas se dieron en tiempos de la Santa Federación fue el Paso del Tonelero (actual Ramallo, provincia de Buenos Aires). La historiografía revisionista registró allí un total de cuatro batallas navales, agrupándolas en dos momentos bien diferenciados. Las tres primeras se libraron durante la Guerra del Paraná, en las siguientes efemérides: 9 de enero de 1846, 10 de febrero de 1846 y 6 de abril de ese mismo año. Aunque en algunos casos se trataron de cortas escaramuzas entre las tropas federales y la escuadra combinada anglo-francesa, el hecho de que esta última no lograra desembarcar en esas oportunidades en nuestras costas determinaría que, en último término, se trataron de triunfos argentinos.

La última de las acciones en el Tonelero –y que despierta nuestra curiosidad- se libró el 17 de diciembre de 1851, ya en un escenario bastante diferente del de años atrás. Era un estertor del vil “Pronunciamiento” del general Urquiza contra la autoridad legítima de Juan Manuel de Rosas. Por lo tanto, los bandos en pugna fueron los ejércitos de la Confederación Argentina versus la Escuadra Naval Imperial Brasileña, país que actuó como aliado principal en la coalición del entrerriano para consumar la traición.

En esta ocasión, las fuerzas criollas estuvieron compuestas por casi los mismos batallones y regimientos que pelearon en 1846. En la zona comprendida por el norte bonaerense y el sur de la provincia de Santa Fe operaba el Ejército del Norte de la Confederación Argentina, fuerza que estaba bajo el mando del general Lucio Norberto Mansilla. Tenía la custodia de las márgenes de los ríos Paraná y, en menor escala, el Uruguay, que se encontraba vigilado por las fuerzas del general Manuel Oribe.

Encontramos en el detalle de los cuerpos que participaron algunos nombres que se llenaron de gloria en la Vuelta de Obligado en 1845, como los efectivos del Batallón Patricios de San Nicolás, del Batallón del Departamento Norte y de la Escolta del General Mansilla. A su vez, la artillería argentina estaba pertrechada con 16 piezas, y había una batería de artillería ligera y un escuadrón de Caballería (el Numero 6). En total, la tropa llegaba a los 1500 hombres y su jefe era el general Mansilla.

La escuadra naval del Brasil, en cambio, tenía más poder de fuego aunque no tenía la experiencia militar de los federales. Su jefatura correspondía al contralmirante inglés Juan Pascual Grenfell, y se componía de 11 navíos que conducían a la primera división del Ejército Imperial en embarcaciones llevadas a remolque. También hubo cipayos que quisieron ver de cerca el ataque que le propinaban los brasileños a la Argentina: testigos privilegiados de la infamia fueron los oficiales Domingo Faustino Sarmiento, Bartolomé Mitre y Wenceslao Paunero. En el Tonelero, el total de buques de guerra utilizados fueron siete.

LA BATALLA

Las acciones dejaron para la posteridad varias dudas respecto de quién fue el vencedor del Paso del Tonelero en diciembre de 1851. A juzgar por la interpretación anterior, podríamos decir que fue un éxito de las armas patriotas, pues los brasileños no pudieron echar pie en las costas del Paraná, aunque sí forzaron el paso de sus naves hasta llegar al Río de la Plata, desde donde asediaron a Rosas durante la batalla de Caseros.

A las 12 del mediodía del 17 de diciembre, la artillería federal comenzó disparando “balas rojas” o proyectiles incendiarios de la época, lo cual fue contestado con un infernal cañoneo proveniente de los 60 cañones imperiales. Otro tanto, aportaron los fusileros brasileños que se hallaban en las bordas de las naves. De este modo, la batalla del Tonelero se prolongó 1 hora, hasta que las embarcaciones del Brasil pasaron “con pérdidas y averías insignificantes”, de acuerdo a Julio Alberto Lagos (General Don Hilario Lagos, 1972).

Inexplicablemente, no hubo resistencia de la armada federal, que se quedó en el puerto de Buenos Aires. La mandaba, entonces, un hombre de dudosa reputación, el coronel de Marina John Halsted Coe, el mismo que traicionó a Hilario Lagos en julio de 1853 durante el sitio de Buenos Aires.

EL PARTE DE MANSILLA

Tras las acciones, el general Lucio N. Mansilla emitió un parte fechado el mismo día del enfrentamiento. Contiene calificativos peyorativos hacia Urquiza, muy característicos de una época que se estaba despidiendo para siempre. Esas mismas palabras eran, por otra parte, de uso obligatorio, al punto que Rosas mandó confeccionar un nuevo tipo de divisa punzó que las debía incluir. El tratamiento dado en el documento a la condición de argentinos puros de los federales es otro rasgo altamente típico de la administración rosista. Vale la pena su trascripción:

“¡Honor y gloria a los valientes federales del ejército de mi mando, que hoy en las Barrancas de Acevedo (sic) a mis inmediatas órdenes han disputado con admirable denuedo el paso de nuestro Majestuoso Gran Paraná, a cuatro vapores, dos corbetas y un bergantín de nuestro vil y cobarde enemigo el gobierno brasileño, amo del loco traidor salvaje unitario Urquiza!

“A las doce y diez minutos del día se presentaron dichos buques infames, al frente de 16 piezas, guarnecidos por dos batallones y un escuadrón de artillería y otro de carabineros del Regimiento N.° 6; y con aquella serenidad tan frecuente a los decididos federales disputaron por 52 minutos, en un reñido combate, el pasaje de la escuadra referida, que montaba 60 piezas de grueso calibre, sostenida a más con fuegos de infantería parapetadas en sus altas bordas.

“La elección del tiempo que debía durar tan desigual combate era de los enemigos, pues el pararse a batirme, o hacerlo durante el sólo tiempo que necesitaban para ponerse fuera de los tiros de mi posición era de ellos, y eligieron el último manifestando con esta conducta cobarde el temor que siempre le mereció a los traidores, el decidido patriotismo federal, de los que se honran en sacrificarse por la Patria y la persona Ilustre de V. E. cuyo nombre invocado por mí al primer cañonazo fue repetido con aquel ardor con que tan justamente los Federales Argentinos se disputan la fidelidad hacia V. E. y la nobleza de la causa que defendemos.

“El Teniente Coronel Comandante del primer Batallón Norte, su Mayor don Benito Cervín, el Comandante accidental de Patricios Federal de San Nicolás D. Luis Barrera, el Mayo de dicho, D. Manuel Segovia, el Capitán Comandante de Artillería, D. Ramón Bardier y el Sargento Mayor del Escuadrón de Carabineros N.° 6 D. Segundo Girado, se han hecho dignos del aprecio de V. E. por su enérgica cooperación y denuedo, no siendo dignos de menor estimación todos los oficiales y tropas de estos cuerpos.

“Mis ayudantes de órdenes, así como los cirujanos Dr. Díaz del 6 y Marenco del Patricios de San Nicolás, han estado en el riesgo del combate, así como constantemente a mi lado el ciudadano doctor en leyes D. Tomás Rojo, que se presentó voluntario en el momento de empezar, y él y mis ayudantes D. Andrés Costa, D. Eusebio Villar, D. Domingo Pellón, D. Manuel Alcazer y D. Santiago Bengolea, han dado y cumplido mis órdenes con la mayor serenidad.

“Sólo tengo que lamentar la pérdida de un valiente soldado del 6 de caballería, que murió gloriosamente dividido por una bala de cañón. También han muerto 5 caballos.

“Según declaraciones de varios oficiales, los infames enemigos han echado al agua muchos cadáveres; sobre esto y sobre las averías que hoy han sufrido en sus cascos y maniobras, ellos lo dirán en sus bombásticos partes y recibirán la pulidez de costumbre con las fanfarronadas y características mentiras de los traidores, salvajes, asquerosos unitarios que hay dentro de la desgraciada Montevideo.

“Los cuatro vapores han subido de San Nicolás y las dos corbetas y bergantín quedan fondeadas como un cuarto de legua aguas abajo de la boca de este arroyo.

“Los Jueces de Paz interino del Baradero y San Pedro, D. Faustino Alsina y D. Fernando Lasena, así como el Capitán D. Tomás Obligado, sobre la costa, han llenado su deber dándome parte cada hora sobre la marcha y dirección de los viles enemigos.

“Felicito a V. E. y a mi Patria querida por este primer ensayo en la guerra con que nos provocó el desleal y pérfido Ministerio Brasileño.”

Hermosas palabras de Mansilla quien, a pesar de su afirmación de federal neto, el mismo 3 de febrero de 1852 cuando la suerte del Restaurador estaba echada, no hizo otra cosa que vivar al general Urquiza y despotricar contra el “tirano prófugo” en medio de la plaza de la Victoria (plaza de Mayo).

Gabriel O. Turone

Bibliografía:

  • Lagos, Julio Alberto. “General Don Hilario Lagos”, Círculo Militar, Biblioteca del Oficial, Buenos Aires, Noviembre de 1972.
  • Ratto, Héctor R. “Las escuadras desde el Pronunciamiento de Urquiza hasta la sanción de la Constitución de 1853”, Sociedad Histórica Argentina, Anuario 1942.

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